viernes, 7 de junio de 2013

Eva con puertas abiertas.


Daniela por dentro está llena de puertas
unas cerradas otras abiertas,
Daniela por dentro está llena de puertas
a veces sales a veces entras.

Daniela es del viento y a veces se entrega
y pierde cosas pero otras quedan,
Daniela es un árbol un libro una abeja
volando entre tantas en una colmena.

A veces es difícil ser
y lo que hay
no siempre es lo que es...
y lo que es
no es siempre lo que ves.

Daniela respira y a veces se cuelga,
a veces no sabes si es ella o no es ella.
Daniela no entiende de todo y espera
que alguien le calme sus noches en vela

"Daniela". Pedro Guerra
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Jamás pensó que abrir una puerta sería tan difícil... era más que el deseo de pararse, más que romper la inercia, más un que vencer el miedo.

"No importa lo largo del camino, todo trayecto inicia con un paso"...

Se puso en pie y giró la perilla para descubrir las facciones de aquel 'que venía por ella', Eva no lo podía creer, no eran elucubraciones, no fue una broma, no era una equivocación; ella era a quien llamaba.

Por primera vez alguien entraba a su espacio, ese infierno, el edén que nadie quiso explorar, sin embargo, no era con intensión de saber qué había en aquel espacio... sólo Eva parecía importar. Curiosamente, la acción que podía cambiar su vida era lo que aún la mantenía a la defensiva.

-"¿Cómo puede alguien conocerme si no arde en mis llamas y muerde el fruto prohibido y no anda desnudo sin miedo a dejar ver sus heridas y cierra sus ojos para imaginar que vuela y no explora ese territorio que desea conquistar?"- preguntaba para sí.

Era incapaz de entender cómo podía su cabeza tejer esas telarañas de dudas, elaborar tantas preguntas antes de disfrutar por un instante del momento que marcaba la diferencia, antes de dejarse ir, de oír la música y ser aquello que jamás existió, en un lugar más allá de la realidad.

Eva se acostumbró a no tener voz, a hablar por la de otros, a llorar con lágrimas prestadas porque las propias se hacían pocas. Ahora no encontraba cómo hacerlo; derramar gotas de dolor, vaciar las penas... nada de eso le era posible en ese momento.

Sus ojos miraban los destellos de los que tenía en frente, sus labios se movían al compas de la noche, sus manos se volvían torpes, su mente volaba... así seguía, sentada, frenando impulsos, recordando historias, creando momentos.


Aquel instante no dejó de ser una conversación. Hablaron con gestos, con palabras, con miradas, con abrazos, después de todo, nadie hurgaba en su espacio -se repetía con deseos de creerlo- pero ella lo dejó abierto para que volviera cuando quisiera, para compartir silencios y estridencias, contemplaciones; para juntos crear lugares que nadie más conociera, que ningún otro ser pudiera explorar, al que ningún otro ser pudiera acceder...

Eva se convencía de que vivir no era sufrir, de que abrirse no era darse, que estar no era anularse... esta vez comenzaba a ver la luz de un camino que quería recorrer.


lunes, 6 de mayo de 2013

El sonido, la puerta... Eva!


Se dice que el ansioso 
esconde un alma en paz, 
viajero o misionero 
va lejos mucho más 
Si miro hasta el cielo 
o dentro mío, no sé, 
ya nada importa mucho 
si puedo con sinceridad 
saber que lo intenté 

Viajé por tantos lados 
en la imaginación 
estamos siempre andando 
sin tiempo ni razón; 
¿quién sabe las respuestas? 
¿quién puede elegir 
si existen diferencias? 
sabemos que hay, en cada ser 
deseos de vivir 

La brisa que acaricia 
con suavidad el mar 
y todas las gaviotas 
que vuelan sin cesar 
lo veo y lo siento 
y no lo sé explicar 
espléndido momento 
sentir llover 
y el sol nacer 
vivir y disfrutar 

Como el mar y su creciente 
va la gente al andar, 
como el viento y su corrida 
va la vida al andar 
como el sol a la mañana 
que reclama el andar, 
atesoro el momento 
vivo y siento, 
es mi intento 
y lo hago al andar!

"El Andar". ABBA

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Ya había probado todas las formas posibles para cambiar su vida, todas las limpiezas de armario, todas las noche en vela y días despierta, cambio de calzado, colores, formas, su casa, los cuadros, los recuerdos... todo cuanto pudo hacer hizo para cambiar los sentimientos que le perseguían y amenazaban con acabar cada falsa bella historia de amor que comenzaba con cada nuevo equivocado Adán.

Si Eva caminaba con la cabeza baja, en esta ocasión, lo hacía por dolor o miedo de volver a sentirlo correr por sus venas, por el temor de sentir quemar sus entrañas con otra historia fallida de entrega sin respuesta; ya no lloraba, solo suspiraba.

La vida se convirtió para ella en una gran carrera en la que se seguía por impulsos, a fuerza de no entregarse a la muerte o al olvido, ese olvido que siempre temió y que de a ratos buscaba desesperadamente. En cierta forma Eva estaba cansada de sí misma y no encontraba manera de acabar con tanto dolor y espera, con tantas ilusiones vanas y rotas, con el vacio en su cama, con los príncipes que una vez besados se convertían en sapos, con los sapos que jamás se convertían en príncipes.

Las estaciones pasaban, los escenarios cambiaban con pasmosa rapidez pero Eva era la misma que esperaba sin esperanzas y embarcada en un fatalismo que nadie lograba explicarse. Una vez más con la desesperanza que le provocaba la soledad que sentía, acompañada sólo por personas y jamás por el amor.

Le costaba dar crédito a lo que oía... esta vez no era el teléfono, fue el timbre de la puerta, imposible creerlo, nadie jamás se acercó ahí, nunca hubo interés de trasladarse hasta ese lugar; una vez más sonaba el timbre, Eva estaba tan imbuida en sus pensamientos que no alcazaba a entender cómo era posible que eso pasara...

-Tocan la puerta equivocada- pensó, mientras comenzaba a acomodarse nueva vez entre sus cojines, justo en ese momento, escuchó lo que parecía unas manos en la madera. Tres toques confirmaban la firmeza y determinación de la persona al otro lado.

-Eva... Vine por ti!- Las palabras que siempre quiso oír eran pronunciadas y no podía pararse de aquel sofá porque seguía paralizada por el miedo... el miedo que le helaba las manos, el corazón y el alma; el temor de estar a las puertas del paraíso y no saber cómo ganarlo, el temor de estar escuchando la voz de Adán y no reconocerla... o de que no fuera Adán aquel que tocaba esa puerta y darse cuenta una vez que la puerta ya estuviera abierta.

sábado, 13 de abril de 2013

Eva y el final de su viaje...




Al final de este viaje en la vida quedarán
nuestros cuerpos hinchados de ir
a la muerte, al odio, al borde del mar.
Al final de este viaje en la vida quedará
nuestro rastro invitando a vivir.
Por lo menos por eso es que estoy aquí.

Estos años son el pasado del cielo;
estos años son cierta agilidad
con que el sol te dibuja en el porvenir,
son la verdad o el fin...
Quedamos los que puedan sonreír
en medio de la muerte, en plena luz.

Al final de este viaje en la vida quedará
una cura de tiempo y amor,
una gasa que envuelva un viejo dolor.
Al final de este viaje en la vida quedarán
nuestros cuerpos tendidos al sol...

Al final del viaje está el horizonte,
al final del viaje partiremos de nuevo,
al final del viaje comienza un camino,
otro buen camino que seguir
descalzos contando la arena.

¨Al final de este viaje¨ (fragmento). Silvio Rodríguez

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En aquella mañana trató de recordar todo lo que atrajo a su pasado fatal y repetirlo para sentirse fiel a su realidad. Buscó los aromas, las palabras, los colores, el sol... su voz... pero nada correspondía a la realidad que antes era y que ahora se acababa... o iniciaba con un párrafo que por completo desconocía.

Eva caminó por la casa buscando sus flores azules y sus zapatos rojos, empuñando las llaves y colocando la cartera sobre su hombro pero nada de aquello cobraba sentido para ella ahora. Sus pies desnudos le decían que habían nuevos caminos que recorrer, unos que no reconocían el llanto, ni dolores o puntos suspensivos.

Sola, sí, sola en aquella casa pero sonreía; miraba sus pasos en el suelo recién mojado y reía, eran sus huellas. Se sentó frente al ventanal y seguía riendo. Todo aquello era extraño para ella, acostumbrada a verlo todo en un espejo falto de luces, ahora sólo luces se posaban a su alrededor.

Aquel viaje comenzaba ahí, justo en el sofá, sentada y riendo, con la seguridad de que todo obra para bien y que justo el bienestar era quien tocaba las puertas de aquel apartamento en ese mismo momento... 

Para Eva el final de su viaje era el inicio de la mejor aventura jamás vivida por ella.

martes, 26 de febrero de 2013

Eva... También mis peros


Ya estoy en la mitad de esta carretera
tantas encrucijadas quedan detrás...

Todos los altibajos de la marea
todos los sarampiones que ya pasé...

Lo que tenga que ser, que sea
y lo que no por algo será.
No creo en la eternidad de las peleas
ni en las recetas de la felicidad.

Cuando pasen recibo mis primaveras
y la suerte está echada a descansar.

Y el que quiera creer, que crea
y el que no, su razón tendrá.
Yo suelto mi canción en la ventolera
y que la escuche quien la quiera escuchar.

Ya está en el aire girando mi moneda
y que sea lo que sea.

"Sea". Jorge Drexler
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Me pasó por el lado y no me reconoció... o me hizo creer que no; una vez más con sus tacones rojos y esta vez con su pelo corto, tenía un aire distinto, no parecía Eva.

Seguí sus pasos solo para saludarle y mirar sus hermosos ojos color miel, sin embargo, la mujer que siempre lucía feliz al verme, ahora no volteaba, sin expresión, sin risas pero sin llantos.

Fui feliz al verla, su sola silueta era una poesía, lucía más delgada, su andar pausado, su perfume suave pero envolvente, su bolso y sus llaves en el lugar de siempre; aunque fuera en la distancia, Eva había vuelto a caminar y tuve la esperanza de que también hubiera vuelto a hablar.

Se quitó el cabello del rostro de manera tan lenta que no pude más que suponer que le pesaban las manos, luego percibí su cansancio, se auto-masajeaba los hombros pero yo en la distancia sonreía, nunca pensé que faltara a su espalda quien quisiera tocarla, estar cerca de su tersa piel pero viajé en el tiempo y el recuerdo, jamás vi a Eva acompañada, solo veía sus recuerdos retratados en las historias que me contaba en cada encuentro...

La felicidad de ver a Eva con sus tacones rojos era inexplicable pero... pero es como si fuera una Eva distinta, sus ojos no me regalaban sus gotas corazón, de hecho, es como si no mirara a nadie... ni nada.

Esta vez nada que contar sobre su historia pero es tuve cerca su perfume, pero vi sus tacones rojos, pero aprecié sus manos cansadas, pero vi a Eva... Caminaba!!

viernes, 8 de febrero de 2013

Eva... en silencio.

Uno se cree 
que las mató el tiempo y la ausencia. 
Pero su tren vendió boleto de ida y vuelta. 

Son aquellas pequeñas cosas, 

que nos dejó un tiempo de rosas en un rincón, 
en un papel o en un cajón. 

Como un ladrón te acechan detrás de la puerta. 


Te tienen tan 

a su merced como hojas muertas 
que el viento arrastra allá o aquí, 
que te sonríen tristes y 

nos hacen que lloremos cuando 
nadie nos ve.

"Aquellas pequeñas cosas". Joan Manuel Serrat

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Jamás pensé que la sonrisa que vi en su rostro la última vez escondiera tanto. Hoy la busqué, traté de ver de su cara, de ver ondear su pelo, de conocer ese nuevo capítulo de su historia pero sólo silencio obtuve de Eva.

Tantas preguntas sin contestar, era su cara frente a la mía, sin gestos, sin ademanes, sin cejas arqueadas, sin historias de agendas perdidas o citas canceladas, sin zapatos rojos o tenis sustitutos... no decía nada.

Traté de recordar los puntos donde se detenía a ver el sol y ahí me paré, quería provocar alguna reacción, que me moviera, que hablara de sus Adanes y edenes, sus flores, lágrimas y risas pero Eva no se movía.

Supe entonces que nada de lo que hiciera lograría hacerla reaccionar y decidí quedarme a su lado acompañándola... incluso en el silencio.

La tarde estaba en calma, el sol con sus destellos no lograron dar calidez al momento pero agradecí que allí estuviera, iluminando el instante que me parecía eterno. El silencio de Eva era algo que no entendía pero como en cada visita y decisión de su vida no pude más que respetar.

En un arrebato sujeté su mano, recibí la complicidad de su inamovilidad; no soportaba verla así, sin apretar sus llaves, sin sonrisa y sin las lágrimas que limpiaban su alma cuando la adversidad la rebosaba.

Me marché sin la historia que buscaba, Eva no habló, no escribió, no rió... ni lloró.

domingo, 27 de enero de 2013

Eva... Y su luz!


Raíz que debo a mis viejos, 
a mis hijos y a los besos, 
que me guardo y que no di. 

Raíz que busco y no encuentro, 
que vive oculta en los versos 
que no escribo y que perdí. 

Raíz de todos nosotros, 
raíz que aguarda en los ojos, 
que hacen guardia para ver. 

Raíz abierta a la vida, 
raíz hoguera y guarida, 
raíz que está por hacer.

Raíz dormida en la tierra, 
raíz que enreda mis piernas 
y me toca el corazón. 

Raíz que gana mis guerras, 
la guerra contra la guerra 
y el estado del dolor.

Raíz de toda la gente, 
raíz que esquiva la muerte, 
que me enseña dónde ir. 

Raíz que roza lo incierto, 
raíz que abrazo y me invento 
para así sobrevivir.

¿sin esa raíz 
qué será?

'Raíz'. Pedro Guerra
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Sus ojos estaban cerrados, sus manos abiertas, cabello suelto, el reflejo del sol en ellos parecía una extensión del atardecer, su silueta estaba más hermosa que de costumbre, no sabría explicar cómo se confundida con la naturaleza que la rodeaba en ese momento. Su respiración era lenta y profunda como quien disfruta de la libertad después de un largo cautiverio.

Cuando volví a ver a Eva de frente parecía otra persona; al abrir sus ojos noté un extraño brillo, al verme enmarcó sus labios con una sonrisa, no dijo nada, solo me miraba y sonreía. Me costó tanto romper su silencio, tuve miedo de ver su sonrisa desaparecer... estaba radiante, toda ella exudaba calma, paz.

Me costó bastante pero me atreví a dar el paso, -Hola Eva!- dije tímidamente, no hice preguntas. Sus ojos me comenzaron a seguir como queriendo regalarme de su paz, de su sonrisa y su ser.

Extrañamente a ella no le costó hablar. Me contó de su carrera, de ese día que probó suerte con su calzado deportivo sin tener claro dónde iba o qué buscaba.

Eva me contó que esa noche encontró motivos para llorar y lloró, para reír y rió, para desplomarse de cansancio, cosa que también se permitió; me contaba en detalle cuánto sufrieron sus manos y rodillas al caer, cómo no le importó; me contó que desde aquel día corrió con sus pies todos, con su mente y su alma. Era la primera ocasión que no iba a los lugares sin buscar edenes o Adanes, sin buscar culpables o responsables.

Seguía sonriéndome mientras proseguía su relato con marcada calma; yo no quería romper la magia del momento, después de tantos años, de tantos momentos, Eva se mostraba sin dolor, lados ocultos o historias ambiguas.

Aunque el sol se había marchado Eva seguía irradiando la misma luz, mirando con el mismo brillo en sus ojos, enmarcando su labios con esa hermosa sonrisa.

Sus pies descalzos no parecían extrañar los tacones rojos, sus brillantes ojos no se perdían en un mar de preguntas sin respuesta, el pecado original dejó de ser obsesión, los nombres se convirtieron en una mezcla de sonidos con los que iniciaba un viaje a través de las palabras y no de la predestinación.

Eva hablaba de una génesis pero a mí no me importaba, ella era feliz y era lo que importaba; los motivos eran suyos, exactamente igual que la realidad que comenzaba a vivir... una que le iluminaba los ojos y que pudo pintar una sonrisa en sus labios...

martes, 1 de enero de 2013

Eva... ¿dónde vas?

¿A dónde van las palabras que no se quedaron? 
¿A dónde van las miradas que un día partieron? 
¿Acaso flotan eternas, como prisioneras de un ventarrón? 
¿O se acurrucan, entre las rendijas, buscando calor? 
¿Acaso ruedan sobre los cristales, cual gotas de lluvia que quieren pasar? 
¿Acaso nunca vuelven a ser algo? 


¿En qué estarán convertidos mis viejos zapatos? 
¿A dónde fueron a dar tantas hojas de un árbol? 
¿Por dónde están las angustias, que desde tus ojos saltaron por mí? 
¿A dónde fueron mis palabras sucias de sangre de abril? 
¿A dónde van ahora mismo estos cuerpos, que no puedo nunca dejar de alumbrar? 
¿Acaso nunca vuelven a ser algo? 

¿A dónde va lo común, lo de todos los días? 
¿El descalzarse en la puerta, la mano amiga? 
¿A dónde va la sorpresa, casi cotidiana del atardecer? 
¿A dónde va el mantel de la mesa, el café de ayer? 
¿A dónde van los pequeños terribles encantos que tiene el hogar? 
¿Acaso nunca vuelven a ser algo? 

¿Acaso se van? 
¿Y a dónde van? 
¿A dónde van?

"¿A dónde van?". Silvio Rodríguez

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Y se olvidó de su búsqueda del Edén y de Adán. Eva estaba decidida a respirar, a ver colores, a salir, a estar presente para ella misma.

El cielo anunciaba que ya era hora. El mandarina de ese atardecer se mezclaba con el plomizo que anunciaba negrura. Un extraño color amarillento teñía todo en su entorno. Nada escapaba al encanto de un moribundo astro rey.

Las certezas de antes ahora se borraban, solo importaba la imagen en el espejo y el coraje en sus ojos. Decisión.

Calzado deportivo. ¡Extraña elección! Lejos de esos tacones carmesí que le recordaban el pecado y su incesante exploración, esa que parecía interminable; la misma que la llevó por tantas calles con el mismo nombre, por tantas plazas desiertas, la misma que le hizo ver sus límites reflejados en el mar mientras deseaba encontrar su océano.

Eva seguía amarrando las agujetas del calzado blanco y cómodo, decidida a dar ese primer paso, luego el segundo, luego el tercero... pero aun no estaba en pie, a penas amarraba los cordones de sus zapatillas de correr.

No recordó cómo había llegado hasta la puerta, cómo había bajado las escaleras, cómo había comenzado a caminar, a trotar... a correr.

Se perdió entre el amarillo, el naranja y ese extraño tinte presagio de oscuridad, de solitaria noche. Solo corría, no importaba el destino, pie detrás de pie.

Eva ya tenía muy claro que no podía escapar de ella misma. Corría para encontrarse y fue allí, en medio de la oscuridad donde halló las piezas del rompecabezas que encajaban a la perfección; no las que completaban el cuadro pero si las necesarias para comprender que el paisaje seguía en formación y que ahora se encontraba en el camino correcto.

Sonrió. Le pareció gracioso que cuando decidió ver los colores la oscuridad cobrara sentido y le abriera la puerta que tantas veces intentó atravesar.