…Que anda en las cabezas
Y anda en las bocas,
que va encendiendo velas
en los callejones…
Será que será
que no tiene certeza
ni nunca tendrá,
lo que no tiene arreglo,
ni nunca tendrá;
que no tiene tamaño
Oh! que será, que será
que vive en las ideas
de los amantes,
que cantan los poetas
más delirantes,
que juran los profetas
embriagados,
que está en las romerías
de mutilados,
que está en las fantasías
más infelices,
los sueñan de mañana
las meretrices,
lo piensan los bandidos
los desvalidos,
en todos los sentidos
Será que será
…Y el mismo padre eterno
que nunca fue allá
al ver aquel infierno
lo bendecirá,
que no tiene gobierno
ni nunca tendrá,
que no tiene vergüenza
ni nunca tendrá
lo que no tiene juicio
“Oh! qué será?” (Fragmento). Chico Buarque
¡¡Cuántas ideas compartidas y reservadas estos días!! He tenido mucho tiempo de reflexión antes de poder plasmar algo definitivo y compartirlo con ustedes. Eva (protagonista del escrito anterior) ha tenido la oportunidad de seguir con su historia, igual que yo.
Siempre me ha llamado la atención la forma en que las personas vienen y van de nuestras vidas. Entran y salen sin que podamos (muchas veces) advertir lo que hay detrás de tantas apariciones y desapariciones.
Hace unos meses visitaba un restauran en la playa; era hermoso, acogedor, cálido y con aires bohemios tan mágicos que pocos hubieran resistido envolverse en el ir y venir de las olas. Lo más curioso es que lo percibí al volver la semana pasada. El ambiente era tan distinto entonces que resultaba imposible compararlo con el lugar que había conocido solo semanas atrás.
¿Por qué no percibí entonces los detalles que lo hacían tan especial? ¿Era acaso que estaba redecorado, reubicado o readecuado? Nada de eso. La única diferencia era mi disposición, emoción, el interés, la decisión de pasarla bien con la persona más importante: Mimisma.
No hay sensación como la de mojarse los pies mientras se camina por la playa mirando un hermoso atardecer que se torna mandarina -como en escena de película romántica-. Es volver la vista a nuestra condición de isleño y verse acorralados, una vez más, hasta dejar salir el verdadero yo.
Por lo general sufrimos, lloramos, entramos en un estado de desesperación y hasta depresión por la partida de personas de nuestras vidas. El dolor es más grande cuando no parten del mundo físico y sólo lo hacen de nuestras vidas (¡que curioso!).
Esta vez me alegré de que las cosas sean como sean. Decidí agradecer “la liberación de cosas” como diría Facundo Cabral. Rápidamente he comprobado que lo a mi vida ha llegado es mucho mejor que lo despedido. En mi corazón he agradecido las lecciones que me han dejado y he procurado hacer los honores de lugar para nada quedar a deber.
Mojar los pies y limpiar el alma… entiendo que es lo mejor que he podido hacer en este tiempo de ausencia de ustedes y presencia en Mimisma.
¡Gracias por extrañarme!
Entiendo lo que quieres decir. Mis pies ultimamente han percibiendo texturas desconocidas o mejor dicho olvidadas, ya que uno no se toma el tiempo de poner los pies sobre la tierra.
ResponderEliminarExcelente tu entrada y recuerda: nunca te extrañamos, ya que para extrañarse hay que alejarse y tu nunca lo has hecho.