que una gota de luz
una estrella fugaz
una chispa tan solo en la edad del cielo
No somos lo que quisiéramos ser
Solo un breve latir
en un silencio antiguo con la edad del cielo
No somos más
que un puñado de mar
una broma de Dios
un capricho del sol
del jardín del cielo
no damos pie entre tanto tic tac
entre tanto big bang
solo un grano de sal
en el mar del cielo
Calma, todo está en calma
deja que el beso dure
deja que el tiempo cure
deja que el alma
tenga la misma edad
que la edad del cielo
‘La Edad Del Cielo’. Jorge Drexler
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De pronto me sorprendí recogiendo mi habitación. Muchas cosas por doquier. De manera inexplicable estaba buscando en los rincones, una vez quedaron limpios aun sentía que faltaba algo.
Después de dar unas vueltas a solas y en silencio, volví a entrar en mi habitación, tenía una apariencia impecable, sin embargo algo seguía inquietándome al respecto. Pasé unas horas dedicadas a distraerme, un concierto especial, una copa de vino y cuando pretendía que las cosas ya estaban completamente en orden un espacio justo al centro de la habitación llamó mi atención: mi cama. Tendida, con sabanas limpias y suaves, Teddy aguardaba a que me acostumbrara a la idea de no dormir sola.
Esa era mi cama, la conozco muy bien. En ella he dormido mis mejores sueños y una que otra pesadilla; aunque, en ocasiones, no logro recordar los sueños, las pesadillas suelen perseguirme. Mi lugar de descanso, de desvelo, pensamientos, planes… ¿Por qué llamaba ahora mi atención? ¿Qué había diferente? Al parecer nada.
Sacudí mi cabeza y me fui al sofá, miré a través del portal, ya era tarde y el sol se escurría igual que la botella de vino que inadvertidamente había consumido casi por completo. Estaba en silencio y por un momento sentí que era música lo que me hacía falta, me puse en pies, no lo dudé un segundo, el único que podía acompañarme era Frank. ‘I’ve got you under my skin’… me dijo al oído.
Frank me dedicó otras más pero su encanto de siempre no me apartó de la sensación de que aún me quedaba algo pendiente, así que, tan amablemente como me fue posible en esas circunstancias, lo despedí y volví a mi habitación; nueva vez mi cama, ella era la única que llamaba por completo mi atención.
No tuve más opción que enfrentarla, me paré frente a ella, quería oír lo tenía que decir. Recordé las teorías, ‘si quieres mantener una buena comunicación ponte al nivel de tu interlocutor’- dicen-; me puse de rodillas entonces para escuchar mejor, poder hablarle y que me entendiera. Apenas lo hice comprendí todo.
Sin dilación me mostró algo que salía debajo de ella, puse mi cabeza aún más baja, allí estaba, todo el desastre que había escondido bajo ella. Sonreí.
Se había acabado el vino en la botella, pasaba de la media noche, ya no tuve pendientes, todo estaba arreglado, no había reclamos y me sentí con fuerza para decirle a Teddy que se tomara tiempo libre.
Era una linda noche y quería dormir sola.
Er blo ta mul bueno me sigue gustando
ResponderEliminarNelson Rodriguez