domingo, 9 de octubre de 2011

Ya no habrá domingos…

Corazón de cristal,
que no he visto dos veces
brillar de la misma manera..

Corazón fugaz,
por tu cuerpo y tu mente
la luna pasea y pasea..
Por la misma senda que el amor abrió,
la pena camina.

¿Dónde vas? Quédate junto a mí,
corazón tempestad,
corazón desmesura.
No soy más que un eterno aprendiz,
que si no está contigo
se ahoga en su propia cordura.

Pero el tiempo pasa
y el dolor también te enseña el camino...

Corazón de cristal.
Corazón de quimera.

“Corazón de Cristal”. Jorge Drexler

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Inevitablemente en las últimas semanas los recuerdos nostálgicos me han invadido, han golpeado los flancos y algunos se han anidado con tal fuerza que no he podido desprenderlos de mí.

Los juegos de rayuela, los chistes de los primos, lo vestidos adornados con flores multicolores ya no estarán más en nuestras vidas, al menos no de la misma forma…

La gente que amamos enferma, los matrimonios que nos inspiraron se acaban, la gente ya no viste sus galas en domingo para sentarse en las terrazas y compartir las anécdotas de su semana siempre ocupada, complicada pero de alguna forma feliz.

Todo tiempo pasado fue… eso… pasado.

No es que sea de las que piensa quedarse estancada pensando que nunca seriamos adultos, que jamás tendríamos que recurrir a los susurros para hablar de temas oscuros que podían empañar los días mágicos de los más pequeños de la casa… pero es difícil pensarlo en ocasiones.

Hace unos días visitaba la casa a la que solía ir cuando era niña y ver a toda la familia reunida. Entristecí porque ya no le adornaban los árboles, los colores, la magia del pasado. Los primos no estaban, nadie se preocupaba porque nuestra ropa no se ensuciara con las cosas que comíamos descuidadamente. “Ya eres toda una mujer”, repetían todos sonriendo como si fuera todo un logro.

De a ratos quería que fuera diferente, oír a los primos pelear por la única bicicleta que había en el patio, rabiar porque no le dejaban ensuciar su ropa de domingo, llorar porque acababa la hora de juegos.

Con el paso de los años quisimos que los amigos llenaran esos momentos de domingo y lo logramos… pero todo tiempo pasado fue… eso… pasado.

Los amigos también se han complicado con sus propias historias, retos, susurros. En domingos como este quisiera oir a mami diciendo que es la hora del desayuno mientras acaricia mi cabello y oler su perfume mezclado con algo exquisito que llega desde la cocina, hablarle de las cosas que haremos porque es el día de la felicidad, de ver su rostro reír y llorar, de compartir la magia de 24 horas que no quiero ver terminar.

Ya no habrá más momentos mágicos como aquellos, lo sé. Habrá otros… pero aquellos jamás volverán.

Ya no habrá más domingos como aquellos.

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