martes, 17 de enero de 2012

Eva; su nueva vida!

Estoy aquí de paso,
yo soy un pasajero,
no quiero llevarme nada,
ni usar el mundo de cenicero.

Estoy aquí sin nombre,
y sin saber mi paradero.
Me han dado alojamiento en el más antiguo
de los viveros.

Si quisiera regresar,
ya no sabría hacia dónde,
pregunto al jardinero,
y el jardinero no me responde;
hay gente que es de un lugar,
no es mi caso…
Yo estoy aquí, de paso.

El mar moverá la luna
o la luna a las mareas.
Se nace lo que se es
O se será aquello en lo que se crea.

Yo estoy aquí perplejo,
no soy más que todo oídos,
me quedo con mucha suerte con
tres mil millones de mis latidos.

Si quisiera regresar
Ya no sabría hacia cuándo…
El mismo jardinero debe estárselo preguntando.

Hay gente que es de un lugar,
no es mi caso.
Yo estoy aquí…de paso.

“Tres mil millones de latidos”. Jorge Drexler.

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Eva parecía haber madurado, su mirada tenía un nuevo brillo. No dejaba de releer esa carta que hablaba amor, distancia y cambios pero aun así sonreía, sentada justo allí, frente al mar.

Con la fuerza misma del aire llegaban a ella las palabras de su último Adán, ese al que sin dudar quería seguir al mismo infierno si él lo hubiera pedido. Reía, lloraba y empuñaba con fuerza aquella carta.

En aquel momento cerró sus ojos. Inspiró largamente y llenó todo su cuerpo con esa sensación que solo podía causarle el olor a mar, sintió liberar todas sus cargas y llenarse de nuevas energías. Sus pies tocaban la arena pero su cabeza estaba en el cielo, su corazón en el mar.

Allí, lejos de sentir los limites que imponía el agua, se sentía libre por fin, libre para sentir amor, para soltar, para cargar, para sincerarse con su propio corazón.

No pretendió engañarse, pensó en sus zapatos rojos, esos que le hacían pensar que no había camino con final, pensó en empuñar sus llaves y hacer de cuenta que Adán jamás pronunció las palabras que deshicieron sus sueños, que esa carta nunca había llegado, recordó la luz que solía languidecer al final del pasillo avisando que era el momento de abrir aquella agenda otra vez.

Eva tenía un motivo distinto para aferrarse a su destino, quizás un nuevo destino que la llenaba y atemorizaba por igual. Jamás estaría sola, nunca más la incertidumbre de descubrir si un diferente Adán llegaría y se convertiría en el indicado. A este desconocido ya lo amaba aun sin verlo, sin tocarlo… sin haber hecho más que sentirlo crecer dentro de ella.

martes, 20 de diciembre de 2011

Carta a Eva

Te recuerdo Amanda
la calle mojada
corriendo a la fábrica donde trabajaba Manuel.

La sonrisa ancha, la lluvia en el pelo,
no importaba nada
ibas a encontrarte con él…

Son cinco minutos
la vida es eterna,
en cinco minutos.

Suena la sirena,
de vuelta al trabajo
y tú caminando lo iluminas todo,
los cinco minutos
te hacen florecer.

“Te recuerdo Amanda” (Fragmento). Víctor Jara.

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Mi amada Eva:

Creo que tenemos más tiempo sin comunicarnos del que juzgo prudente, esas cosas suelen pasar cuando queremos ocultar cosas o gritarlas con tal fuerza que no necesiten confirmaciones verbales o escritas, sin embargo, mi querida, espero que jamás dudes cuánto te he extrañado.

No sé por dónde comenzar, ojalá pudieras ver mis ojos y leer mis penas y alegrías pero las fotografías no nos brindan esa oportunidad. Yo siempre he sido tan diferente a ti en eso de expresar los sentimientos. Debo confesar que te he envidiado; tú tan libre, bella, amada y con el coraje de siempre buscar algo mejor, no todos podemos hacerlo con el desenfado que tienes, la fuerza con la que te entregas, la sinceridad con que andas por la vida sin pretender dañar, sin más ánimo que el de brindar una sonrisa franca a quien la necesite y hasta a quién no.

¡Ay! mi Eva, mi vida sigue llena y mi corazón vacio, mis caminos largos y mis pasos cortos. Por unos minutos quise calzar tus zapatos, tan altos y llamativos como llenos de experiencias, siempre pensé que eran capaces de impulsar al más torpe caminante por una senda interesante.

¿Sabes Eva? Hay muchas cosas que se agolpan en mi pecho y no logro pronunciar, siempre ayudaste a mi libertad pero hoy estas lejos y no logro evitar sentirme presa en ocasiones. No lo negaré, sentí cierta ira cuando te vi buscar nuevos caminos, experiencias, amores, tu habilidad de sufrir desamores sin que en ello se te gastara la existencia, te alejabas tanto y yo sin poder moverme.

Hoy veo hacia atrás y más que a mí te he visto a ti, he tratado de descifrar tu silueta de pie frente al mar, transparente y feliz … mis recuerdos son tan vívidos, me parece ver el brillo de tus lágrimas y oír tu voz entrecortada mientras tratabas de entender las cosas que pasaban a tu alrededor.

Quise con esta carta contarte qué ha pasado en mi vida pero, mi niña, no pude más que verte en mis recuerdos, que sentirte en mis latidos, extrañarte con cada tecla que pulso. Los días pasan y nos volvemos cobardes, conformistas, nos ocultamos de todo… pero tu mi nena… tu no, eres tan fuerte que asustas, tan llena de vida que no puedes más que repartirla por doquiera que andas.

Eva, ¿recuerdas aún cuando éramos tan unidas que lográbamos pensar igual? ¿Cuándo no necesitamos preguntarnos nada porque sabíamos cuales serían las respuestas? Alguien pudiera pensar que era aburrido pero tendrían que conocerte para saber cómo eres capaz de llenarlo todo con tu luz, con tu magia.

Aunque estemos distanciadas te recuerdo y te abrazo. Desde mi orilla veo las estelas en el mar y pienso en que son parte de tu esencia, que de alguna forma no te me has ido, que te llevo en mi alma… porque ahí te guardo… como se guarda ese rayito de luz que llega y alegra una mañana o el que se va y hace inolvidable una tarde… como se guarda un pedazo del propio corazón.

¡Gracias por darme un poco de tu luz!

jueves, 20 de octubre de 2011

Martillo, madera y... muchos clavos

Algunas veces, mejor no preguntar,
por una vez que algo sale bien,
si todo empieza y todo tiene un final,
hay que pensar que la tristeza también

Se va,
se va,
se fue…
"Se va, se va, se fue..." (Fragmento). Jorge Drexler
 
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Hace años (decir cuántos seria una indiscreción) escuché una historia que me marcó de manera definitiva. En la misma un joven, con serios problemas de ira, era aconsejado por su padre para que aprendiera a canalizar sus momentos difíciles.

Años más tarde los problemas comenzaron a agravarse, el (ya no tan) joven comenzó a agredir a las personas sin percatarse en ocasiones de lo que hacía y fue entonces cuando acudió a su padre en busca de solución a su problema.

Una vez concluida la conversación el (ya no tan) joven se dirigió a una tienda y se hizo de un martillo, clavos y una pieza de madera que cubría una pared por completo. Seguía al pie de la letra los consejos de su progenitor. –Pon un clavo en la madera por cada impulso violento que sientas hacia alguien, no importa si es solo verbal, igual coloca un clavo por cada palabra hiriente que llegue a tu cabeza- eran las palabras que seguía sin lograr entender del todo.

Hizo falta poco tiempo para que la madera careciera de espacios para nuevos clavos, sin embargo los impulsos no disminuían, así que, atormentado fue nueva vez donde su padre en procura de consejo. La respuesta fue tan intrigante como el extraño ejercicio anterior: - con cada impulso de disculparte por el daño causado quita un clavo de la madera-.

Aunque los clavos no fueron removidos con la rapidez con la que fueron puestos, al cabo de un tiempo no quedó clavo alguno. Por tercera ocasión estaba frente a su padre con la esperanza de entender el misterio de los clavos y la madera; la respuesta esta vez fue clara.

"Cada agravio es un hueco que no puedes componer más, sin importar qué pase; puedes pulir la madera, tratar de rellenarla pero nunca será la misma. Piensa si esa es la marca que quieres dejar… aunque retires el clavo la madera no será como fue". El (ya no tan) joven entendió, igual yo.

Desde ese día medito sobre las consecuencias que tendrán mis acciones y sus efectos en los demás. Ha sido útil (aunque no fácil) aprender a no herir, esperar a que la tormenta pase y justo cuando sople la cálida brisa de tranquilidad hablar con el amor de mi corazón y no con la ira de mi cabeza.

Sigo en el proceso de aprendizaje…

¡¡Pásenla bien!!

domingo, 9 de octubre de 2011

Ya no habrá domingos…

Corazón de cristal,
que no he visto dos veces
brillar de la misma manera..

Corazón fugaz,
por tu cuerpo y tu mente
la luna pasea y pasea..
Por la misma senda que el amor abrió,
la pena camina.

¿Dónde vas? Quédate junto a mí,
corazón tempestad,
corazón desmesura.
No soy más que un eterno aprendiz,
que si no está contigo
se ahoga en su propia cordura.

Pero el tiempo pasa
y el dolor también te enseña el camino...

Corazón de cristal.
Corazón de quimera.

“Corazón de Cristal”. Jorge Drexler

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Inevitablemente en las últimas semanas los recuerdos nostálgicos me han invadido, han golpeado los flancos y algunos se han anidado con tal fuerza que no he podido desprenderlos de mí.

Los juegos de rayuela, los chistes de los primos, lo vestidos adornados con flores multicolores ya no estarán más en nuestras vidas, al menos no de la misma forma…

La gente que amamos enferma, los matrimonios que nos inspiraron se acaban, la gente ya no viste sus galas en domingo para sentarse en las terrazas y compartir las anécdotas de su semana siempre ocupada, complicada pero de alguna forma feliz.

Todo tiempo pasado fue… eso… pasado.

No es que sea de las que piensa quedarse estancada pensando que nunca seriamos adultos, que jamás tendríamos que recurrir a los susurros para hablar de temas oscuros que podían empañar los días mágicos de los más pequeños de la casa… pero es difícil pensarlo en ocasiones.

Hace unos días visitaba la casa a la que solía ir cuando era niña y ver a toda la familia reunida. Entristecí porque ya no le adornaban los árboles, los colores, la magia del pasado. Los primos no estaban, nadie se preocupaba porque nuestra ropa no se ensuciara con las cosas que comíamos descuidadamente. “Ya eres toda una mujer”, repetían todos sonriendo como si fuera todo un logro.

De a ratos quería que fuera diferente, oír a los primos pelear por la única bicicleta que había en el patio, rabiar porque no le dejaban ensuciar su ropa de domingo, llorar porque acababa la hora de juegos.

Con el paso de los años quisimos que los amigos llenaran esos momentos de domingo y lo logramos… pero todo tiempo pasado fue… eso… pasado.

Los amigos también se han complicado con sus propias historias, retos, susurros. En domingos como este quisiera oir a mami diciendo que es la hora del desayuno mientras acaricia mi cabello y oler su perfume mezclado con algo exquisito que llega desde la cocina, hablarle de las cosas que haremos porque es el día de la felicidad, de ver su rostro reír y llorar, de compartir la magia de 24 horas que no quiero ver terminar.

Ya no habrá más momentos mágicos como aquellos, lo sé. Habrá otros… pero aquellos jamás volverán.

Ya no habrá más domingos como aquellos.

martes, 30 de agosto de 2011

Eva... Monocroma

Nuestra primera intención
era hacerlo en colores:
una acuarela que hablara
de nuestros amores.

Un colibrí polícromo
parado en el viento,
una canción arcoíris
durando en el tiempo.

El director de la banda
silbando bajito
pensaba azules y rojos
para el valsecito.

Pero ustedes saben, señores,
muy bien cómo es esto;
no nos falló la intención,
pero sí el presupuesto...

Fuimos quitando primero
de nuestra paleta
una mirada turquesa
de marco violeta.

Luego el carmín de las flores
encima del piano,
una caída de sol
cuando empieza el verano.

Todo los tipos de verde
de una enredadera...
Ya ni quedaban colores
para las banderas.

Nuestra intención ya no fue
más que un viejo recuerdo
y esta canción al final
se quedó en blanco y negro.

En blanco y negro
esta canción
quedó en blanco y negro
con el corazón,
en blanco y negro,
nieve y carbón,
en blanco y negro,
en technicolor,
pero en blanco y negro..

“Dos colores blanco y negro”. Jorge Drexler.

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Era imposible con ella… todo se volvía drama. Después de un tiempo las flores de la primavera comenzaban a marchitarse y Eva volvió a sus noches de insomnio.

Su estomago revuelto recordaba cada instante de emociones ya fugadas, la furia inexplicable de sus encuentros, otra entrega 'para siempre jamás'… el mismo maldito vacio al final del capítulo.

Nunca se vio como prostituta porque le asistía el derecho a buscar su felicidad de la única forma que conocía… abriendo las piernas, aunque mientras mojaba su sexo secara su alma; así se defendía de cualquier posible reproche, aunque proviniera de ella misma. Mientras más empeño ponía en sentir placer dejando fluir los gemidos que le provocaban el momento, su interior se iba quedando sin palabras.
Tenía tantos puntos suspensivos, tantos cabos sueltos, el horror de su voz que se perdía en el bullicio de gritos sin pudor… la sensación de que algo de color faltaba aún. Aun los payasos tristes tenían su nariz roja, el cine en blanco y negro su sepia, los grises de días nublados conseguían el rojizo de los atardeceres cuando el sol se acercaba pero Eva aun no encontraba el tono adecuado, uno duradero, único y creado para ella.

No más Adanes, no más ilusiones de las que calentaban su cama y helaban sus días.

– ¿Pero qué coño es lo que busco?- gritó sin querer contenerse, sin importar quien escuchaba o se sentía herido porque la magia del silencio se había roto. Eva miró un espejo que parecía reflejar a alguien más. Descubrió con bastante agrado que su voz había vuelto, clara y firme, no había vacilaciones en ella.

Sin embargo, no tuvo la misma fuerza y determinación para darse una respuesta.

jueves, 18 de agosto de 2011

Eva y su azul...

Envidia,
tengo envidia de los valles,
de los montes y los ríos,
de los pueblos y las calles,
que has cruzado tú sin mí.

Envidia,
tengo envidia de tus cosas,
tengo envidia de tu sombra,
de tu casa y de tus rosas,
porque están cerca de ti.

Y, mira si es grande mi amor,
que cuando digo tu nombre,
tengo envidia de mi voz.

Envidia,
tengo envidia del pañuelo,
que una vez secó tu llanto;
porque yo te quiero tanto
que mi envidia es tan sólo amor.

Envidia, envidia,
tengo envidia,
y es de tanto amor.

“Envidia”. Hermanos García Segura.

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¿Cómo negar el dulzor que sentía su paladar al despertar? ¿Cómo descubrir si aun dormía después de sentir ese extraño éxtasis que la invadía?

Esta vez sonreía al mirar el techo, con los primeros rayos de sol que se escurrían por sus cortinas verdes mientras se incorporaba y descubría un nuevo color en su desnuda anatomía. Eva había desnudado más que su cuerpo esta vez; dejó salir la felicidad reprimida por tanto tiempo y no se preguntó cuánto duraría aquel tintinar de campanas en el aire.

Por alguna razón no quiso vestirse. Se sentía cómoda con el viento rosando cada parte de su piel, corrió todas las cortinas para que el sol y el viento la tocaran sin sentir pudor alguno. Sentía libertad y quiso disfrutarla.

Recorrió la casa sin calzar sus pies y sus ojos se posaron en una mesa al centro de la habitación. Un arreglo de rosas azules del que no logró apartar sus ojos.

Eva tenía la manía de investigar el significado de toda muestra de afecto posible, así que sabia al dedillo qué querían decir los chocolates por su forma y color, el incienso o las velas por la esencia que le acompañaban, los anillos por su color y tamaño de las piedras pero nada la cautivaba más que el significado de las flores.

La perennidad y sutileza de la naturaleza lograban cautivarla más allá de lo imaginable… -Rosas azules- pensaba. Confianza, armonía y afecto era justo lo que sentía en ese instante en el que el suave viento tocaba su piel, la luz de un sol de mañana le alegraba el momento y unas rosas eran el punto final a los sentimientos que por tanto tiempo le atormentaron.

Como una chispa que incendia todo alrededor obtuvo la respuesta que necesitaba.

Eva se convenció de que ya no era necesario pensar más en el Adán que la acompañara a morder el fruto prohibido. Este era el período azul, color que adornaba a su príncipe y sus rosas.




martes, 9 de agosto de 2011

La hermana de Eva

Desde mis ojos que miran,
desde mis manos que tocan,
desde mi lengua y mi boca
doy fe de vida.

De vida por todas partes,
de vida por dondequiera,
de cualquier modo y manera,
a pesar de los pesares.

Desde los sueños pendientes
y los fracasos cumplidos,
la memoria y el olvido
dan fe de vida.

En las luces y en las sombras,
con su miel y su vinagre,
a mi espejo miserable
viene a mirarse la vida.

Vida…vida de mi vida,
vida que da vida,
vida... vida que apresa,
vida que ríe,
vida que besa,
vida... vida bienvenida,
vida que convida,
vida... vida que duele,
vida que mata,
vida que muere,
vida... vida compañera,
vida por bandera,
Vida.

“Fe de vida”. Joan Manuel Serrat.

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* Es un honor para una servidora compartir en este blog esta colaboración. Gracias a "Luna".
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Luna, sentía ahora el sol que dejaba escapar Eva. Se aferraba con verdadero desenfreno.

Tomar… dejar…. Ese era el mundo de ambas…

Experiencias…. Ansiedades de otros…. Somos un colchón que todo lo sabemos…. hasta el olor de la baba, eso le repetía constantemente Luna a Eva.

Toda esa sabiduría podía ser aplicada, pero NO, preferíamos ser colchón, escuchar…atender….demorar la salida….cerrar las ventanas laterales… las puertas de atrás… aferrarnos a algo que sabemos solo durará lo que una escapada.

Eva y Luna se sientan y en un café vuelven a tomar y a dejar.

Toman el amor que dejó el último, el olor a baba del primero que uso la habitación, las experiencias de todos….

Y, al final del día o la noche, cuando a Eva se le escapa el sol y lo toma Luna, las dos renacen para volver a escuchar.