Un público desconsuelo
y una secreta esperanza.
Lágrimas que no son mías,
recuerdos y madrugadas;
remordimientos antiguos,
palabras..., muchas palabras
que por dichas, no conviene
recordarlas...
Y tú, ¿qué tiras al agua?
Trabajos mal terminados,
canciones inacabadas,
nombres de malos amigos,
dudas y dos o tres cartas
malamente concebidas
y escritas enhoramala...
Dime, ¿qué tiras al agua?
Silencios, muchos silencios,
desgracias, muchas desgracias,
desabridas actitudes,
iras injustificadas,
tiempo inútil perdido,
deudas que nunca se pagan,
tristezas no comprendidas,
hambres, miserias humanas,
vergüenzas inconfesables,
limosnas no confesadas,
consejos paternalistas,
éxodos de casa en casa,
y una desconsoladora sensación
dentro del alma.
Y tú, ¿qué tiras al agua?
Desatinos, desacuerdos,
mentiras innecesarias,
traiciones no cometidas,
promesas no consumadas,
falsos credos, diferencias,
hipócritas alabanzas,
prejuicios imperdonables,
conclusiones temerarias,
resentimientos oscuros,
frases desafortunadas.
Mi vida, mi vida entera,
¡Mira cómo se la lleva el agua!
"Dime, ¿Qué tiras al agua?". Alberto Cortez
Como isleña con alma acorde a mi condición y el corazón volcado en responder a otro continente, inicié la jornada de labores este lunes. La prensa solo reseña notas pesimistas y en las pocas positivas es muy obvio el ánimo de publicidad. Lejos de dejarme vencer por el desanimo -en lunes de cielo radiante- pienso en observar el estado de mi libertad (por el momento condicional).
Oportunidades tenemos de comprar, guardar, usar, almacenar y desempolvar artículos del hogar, ropa, zapatos y hasta sentimientos (con sus excepciones). Cuando se trata de tirar somos un tanto más cuidadosos; buscamos razones que sirvan de excusa para no deshacernos de lo adquirido: cambiamos de nombre, lo guardamos en lo más apartado de nuestro ser con la esperanza que desaparezca del alma cuando los ojos no lo perciban, volvemos en nuestros pasos buscando componer los pedazos de alma, finalmente nos escondemos de nuestro propio reflejo.
“Una porción de tierra rodeada de agua por todos lados”, definición de isla. Suelo pensar que no solo aplica a zonas terrestres, me dejo claro que nos marca, nos define, nos limita. Pero no todo es tan oscuro, el agua lava, purifica y hasta deshace las cosas irremediablemente arraigadas, odiosamente inseparables.
Es por todo eso que al sentarnos frente al mar, como un espejo, vemos nuestra cara oculta, imposibilitados de esconder recuerdos o escondernos de ellos; estar de frente al mar es aceptar lo que puede ser o dejar de ser. ¿Dónde está el océano?
Si hay un dejo de nostalgia en mis líneas es que he logrado ocultar el resto para no contagiar o preocupar. Estoy frente a un inmenso mar y me muestra más que agua, más que azul, más que horizontes intocables. Ahora es cuando decido qué tiro al agua... Y tú, ¿Qué tiras al agua?
No hay comentarios:
Publicar un comentario