Alma de inocentes
sueños,
Nadie es dueño de tus
sentimientos,
Respire suave, que el
aliento te salve.
Alma, tus encantos
son tan ciertos,
Nunca abandones un
deseo
Sin realizar un sueño
tan intenso en la realidad.
Tu corazón de
libélula,
Y amar, y amar, y
amando en la distancia,
Vuela sin llegar.
Alma de sensuales
gestos,
Espirales son tus
pensamientos,
Llena de dudas, sin
respuesta se inunda.
Cuéntame tus miedos,
Quiero ser tu
libertad, tu cielo, la eternidad.
Tu corazón de
libélula,
Llora, llora,
llorando todo el tiempo,
Alma en tempestad.
Tu corazón de
libélula,
Y ama, y ama, y
amando en la distancia, vuela sin llegar.
…de libélula,
Llora, llora,
llorando en la distancia,
Vuela sin llegar.
"Libélula". Haydee Milanés
---
Pero Eva no sabía de
límites ni distancias, su corazón viajaba tan a prisa y lejos como su imaginación.
Mientras dedicaba tiempo a la soledad no dejaba de imaginar la calidez de los días
por venir, la esperanza jamás moría en ella.
"El frío tiene
su gracia" -se repetía- le daba la oportunidad de abrigarse, de cubrirse el
alma de a ratos pero el resto del tiempo la dejaba al desnudo para dejar salir
esa persona que no podía ser con los demás. Esta vez la protección era solo
para la piel, su corazón no corría peligro, ninguna historia de épicas
consecuencias se contaba o vivía, aunque por alguna extraña razón las mariposas
no abandonaban su estómago...
'Mentirse para ser
feliz', esa frase había dejado de ser su mantra con el que se cobijó tantos
años; la fuerza y claridad de la verdad eran sus compañeras en el nuevo
trayecto. Los simbolismos del pasado de nada servían a su presente.
Eva encontró en ella
misma lo que tanto había buscado, aunque aun no lograba comprender del todo esa
sensación que experimentaba. Aun conservaba la manía de revisar todo a su alrededor
por si alguna pista quedaba oculta, algo que la llevara a conocer y dar el próximo
paso.
... Y de pronto lo
supo, el siguiente paso estaba lejos de la acción, respiró profundo y se embarcó
en su nueva empresa: sentarse a contemplar los atardeceres mandarina, los
mismos que antes dieron inquietud y que ahora podía observar con absoluta paz
desde el portal.
Al caer la tarde oía
latir su corazón, escuchaba su propia
voz y reencontraba a la Eva que tiempo atrás había perdido.
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