miércoles, 20 de enero de 2010

Prisión por decisión

Y póngase el calcetín, paloma mía,
y véngase a cocinar el nuevo día.
Todo esta listo, el agua, el sol y el barro,
pero si falta usted no habrá milagro.

Si le falta usted
a un mundo enfermo y con canas,
quién va a hacerle la cama
y quién le peinará la frente
y quién le lavará la cara.
Si falta su risa
para echarlo a andar.
Venga conmigo y el gallo a cantar

Canción Infantil (fragmento), Joan Manuel Serrat.

Una vez más frente al computador con el deseo de llevar alguna cosa vivida o de las que simplemente ocupan o preocupan.

Sonidos bordean el ambiente, el ruido no me deja escuchar mis propios pensamientos, situación cada vez más frecuente en todos los lugares. Trato de enfocarme. Busco un espacio donde refugiarme porque necesito desesperadamente escribir. Suena el teléfono... Carlos llama -amigo con increíble capacidad para animar mis días-, temas pendientes varios, algunos agradables, otros no tanto.

Yali recuerda el compromiso de medio día; agendo cada segundo para cumplir todos los compromisos contraídos. Las noticias internas y externas me sacuden, mis compañeros me comunican sus inquietudes… es inútil, nada logro escribir para el blog.

Pienso en gente a la que recurro en caso de inercia, imposible comunicarme. Sigo mi incesante búsqueda de una musa que me ayude a cumplir con el compromiso de los jueves.

Eureka!! Descubierto he las razones de mi falta de inspiración: “Mímisma”. Por difícil que me pueda parecer llego a la terrible conclusión de que estoy “encerrada” por decisión propia.

Las razones que ahora me retraen o abstraen son las mismas que otrora fueron el motor que me movieron, entonces recordé las “tardes mandarinas y sus menjurjes” (les remito al primer artículo del blog).

Advierto que de manera individual tenemos la capacidad de movernos o detenernos. Podemos tomar las llaves pero si no la introducimos en el justo lugar que acciona el encendido y además la giramos, poco o nada es lo que haremos.

Para seguir con el símil vehicular, pisar el acelerador es una decisión que nos atañe. Aunque no estamos solos en el recorrido, somos conductores y como tal recae en nosotros la decisión de hacia dónde virar, mantener el rumbo y fijar el destino.

Después de varias horas con la intención de librarme quien sabe de que, llegué a la osadía de plantearme que hay prisiones que son opcionales, tenemos las llaves en las manos, no hay guardias que impidan la libre circulación y con todo nos quedamos en la ventana, solos y observando, inmovilizados por nuestra propia voluntad.

1 comentario:

  1. Estar prisionero es algo hasta difícil de definir. Son los peces acaso prisioneros del agua?. Si subimos a una azotea, al pasar a cielo abierto, Entramos o salimos a la azotea?
    Creo que no hay mejor enfoque de la prision que la que has hecho. La diferencia entre ser prisionero o se libre es tan simple y elemental como compleja y caprichosa es la voluntad humana.

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