que las mató el tiempo y la ausencia.
Pero su tren vendió boleto de ida y vuelta.
Son aquellas pequeñas cosas,
que nos dejó un tiempo de rosas en un rincón,
en un papel o en un cajón.
Como un ladrón te acechan detrás de la puerta.
Te tienen tan
a su merced como hojas muertas
que el viento arrastra allá o aquí,
que te sonríen tristes y
nos hacen que lloremos cuando
nadie nos ve.
"Aquellas pequeñas cosas". Joan Manuel Serrat
---
Jamás pensé
que la sonrisa que vi en su rostro la última vez escondiera tanto. Hoy la
busqué, traté de ver de su cara, de ver ondear su pelo, de conocer ese nuevo
capítulo de su historia pero sólo silencio obtuve de Eva.
Tantas
preguntas sin contestar, era su cara frente a la mía, sin gestos, sin ademanes,
sin cejas arqueadas, sin historias de agendas perdidas o citas canceladas, sin
zapatos rojos o tenis sustitutos... no decía nada.
Traté de
recordar los puntos donde se detenía a ver el sol y ahí me paré, quería
provocar alguna reacción, que me moviera, que hablara de sus Adanes y edenes, sus
flores, lágrimas y risas pero Eva no se movía.
Supe entonces
que nada de lo que hiciera lograría hacerla reaccionar y decidí quedarme a su
lado acompañándola... incluso en el silencio.
La tarde
estaba en calma, el sol con sus destellos no lograron dar calidez al momento
pero agradecí que allí estuviera, iluminando el instante que me parecía eterno.
El silencio de Eva era algo que no entendía pero como en cada visita y decisión
de su vida no pude más que respetar.
En un arrebato
sujeté su mano, recibí la complicidad de su inamovilidad; no soportaba verla
así, sin apretar sus llaves, sin sonrisa y sin las lágrimas que limpiaban su
alma cuando la adversidad la rebosaba.
Me marché sin
la historia que buscaba, Eva no habló, no escribió, no rió... ni lloró.
No hay comentarios:
Publicar un comentario