martes, 27 de marzo de 2012

Convergencias


Ya no pretendo hacerte el cuento más largo
ahora ya no pongo más excusas, 

prefiero mojarme y arreglarme
sigo teniendo la intención de quererte 

hasta que se apague el sol
eso es lo único que no ha cambiado,
puedes gritar, he buscado detrás de tus sentimientos 
y no te encuentro…

No lo dejes para después,
tampoco lo vayas a hacer antes de tiempo,
todas las cosas tienen su momento, búscalo
ese momento exacto ese punto,
donde convergen los sueños,
donde converge lo nuestro,
donde convergemos.
Vuela alto, vuelta alto
elévate a los cielos y luego nos cuentas algo
vuela alto, vuela alto
no permitas que el tiempo te deje atrás.

Porque tú tienes el poder,
Tú tienes en tus manos la fuerza del ser
Tú puedes hacer todo lo que quieras
Tú puedes llegas a donde sueñas
Yo sé que tu puedes, puedes, puedes…

‘Donde convergemos’ (Fragmento). Alejando Sanz.

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Convergencia, aproximación, coincidencia… si nos referimos a las palabras podemos buscar su sinónimo pero cuando hablamos de un momento es más complicado porque donde convergen las cosas es ese punto en el miramos a un lado y otro y se nos presentan los antagónicos o complementarios en ocasiones. Detrás-delante, arriba-abajo, pasado-futuro.

Es momento de ver y seguir. Ver los errores ya cometidos, las palabras que jamás debimos pronunciar, las personas que herimos, esos momentos de los que tanto nos arrepentimos… de otro lado esos dulces e imborrables instantes, un beso en el momento oportuno, una voz que acompaña, una mano solidaria, una persona incondicional. Las convergencias pueden ser molestas encrucijadas.

Almas aventureras ven en esos momentos la oportunidad de cambiar todos los parámetros, los actos predecibles, el pasado todo. Otros menos lanzados se aferran a la comodidad de una silla que ya tiene sus formas, la almohada y la cama que gravaron sus signos corporales, los amigos a los que no deben contar mucho porque estos ya saben leer sus mentes, así se evitan hasta las palabras.

Sin embargo, el momento llega, tarde o temprano llega; algunos le llaman crisis de la edad, existencialista, momento decisivo, de cambio, puedes usar el nombre que te llegue de inmediato a la cabeza pero para mí no es más que convergencia, ese instante que llega inusitado y que te pone en medio de lo que fue y lo que será, nos muestra ‘lo que es’, eso que estaba y no sabíamos aunque era nuestro día a día.

Ojalá hubiese un libro mágico para saber cómo usar, aprovechar y no frisarnos en la convergencia… ver al pasado y tener en nuestras manos las opciones del futuro puede ser confuso y llenarnos de miedos que previenen sobre los errores del pasado.

Después de todo este pánico con certeza nos llenará la tranquilidad de sabernos humanos, de poder errar y volver a comenzar con nuevas herramientas que solo da la experiencia.

lunes, 19 de marzo de 2012

Superhéroes...


De vez en cuando la vida
nos besa en la boca
y a colores se despliega
como un atlas,
nos pasea por las calles
en volandas,

y nos sentimos en buenas manos;
se hace de nuestra medida,
toma nuestro paso
y saca un conejo de la vieja chistera
y uno es feliz como un niño
cuando sale de la escuela.

De vez en cuando la vida
toma conmigo café
y está tan bonita que
da gusto verla.
Se suelta el pelo y me invita
a salir con ella a escena.

De vez en cuando la vida
se nos brinda en cueros
y nos regala un sueño
tan escurridizo
que hay que andarlo de puntillas
por no romper el hechizo.

De vez en cuando la vida
afina con el pincel:
se nos eriza la piel
y faltan palabras
para nombrar lo que ofrece
a los que saben usarla.
                         
De vez en cuando la vida
nos gasta una broma
y nos despertamos
sin saber qué pasa,
chupando un palo sentados
sobre una calabaza.

‘De vez en cuando la vida’. Joan Manuel Serrat.

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La hermosura de un domingo en la mañana es indescriptible para mí. Disfruto de mi viejo hábito de madrugar y puedo estar sola en el silencio casi absoluto de un rincón mirando con atención cualquier rayo de sol que quiso posarse un sillón o simplemente el plomizo panorama de los días lluviosos. Solo el silencio y yo.

Allí encuentro la hermosura de rostros que pasan por mi cabeza… como superhéroes de esos que abundan en teleseries y comics. ¿No es eso lo que buscamos? Ser especiales, únicos e irrepetibles ese es el común denominador de las empresas en las que nos embarcamos.

¡Mundo diegético! -divinas clases de guión- Un mundo de fantasía al que tenemos acceso a través de la pantalla con películas o series, en estas alguien ha volcado su mejor esfuerzo por recrear lo que solo en su mente pudo ver o soñar; personajes maravillosos, espacios increíbles, colores que interactúan para darnos la sensación de es algo más que increíble lo que vemos… y con todo no sentimos identificamos porque sus actores tienen nuestras mismas características, nuestras necesidades, nuestros sueños o anhelos.

Desde ese rincón de habitación en mi silenciosa mañana de domingo construyo mi propio mundo diegético, uno que comparto con todos los seres maravillosos, únicos e irrepetibles que hacen de este un lugar más que fantástico.

Lo verdaderamente fantástico ocurre todos los días y en todos los lugares.

La maravillosa experiencia del silencio de domingo en la mañana

martes, 14 de febrero de 2012

Eva, sola...

Acuérdate de mí cuando me olvides,
que allí donde no estés iré a buscarte
siguiendo el rastro que en el cielo escribes
las nubes que van a ninguna parte.

Acuérdate de mí
en tus plegarias
y búscame con los ojos cerrados
entre la muchedumbre solitaria
yo tampoco te quiero… demasiado.

Por ver volar los peces de colores
hicimos agujeros en el agua
preocupados en los alrededores
siempre en la dimensión equivocada.

Mujer de sombras y de melancolía
volvamos al Edén que nunca has ido
a celebrar con las copas vacías
el gusto de no habernos conocido.

Como te tomo, me doy
Como te busco, te evito
Como me vengo, me voy
Como me pongo, me quito
Como te falto, te sobro
Como te falto, te sobro
Como me callo, te digo
Como me callo, te digo
Como te pago, me cobro
Como te extraño, te olvido

“Acuérdate de mí”. Joaquín Sabina

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Aunque ahora había encontrado las fuerzas necesarias para ver la vida de un nuevo modo, en su paseo por la plaza, Eva no podía dejar de mirar atrás, como si algo la persiguiera. Esa tarde ocre en la que buscaba con desesperación ese rayo mandarina que le confirmara que el sol había estado ahí. Solo veía un cielo pardo y sus ojos se tornaban sin advertirlo buscando esa compañía que por momentos sentía a su lado.

No era secreto, todo estaba dentro de ella, la fuerza para ver el sol tras un cielo gris y también la posibilidad de ir más allá de las nubes donde la luz siempre esperaría por ella sin importar nada; solo necesitaría unos segundos para subir y atravesar ese obstáculo que le impedía bañarse en la calidez del astro rey.

Obvió todo deseo consciente, solo se deslizó en la banca que estaba justo a su costado queriendo pasar desapercibida. Por ese un segundo sintió ser invisible, nadie interrumpía su total silencio. Cerró los ojos sin apretarlos, solo quería oírse, esta vez sin una luz deslumbrándola, distrayendo sus sentidos, sin las olas del mar que lograban hipnotizarla, sin la presencia que extrañamente sentía a su lado al caminar, sólo la tranquilidad, el ocre, el silencio, su respiración. Ahora todo era presente, vívido y real.

Se concentró tanto que logró escuchar sus propios latidos, fue como sumergirse en el agua. Por primera vez sintió silenciarse las voces en su cabeza, el ruido que le impedía escucharse, era un instante que quería prolongar por siempre.

Eva no se apresuró a abrir los ojos, todo era perfecto. Esta vez no necesitó el resplandor del sol para sentirse feliz, esta vez prefirió las nubes, sus nuevas aliadas, ellas la ayudaron a escuchar, a ver, a sentir lo que realmente necesitaba.

Era uno de esos extraños momentos en la vida de Eva en que sentía estar completa, tranquila, cómoda con su propia compañía, descubriendo a la persona más cercana que jamás conoció…. Ella misma.

martes, 17 de enero de 2012

Eva; su nueva vida!

Estoy aquí de paso,
yo soy un pasajero,
no quiero llevarme nada,
ni usar el mundo de cenicero.

Estoy aquí sin nombre,
y sin saber mi paradero.
Me han dado alojamiento en el más antiguo
de los viveros.

Si quisiera regresar,
ya no sabría hacia dónde,
pregunto al jardinero,
y el jardinero no me responde;
hay gente que es de un lugar,
no es mi caso…
Yo estoy aquí, de paso.

El mar moverá la luna
o la luna a las mareas.
Se nace lo que se es
O se será aquello en lo que se crea.

Yo estoy aquí perplejo,
no soy más que todo oídos,
me quedo con mucha suerte con
tres mil millones de mis latidos.

Si quisiera regresar
Ya no sabría hacia cuándo…
El mismo jardinero debe estárselo preguntando.

Hay gente que es de un lugar,
no es mi caso.
Yo estoy aquí…de paso.

“Tres mil millones de latidos”. Jorge Drexler.

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Eva parecía haber madurado, su mirada tenía un nuevo brillo. No dejaba de releer esa carta que hablaba amor, distancia y cambios pero aun así sonreía, sentada justo allí, frente al mar.

Con la fuerza misma del aire llegaban a ella las palabras de su último Adán, ese al que sin dudar quería seguir al mismo infierno si él lo hubiera pedido. Reía, lloraba y empuñaba con fuerza aquella carta.

En aquel momento cerró sus ojos. Inspiró largamente y llenó todo su cuerpo con esa sensación que solo podía causarle el olor a mar, sintió liberar todas sus cargas y llenarse de nuevas energías. Sus pies tocaban la arena pero su cabeza estaba en el cielo, su corazón en el mar.

Allí, lejos de sentir los limites que imponía el agua, se sentía libre por fin, libre para sentir amor, para soltar, para cargar, para sincerarse con su propio corazón.

No pretendió engañarse, pensó en sus zapatos rojos, esos que le hacían pensar que no había camino con final, pensó en empuñar sus llaves y hacer de cuenta que Adán jamás pronunció las palabras que deshicieron sus sueños, que esa carta nunca había llegado, recordó la luz que solía languidecer al final del pasillo avisando que era el momento de abrir aquella agenda otra vez.

Eva tenía un motivo distinto para aferrarse a su destino, quizás un nuevo destino que la llenaba y atemorizaba por igual. Jamás estaría sola, nunca más la incertidumbre de descubrir si un diferente Adán llegaría y se convertiría en el indicado. A este desconocido ya lo amaba aun sin verlo, sin tocarlo… sin haber hecho más que sentirlo crecer dentro de ella.

martes, 20 de diciembre de 2011

Carta a Eva

Te recuerdo Amanda
la calle mojada
corriendo a la fábrica donde trabajaba Manuel.

La sonrisa ancha, la lluvia en el pelo,
no importaba nada
ibas a encontrarte con él…

Son cinco minutos
la vida es eterna,
en cinco minutos.

Suena la sirena,
de vuelta al trabajo
y tú caminando lo iluminas todo,
los cinco minutos
te hacen florecer.

“Te recuerdo Amanda” (Fragmento). Víctor Jara.

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Mi amada Eva:

Creo que tenemos más tiempo sin comunicarnos del que juzgo prudente, esas cosas suelen pasar cuando queremos ocultar cosas o gritarlas con tal fuerza que no necesiten confirmaciones verbales o escritas, sin embargo, mi querida, espero que jamás dudes cuánto te he extrañado.

No sé por dónde comenzar, ojalá pudieras ver mis ojos y leer mis penas y alegrías pero las fotografías no nos brindan esa oportunidad. Yo siempre he sido tan diferente a ti en eso de expresar los sentimientos. Debo confesar que te he envidiado; tú tan libre, bella, amada y con el coraje de siempre buscar algo mejor, no todos podemos hacerlo con el desenfado que tienes, la fuerza con la que te entregas, la sinceridad con que andas por la vida sin pretender dañar, sin más ánimo que el de brindar una sonrisa franca a quien la necesite y hasta a quién no.

¡Ay! mi Eva, mi vida sigue llena y mi corazón vacio, mis caminos largos y mis pasos cortos. Por unos minutos quise calzar tus zapatos, tan altos y llamativos como llenos de experiencias, siempre pensé que eran capaces de impulsar al más torpe caminante por una senda interesante.

¿Sabes Eva? Hay muchas cosas que se agolpan en mi pecho y no logro pronunciar, siempre ayudaste a mi libertad pero hoy estas lejos y no logro evitar sentirme presa en ocasiones. No lo negaré, sentí cierta ira cuando te vi buscar nuevos caminos, experiencias, amores, tu habilidad de sufrir desamores sin que en ello se te gastara la existencia, te alejabas tanto y yo sin poder moverme.

Hoy veo hacia atrás y más que a mí te he visto a ti, he tratado de descifrar tu silueta de pie frente al mar, transparente y feliz … mis recuerdos son tan vívidos, me parece ver el brillo de tus lágrimas y oír tu voz entrecortada mientras tratabas de entender las cosas que pasaban a tu alrededor.

Quise con esta carta contarte qué ha pasado en mi vida pero, mi niña, no pude más que verte en mis recuerdos, que sentirte en mis latidos, extrañarte con cada tecla que pulso. Los días pasan y nos volvemos cobardes, conformistas, nos ocultamos de todo… pero tu mi nena… tu no, eres tan fuerte que asustas, tan llena de vida que no puedes más que repartirla por doquiera que andas.

Eva, ¿recuerdas aún cuando éramos tan unidas que lográbamos pensar igual? ¿Cuándo no necesitamos preguntarnos nada porque sabíamos cuales serían las respuestas? Alguien pudiera pensar que era aburrido pero tendrían que conocerte para saber cómo eres capaz de llenarlo todo con tu luz, con tu magia.

Aunque estemos distanciadas te recuerdo y te abrazo. Desde mi orilla veo las estelas en el mar y pienso en que son parte de tu esencia, que de alguna forma no te me has ido, que te llevo en mi alma… porque ahí te guardo… como se guarda ese rayito de luz que llega y alegra una mañana o el que se va y hace inolvidable una tarde… como se guarda un pedazo del propio corazón.

¡Gracias por darme un poco de tu luz!

jueves, 20 de octubre de 2011

Martillo, madera y... muchos clavos

Algunas veces, mejor no preguntar,
por una vez que algo sale bien,
si todo empieza y todo tiene un final,
hay que pensar que la tristeza también

Se va,
se va,
se fue…
"Se va, se va, se fue..." (Fragmento). Jorge Drexler
 
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Hace años (decir cuántos seria una indiscreción) escuché una historia que me marcó de manera definitiva. En la misma un joven, con serios problemas de ira, era aconsejado por su padre para que aprendiera a canalizar sus momentos difíciles.

Años más tarde los problemas comenzaron a agravarse, el (ya no tan) joven comenzó a agredir a las personas sin percatarse en ocasiones de lo que hacía y fue entonces cuando acudió a su padre en busca de solución a su problema.

Una vez concluida la conversación el (ya no tan) joven se dirigió a una tienda y se hizo de un martillo, clavos y una pieza de madera que cubría una pared por completo. Seguía al pie de la letra los consejos de su progenitor. –Pon un clavo en la madera por cada impulso violento que sientas hacia alguien, no importa si es solo verbal, igual coloca un clavo por cada palabra hiriente que llegue a tu cabeza- eran las palabras que seguía sin lograr entender del todo.

Hizo falta poco tiempo para que la madera careciera de espacios para nuevos clavos, sin embargo los impulsos no disminuían, así que, atormentado fue nueva vez donde su padre en procura de consejo. La respuesta fue tan intrigante como el extraño ejercicio anterior: - con cada impulso de disculparte por el daño causado quita un clavo de la madera-.

Aunque los clavos no fueron removidos con la rapidez con la que fueron puestos, al cabo de un tiempo no quedó clavo alguno. Por tercera ocasión estaba frente a su padre con la esperanza de entender el misterio de los clavos y la madera; la respuesta esta vez fue clara.

"Cada agravio es un hueco que no puedes componer más, sin importar qué pase; puedes pulir la madera, tratar de rellenarla pero nunca será la misma. Piensa si esa es la marca que quieres dejar… aunque retires el clavo la madera no será como fue". El (ya no tan) joven entendió, igual yo.

Desde ese día medito sobre las consecuencias que tendrán mis acciones y sus efectos en los demás. Ha sido útil (aunque no fácil) aprender a no herir, esperar a que la tormenta pase y justo cuando sople la cálida brisa de tranquilidad hablar con el amor de mi corazón y no con la ira de mi cabeza.

Sigo en el proceso de aprendizaje…

¡¡Pásenla bien!!

domingo, 9 de octubre de 2011

Ya no habrá domingos…

Corazón de cristal,
que no he visto dos veces
brillar de la misma manera..

Corazón fugaz,
por tu cuerpo y tu mente
la luna pasea y pasea..
Por la misma senda que el amor abrió,
la pena camina.

¿Dónde vas? Quédate junto a mí,
corazón tempestad,
corazón desmesura.
No soy más que un eterno aprendiz,
que si no está contigo
se ahoga en su propia cordura.

Pero el tiempo pasa
y el dolor también te enseña el camino...

Corazón de cristal.
Corazón de quimera.

“Corazón de Cristal”. Jorge Drexler

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Inevitablemente en las últimas semanas los recuerdos nostálgicos me han invadido, han golpeado los flancos y algunos se han anidado con tal fuerza que no he podido desprenderlos de mí.

Los juegos de rayuela, los chistes de los primos, lo vestidos adornados con flores multicolores ya no estarán más en nuestras vidas, al menos no de la misma forma…

La gente que amamos enferma, los matrimonios que nos inspiraron se acaban, la gente ya no viste sus galas en domingo para sentarse en las terrazas y compartir las anécdotas de su semana siempre ocupada, complicada pero de alguna forma feliz.

Todo tiempo pasado fue… eso… pasado.

No es que sea de las que piensa quedarse estancada pensando que nunca seriamos adultos, que jamás tendríamos que recurrir a los susurros para hablar de temas oscuros que podían empañar los días mágicos de los más pequeños de la casa… pero es difícil pensarlo en ocasiones.

Hace unos días visitaba la casa a la que solía ir cuando era niña y ver a toda la familia reunida. Entristecí porque ya no le adornaban los árboles, los colores, la magia del pasado. Los primos no estaban, nadie se preocupaba porque nuestra ropa no se ensuciara con las cosas que comíamos descuidadamente. “Ya eres toda una mujer”, repetían todos sonriendo como si fuera todo un logro.

De a ratos quería que fuera diferente, oír a los primos pelear por la única bicicleta que había en el patio, rabiar porque no le dejaban ensuciar su ropa de domingo, llorar porque acababa la hora de juegos.

Con el paso de los años quisimos que los amigos llenaran esos momentos de domingo y lo logramos… pero todo tiempo pasado fue… eso… pasado.

Los amigos también se han complicado con sus propias historias, retos, susurros. En domingos como este quisiera oir a mami diciendo que es la hora del desayuno mientras acaricia mi cabello y oler su perfume mezclado con algo exquisito que llega desde la cocina, hablarle de las cosas que haremos porque es el día de la felicidad, de ver su rostro reír y llorar, de compartir la magia de 24 horas que no quiero ver terminar.

Ya no habrá más momentos mágicos como aquellos, lo sé. Habrá otros… pero aquellos jamás volverán.

Ya no habrá más domingos como aquellos.