jueves, 6 de diciembre de 2012

Eva y su atardecer...



Alma de inocentes sueños,
Nadie es dueño de tus sentimientos,
Respire suave, que el aliento te salve.

Alma, tus encantos son tan ciertos,
Nunca abandones un deseo
Sin realizar un sueño tan intenso en la realidad.

Tu corazón de libélula,
Y amar, y amar, y amando en la distancia,
Vuela sin llegar.

Alma de sensuales gestos,
Espirales son tus pensamientos,
Llena de dudas, sin respuesta se inunda.

Cuéntame tus miedos,
Quiero ser tu libertad, tu cielo, la eternidad.

Tu corazón de libélula,
Llora, llora, llorando todo el tiempo,
Alma en tempestad.

Tu corazón de libélula,
Y ama, y ama, y amando en la distancia, vuela sin llegar.
…de libélula,
Llora, llora, llorando en la distancia,
Vuela sin llegar.

"Libélula". Haydee Milanés

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Pero Eva no sabía de límites ni distancias, su corazón viajaba tan a prisa y lejos como su imaginación. Mientras dedicaba tiempo a la soledad no dejaba de imaginar la calidez de los días por venir, la esperanza jamás moría en ella.

"El frío tiene su gracia" -se repetía- le daba la oportunidad de abrigarse, de cubrirse el alma de a ratos pero el resto del tiempo la dejaba al desnudo para dejar salir esa persona que no podía ser con los demás. Esta vez la protección era solo para la piel, su corazón no corría peligro, ninguna historia de épicas consecuencias se contaba o vivía, aunque por alguna extraña razón las mariposas no abandonaban su estómago...

'Mentirse para ser feliz', esa frase había dejado de ser su mantra con el que se cobijó tantos años; la fuerza y claridad de la verdad eran sus compañeras en el nuevo trayecto. Los simbolismos del pasado de nada servían a su presente.

Eva encontró en ella misma lo que tanto había buscado, aunque aun no lograba comprender del todo esa sensación que experimentaba. Aun conservaba la manía de revisar todo a su alrededor por si alguna pista quedaba oculta, algo que la llevara a conocer y dar el próximo paso.

... Y de pronto lo supo, el siguiente paso estaba lejos de la acción, respiró profundo y se embarcó en su nueva empresa: sentarse a contemplar los atardeceres mandarina, los mismos que antes dieron inquietud y que ahora podía observar con absoluta paz desde el portal.

Al caer la tarde oía latir  su corazón, escuchaba su propia voz y reencontraba a la Eva que tiempo atrás había perdido.

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