Es verdad, los amores que se tienen en
la vida
nunca se olvidan
son aromas que se quedan en el aire
y una estela de fragancias van dejando
Quizás mañana será el nuevo día
cuando las cosas más bellas volvamos a ver
quizás entonces al fin y a todas estas
borrón y cuenta nueva, volvamos a entender
que el amor es el derecho y el deber.
nunca se olvidan
son aromas que se quedan en el aire
y una estela de fragancias van dejando
Quizás mañana será el nuevo día
cuando las cosas más bellas volvamos a ver
quizás entonces al fin y a todas estas
borrón y cuenta nueva, volvamos a entender
que el amor es el derecho y el deber.
"Es Verdad" (Fragmento). Ilán
Chester.
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"Véndete como una mujer alegre"... ¡Qué extraño
sonaron esas palabras en sus labios!
Eva sentía que el dolor se despedía de sus días y quería
soñar que esta vez no sería un "hasta pronto". Necesitaba decir
'adiós'.
Una estrella fugaz cruzó a su encuentro rogando que
pidiera tres deseos pero esta vez no se hizo ilusiones vanas. La mirada paso
por su estrella tan aprisa como esta pasó por un cielo que parecía oscuro
aunque estaba lleno de luces.
Eva estaba cansada de llamadas, escritos vacuos, sonrisas
falsas y duros golpes de realidad. Era todo tan intenso, presuroso... doloroso.
La felicidad no era un término con el que se sintiera
identificada; igual que esa estrella fugaz, los momentos pasaban de ella como
un relámpago y se marchaban como tornado: arrastrando todo a su paso.
Incluso hubo días en los que se aseguró que se podía ser
'medio feliz', que nada importaba si se seguía los latidos del corazón. La
realidad se empeñaba en restregarle que hasta el más sano de los corazones se
detiene un día, ¡cuánto más uno que latía a medias!
Sin más lugar para pensar que el límite de su propia
existencia -el mar- meditaba en esas
palabras: "véndete como una persona feliz"...
¿Acaso estaba Eva en medio de un proceso mercantil que
aun desconocía? ¿una especie de trueque? ¿Felicidad por amor?
La estrella, como todas las fugaces, se desvaneció. Eva
supo que nunca dependió de una luz pasajera, no más engaños o máscaras para
ocultar las lágrimas, la tristeza o el desgarro.
El mar no se abrió ante sus ojos, la estrella no se
separó de su luz, el dolor no se partió a la mitad... Así que el amor y la
felicidad tampoco valía el esfuerzo tenerlos a medias... la vida es completa,
un todo compuesto por más que la suma de las partes -meditaba-.
Eva cerró así un capítulo que la hizo feliz a medias para
escribir en las páginas de un nuevo libro en el que quería mostrar todas sus
partes, plasmar vivencias y momentos completos, con arrebatos, locuras,
sonrisas, llanto... pero sin dudas orgullosa de 'venderse tal como era y segura
de vivir a plenitud... nunca más a medias'.
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