jueves, 27 de enero de 2011

Otro punto final

Decir espera es un crimen,
decir mañana es igual que matar.
Ayer de nada nos sirve,
las cicatrices no ayudan a andar.
Sólo morir permanece
como la más inmutable razón,
vivir es un clavo ardiente,
un ejercicio de gozo y dolor.

Que no, que no,
que el pensamiento
no puede tomar asiento,
que el pensamiento es estar
siempre de paso, de paso, de paso.

Quien pone reglas al juego
se engaña si dice que es jugador,
lo que le mueve es el miedo
de que se sepa que nunca jugó.
La ciencia es una estrategia,
es una forma de atar la verdad
que es algo más que materia
pues el misterio se oculta detrás.

Que no, que no...

Hay demasiados profetas,
profesionales de la libertad
que hacen del aire bandera,
pretexto inútil para respirar
en una noche infinita
que va meciendo este gran ataúd
donde olvidamos que el día
sólo es un punto, un punto de luz.

“Que no, que no...” . Luís Eduardo Aute.

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Hay días de esos en los que sientes que tu agenda está retrasada en varios años, ese el momento de levantar la portada y anunciar la próxima edición…

Días tenemos muchos y los hay de esos que sabemos de la infinidad de cosas por hacer y solo queremos preservar la tibieza en nuestras sabanas y la comodidad de la almohada en un espacio donde el sol no nos alcance. * No te sientas mal por admitir que eres humano y tienes los tuyos…

Lo odioso de esos días es saber que tendrás que poner el punto final a la oración.

Cuando estábamos en la educación básica nos decían que toda oración tiene un sujeto, un predicado y acaba con un punto. En la medida en la crecimos las cosas fueron cambiando -y complicándose-, nos hablaron entonces de la literatura y las novelas (muchas mujeres nos quedamos en lo último). Las novelas son una visión más amplia de oración, al menos eso creo, tiene varios sujetos que buscan su verbo para poner en marcha la acción y que, por lo general, incluye a otros sujetos con el mismo objeto.

El punto es que siempre terminan en un punto. No logro imaginar a esas mentes brillantes como Wilde, Cervantes, Poe, García Márquez, Cela... poniendo el punto final a sus obras; unas y otras finalizadas así no más, un día claro o lluvioso, un día o noche, sin que el personaje advirtiera desde el principio su feliz, triste o trágico final.

En esos días en los que no estamos con la disposición necesaria de colocar ese punto final deseamos que alguien con tan buen tino para terminar historias finalice las nuestras, de todas formas ellos sabrían como hacernos abandonar la lejanía del sol y acabar –de una forma o de otra- felices casi por siempre.

El punto final es más difícil que puntos suspensivos o punto y seguido… es bueno saber que siempre continuará la posibilidad de seguir la historia en esa parte donde conocemos a casi todos los personajes y les tomamos aprecio.

Pero los puntos finales… ay los puntos finales. Ellos nos aseguran que habrá otros personajes, será otro ambiente, diferente contexto. Para los escritores de sagas es menos difícil, siempre dejan la posibilidad de la continuidad aunque sea la última parte, debe quedar la ínfima posibilidad de que la historia pueda seguir. En ciertas novelas no ocurre igual, sobre todo si en el trayecto decidimos matar a uno de los sujetos que buscaban su objeto.

Siempre es final el punto final, la elegancia de salir de la tibieza de las sabanas y la comodidad de nuestra esquina y saber ¿Por qué? ¿Cuándo? ¿Dónde? ¿Cómo? Y a qué o quién se lo ponemos no siempre nos resulta con estilo como ocurre con los grandes escritores. Que no cunda el pánico, paciencia, la nuestra es una saga, así que siempre tendremos la oportunidad de mejorar en el próximo episodio.

En tanto, seguimos poniendo punto final a las situaciones y personajes que ya no son funcionales para nuestra historia, como yo ahora con este escrito.

viernes, 21 de enero de 2011

Único e irrepetible

Humo,
como la gasa que impide el descaro
de un cuerpo desnudo,
como el embrujo que atonta el sentido,
como la niebla que oculta el sembrado,
como el verano que elude el vacío.

Humo,
la sensación de que dicen el todo
y es sólo un mendrugo,
como un escudo que frena el empuje,
como una brizna que ciega los ojos,
como el decoro insondable del hule.

Humo,
como el laúd que adormece las almas
y es sólo el preludio,
como el apuro que impide el encuentro,
como el abrazo que oculta la espada,
como palabras negando el silencio.

Detrás ,
detrás del humo,
si lo logras,
verás
todo lo que importa.

“Humo”. Pedro Guerra

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Hace unos días que trato de terminar algo para compartir con ustedes sobre ¿Qué es más importante: la envoltura o el contenido?  pero no alcanzo plasmar todo lo que llevo dentro, no sé por qué. Estos días he tratado de alejarme de mi música porque nadie logra entenderla o siquiera la conocen, ahora siento que eso ha sido tanto como renunciar a ser yo, a lo que pienso y a lo que me ha gustado desde que tengo memoria, esa es una posible razón de mi falta de fluidez (es solo una posibilidad).

A dos semanas de haber iniciado aquel escrito no encuentro la conclusión, el giro, el puente, el ejemplo, el punto final; supongo que es lo que pasa cuando nos alejamos de la musa que nos inspira, cuando renunciamos a nuestra esencia para ser solo un ciudadano común, uno que agrade más o desagrade menos, convertirnos en alguien que se acerque al parámetro de lo que se percibe como ‘normal’.

Nuestras peculiaridades muchas veces nos hacen vernos en perspectiva, darnos cuenta de que aun respiramos y de que hay una razón para ello; para mí es la música, para otros es un libro, un videojuego, un director de cine, una esquina, el silencio o la soledad; es solo un aspecto nuestro que sumado a otros nos hace únicos e irrepetibles.

Pero ser únicos e irrepetibles no es tan fácil como tener hobbies o un refugio.

Sería cómodo que otros nos adivinaran los pensamientos, evitar la molestia de envolvernos en discusiones -estériles en ocasiones- tratando de exponer nuestro punto de vista y digo estéril porque nadie tiene toda la verdad en su poder. No hay nada repartido de modo más equitativo en el mundo que la razón… todo el mundo está convencido de tener suficiente, lo dijo Descartes, no yo.

¿Será solo casualidad que la gente se sienta feliz de encontrar personas que hablen ‘su idioma’?, un doctor está ‘a sus anchas’ conversando con otro en su extraño dialecto; pocas cosas hay tan placenteras como que alguien te entienda si mencionas un tecnicismo relacionado con tu oficio o carrera; qué felicidad tan grande encontrar en las redes sociales personas del pasado que estudiaron o se desenvuelve en la misma área que tú, ¿Conoces a ‘tal’ profesor? ¿Has visto como trabaja ‘fulano’? ¿Qué técnica usa ‘mengano’? ¿…pero la forma en la que lo usa ‘sutano’ no está en desuso?... es bueno sentirse como en casa, en absoluto dominio.

En más de una ocasión nos hemos sentido extraños por no encajar por completo en el modelo que se espera o hemos escuchado de alguien con terribles conflictos por ello, personas que necesitan tener estricto control del entorno. Es cada vez más difícil encontrar buenos escuchas porque estamos más interesados en hablar y exponer… a los otros: que aprendan (pobres ignorantes).

Escuchar música poco conocida, leer libros o artículos que a nadie más parece importar no es lo aceptable, si así procedemos ¿Cómo seriamos compatibles con los eruditos de temas gastados? seremos raros, en vías de extinción.

Hace un tiempo que no aparto la imagen de la que me hablaba un mi profesor Tejada (seguidor de este blog  a quien agradezco sus comentarios). Me invitaba a darme una oportunidad, la de imaginar a una joven que, ante la presencia de un felino casero, afanosamente le espantaba con un enérgico zape, zape gato; de otro lado una dama, con la ternura que da los años, intentaba atraerle con un dulce miso, miso. Es posible que nos aterre la imagen porque pensemos que ya pronto iremos en caída y estemos más cerca de pronunciar un miso con desesperación. No pude evitar pensar en la joven haciendo gracias al animal solo porque 'a todos les gustan los gatos y deben tener uno' (aunque sé que no fue el sentido de mi profe)… que desesperación, si no encajamos estaremos CONDENADOS.

Ser único e irrepetible, estar en vías de extinción, también tiene sus ventajas; todos quieren a esas especies, desean acariciarlas por ser de esas que ya no se ven, de las que raramente encontramos. ¿Por qué resistirse entonces y no dejarse admirar?

¡¡Hazlo… sin modestia y sin aparte!!