¿Por qué tan lejos verte?
¿Por qué noche decir
si es medio día?
Si arde mi piel,
¿Por qué la tuya es fría?
Si digo vida yo…
¿Por qué tu muerte?
Hay …
Este quererte sin tenerte,
Este llanto ¿por qué
no la alegría?
¿Por qué de mi camino…
te desvías?
Quien me vence tal vez…
Sin ser más fuerte
Silencio...
Nadie a mi dolor responde,
Tus labios callan
Y tu voz se esconde.
¿A quién decir
lo que mi pecho siente?
A ti… François Villon…
poeta triste...
Lejana sombra que
también supiste,
Lo que es morir de sed…
Junto a la fuente.
‘Soneto’. Nicolás Guillen/ Amaury Pérez
---
Es tan curioso el sentir cuando estamos necesitados; por lo general sabemos qué es lo que el cuerpo nos pide y la forma de proporcionárselo. Si tenemos sed buscamos el agua, reza un viejo refrán que desde pequeña me ha servido para establecer cómo son las cosas en el mundo de los adultos: hay que agenciarse las cosas sin esperar que otros vengan en pos de ello.
Puedo recordar una ocasión en la que sentí un deseo casi incontenible de comer guineos (bananas) y alguien me comentó que era muy posible que mi organismo estuviera reclamando algo de potasio y recordó por sí solo la fuente más conocida o la idónea en el momento.
De igual forma ocurre con las compras en los mercados. Los que tienen la oportunidad de hacerlas, en estos difíciles momentos, saben dónde buscar los productos que requieren y hay expertos que tienen conocimiento del lugar y la fecha exactos en la que los especiales les permiten abastecerse y, de paso, agenciarse uno que otro ‘mimo’ de cuando en cuando.
Todo lo que el dinero puede comprar tiene su límite, lo expreso porque es cierto que podemos comprar caricias pero no el amor (solo para dejar el punto claro). Poco importa en realidad cómo se vean las cosas cuando en nuestro corazón reconocemos la diferencia y para ello no necesitamos grandes esfuerzos.
¿Cómo puede alguien que se pasa la vida ingiriendo líquidos ser diagnosticado con deshidratación?
En nuestro afán por engañarnos, entendemos que suplimos todas las necesidades, solo porque no está el deseo latente; así nos hacemos creer que estamos funcionando en excelente orden; en este caso, si no tenemos sed todo está bien. Es falso.
Claramente no hay impedimento alguno para consumir gaseosas o cualquier bebida que podemos comprar o conseguier al menor deseo o por simple capricho, sin embargo, en un momento determinado el cuerpo requiere agua; no jugo de limón o agua con sabor y colorante… solo agua.
Como isleña entiendo que todos en mi terruño conocen el sabor del agua en todas sus variantes, las suaves y las duras, las dulces y las saladas, las saborizadas y las insípidas… si hay algo de lo que sabemos es de agua. Cada una de ellas puede quitarnos la sed pero no con igual efectividad –según una humilde servidora- al margen de la necesidad de nuestro organismo.
No es cuestión de demostrarles cuan diestros somos los isleños en temas de agua o satisfacción de necesidades, de lo que se trata todo esto es de expresar que no todas son iguales, que no sirven a los mismos fines, que podemos tomar una queriendo otra y engañar al estomago pero no a la conciencia.
Hasta la próxima.
No hay comentarios:
Publicar un comentario