miércoles, 4 de agosto de 2010

Saliendo de las comillas

El velo semitransparente
del desasosiego
un día se vino a instalar
entre el mundo y mis ojos.

Yo estaba empeñado en no ver
lo que vi, pero a veces
la vida es más compleja
de lo que parece.

Volví a creer que se tiene
lo que se merece,
la vida es más compleja
de lo que parece.

No quiero que lleves de mi
nada que no te marque.
El tiempo dirá si al final
nos valió lo dolido.

La vida es más compleja de lo que parece (fragmento). JORGE DREXLER -

Al comenzar un escrito lo que más me cuesta son las dos líneas iniciales, esas que me sirvan para “romper el hielo” como en la primera conversación o la decisión de qué preguntar a una persona que parece atractiva para no parecer ansioso u obseso. Las formas, el protocolo, lo correcto según lo que se espera en ciertas circunstancias… que difícil se torna ser espontáneo en nuestros días; hasta la sonrisa es un rictus perfectamente practicado para no excederse o quedarse corto al saludar, despedir o simplemente agradar a alguien.

Después de “romper el hielo” es cuando las cosas se hacen verdaderamente difíciles (aunque no lo parezca). Los rituales nos ganan. El número de citas correctas antes del primer beso, esa es la diferencia entre una relación “seria” o un “encuentro casual”. La rigurosidad en el toque de espalda o apretón de manos marca las distancias en las relaciones; la velocidad y el tono de voz te dicen cuando puedes tomar en serio o no una conversación; una llamada es la diferencia entre “me interesa conocerte” o “eres entretenida (do) pero solo en actos sociales”.

Saber cómo responder es todo un arte. Lo que decimos obedece a las jerarquías, cercanías o distancias que se quiera imponer… en realidad temo que, de continuar, no pueda concluir con los ejemplos.

Las formas toman ribetes peligrosos cuando no sabemos “qué hacer” o cómo “comunicar” las cosas a personas tan cercanas como nuestra propia familia. Llegamos a creer que, lejos de entendernos, se resignan a lidiar con la suerte de hijos o hermanos con los que les ha tocado compartir.

No parece ser coincidencia que la enfermedad de este tiempo sea es “STRESS”. Si no podemos dejarnos fluir con los nuestros ¿con quién entonces?

“Siempre hay espacio a ser auténticos”, solemos escuchar, en cuyo caso nos exponemos a ser vistos como raros (porque desadaptados es difícil de asimilar).

Sea lo que fuere o quien fuere que marque el ritmo de tantas “clasificaciones”, “definiciones’, “conteos”, todolo que sigue y lo que falta (a lo que generalmente llamamos etcétera), absurdos, por demás, pueden decirle que, abiertamente, manifiesto que me disgusta y me atrevo a ir más lejos: no voy a seguir sus trazos… Prefiero ser yo a que alguien más lo sea por mí.

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