nadie la ha podido ver,
la leyenda habla de una voz sin piel
desde el cielo llora y sin querer.
Deja lágrimas caer
cuando llueve todos dicen que es Deray
La voz de la tristeza es Deray.
Nadie estuvo en el amanecer
de los tiempos pero creen
que la luna allí se enamoró de él...
Dice el viento que ella se acercó
tanto que su rostro ardió
y por eso esconde su dolor Deray.
La cara oculta de la luna es Deray
amor letal, que canta para no llorar.
Luna canta para él,
amanece y cuentan que
en los días de calor
el sol muere de pasión,
el mar son lágrimas que hizo
llover la voz de la tristeza… Deray
“Deray”. Rosana
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Esa noche Eva comenzó a descubrir cuanto puede doler el amor. Supo que su forma desmedida de entregarse no había sido la mejor decisión y en muchos casos era la razón de su perdición.
Los efímeros encuentros con sus múltiples Adanes ahora parecían desagradables escenas que, a toda costa, quería borrar de su memoria.
Por instantes deseó desvanecerse y ocultarse como el sol que se escurría frente a ella. El sol, que tantas veces provocó sus sonrisas, ahora se marchaba dejándola sola en aquella sala que parecía helarse aunque estaba en el pleno verano.
¿Cómo se mide la profundidad de un beso, el límite de un abrazo, lo que dura un amor?
Eva siempre encontraba respuestas a esas preguntas y se sorprendió en ese instante al percatarse de que eran tan variadas como los rostros de Adán que, uno tras otro, llenaban y vaciaban su vida sin reparar en formas o preguntar por sentimientos.
Por más que intentaba, la palabra ‘adiós’ nunca fue de sus preferidas, por eso dejaba abiertas puertas traseras y ventanas laterales, a sabiendas de que jamás un Adán intentaría usarla aunque sus labios siempre se despidieran con un suave ‘hasta luego’.
Aunque Eva nunca pronunció esa horrible palabra que indicaba lo finito, la despedida y el punto final del capítulo, sin embargo conocía perfectamente el sentimiento que se asomaba al llegar cada silente separación… un sentimiento muy parecido al que ahora sentía al ver escurrirse el sol.
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