domingo, 14 de noviembre de 2010

Aplicando el mensaje...

Soñar, con lo que más queremos, aquello, difícil de lograr,
Es ofrecer llevar la meta a su fin, y creer que la veremos cumplir.
Arriesgar de una vez lo que soy por lo que puedo ser.

Hay días... que pasan a la historia... son días... difícil de olvidar.
Sé muy bien, que puedo triunfar, seguiré con toda mi voluntad.
Hasta el destino enfrentar y por siempre mis huellas dejar.

Puedes llegar lejos
A las estrellas alcanzar a hacer de sueños realidad
Y puedes volar alto
Sobre las alas de la fe, sin más temores por vencer,
Puedes llegar...

"Puedes llegar". Voces Unidas

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¿Han notado cómo cambia nuestra perspectiva cuando vamos a una charla de superación personal o escuchamos el testimonio de un emprendedor? Miramos maravillados los días y damos gracias porque todo ha sido fácil para nosotros al compararnos con esa persona.

Después de ese contacto todo se ilumina; ya sabemos qué hacer con nuestras vidas, cómo ayudaremos a los demás y hasta cómo sonreiremos a los compañeros de oficina (hasta a ese que tan mal nos cae)... si es una actividad religiosa hasta saludamos a todos con un amistoso “Dios te bendice”.

A media mañana del día siguiente ya no estamos tan claros en nuestro proyecto de “salvemos al mundo con una sonrisa” ¡Cuán distintas son las cosas en el plano de aplicación! Nadie te devuelve el saludo, tus ideas innovadoras son material para estudio y posterior envío al psicólogo del departamento (estás loco), tu plan de integración es un fiasco en opinión de tus superiores y el saludo amable parece no convencer a nadie de que un cambio ha operado en ti.

Claro, te has pasado 3 años y 9 meses (en el mejor de los casos) siendo parte de ese sistema de ogros funcionales y llegas un día maravillado porque “hoy brilla un hermoso sol”, que, dicho sea de paso, es el mismo de siempre.

¿Qué estaré haciendo mal? ¿Es que acaso todos están de de acuerdo para no ver el resplandor que nos regala el astro rey? ¡No fue así como me lo contaron ayer! “Una sonrisa puede marcar la diferencia”, así dijo al final ese conferencista que me hizo sentir que mis dientes tenían una nueva finalidad, entonces, ¿Qué es lo que anda mal? ¿Necesito hacerme un blanqueado?

Repase sus líneas. Estoy casi segura que en algún momento ese conferencista habrá dicho que pasó muchos años viviendo de espaldas a una buena estrategia, un plan para salir del hoyo, sin embargo, después de trazado el plan tomó un tiempo para ejecutarlo por completo. Hacer un bosquejo, una estructura, un plan de aplicación, un estudio FODA para los más entendidos en el lenguaje y saber hacia donde dirigir los esfuerzos.

Lo único que puede estar fallando es la idea de que a la primera sonrisa todo cambiará, con un solo apretón de manos todo sería diferente; con la sola idea de que el mundo es verdaderamente hermoso no todo marchará como en las películas, no todos se ayudarán y serán felices por siempre.

¿Cuál es tu estrategia?

Hay cosas que no cambian en un día, el tiempo es necesario para ver que las situaciones se enrumban por caminos distintos; y digo ver porque hay chispas que de inmediato encienden pero toma un tiempo para que la notemos. Luego que decides no fumar toma tiempo hasta que tus compañeros te dejen de preguntar si quieres uno y en lugar de eso pregunten si te molesta el humo; igual si decides no ingerir alcohol, el jugo o la soda no son una opción automática cuando llegas a una fiesta y te ofrecen de tomar. Debemos dar tiempo para que los cambios operen y se hagan permanentes. Todos lo perciben pero ¿Cómo saber si son reales a menos que seamos constantes?

Si un día el plan “una sonrisa para cambiar el mundo” no funciona , al día siguiente hazlo con más entrega y dedicación. Si no funciona, el tercer día es una buena opción, el cuarto, el quinto y sexto también. Nunca dejes decaer tu plan para cambiar las cosas, es posible que haya alguien esperando para sumarse a esa sonrisa que muestras justo el día en que te quieras dar por vencido.

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