miércoles, 27 de abril de 2011

Partículas

Hay un universo
de pequeñas cosas
que solo se despiertan
cuando tu las nombras

Todo lo que es bello
está esperando tu mirada
tengo una caricia
que sin ti se me derrama

Hay un universo
hecho de pequeñas cosas
que vuelan sobre tu cabeza
si las soplas.

Hay atardeceres
que no acaban de ponerse
hay un mar entero
resumiéndose en tu boca.

Hay un universo de pequeñas cosas (Fragmento). Alejandro Sanz

**Creí necesaria la repetición de la canción

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Una partícula cambia todo alrededor, tiene el poder de activar alergias y también de cambiar el espectro visual cuando se posa en el ojo. Pocos perciben la diferencia de las partículas de polvo flotando en el aire, cómo reflejan la luz, cómo se posan en los objetos y comienzan su vuelo nuevamente.

Las partículas de luz hacen posible la visión, el disfrute de los colores, los matices, las formas, las texturas.

En días normales algunas personas pueden sentirse tan reducidos como insectos y no reparan en la maravilla de estar en un lugar (cualquiera que sea) y tener cosas que hacer; incluso cuando parece que no hacemos nada estamos ocupando un importante lugar en el espacio.

Ayer me detuve a ver a una mujer que estaba sentada en un parque. Era delgada, estaba bien vestida (para estar sentada en un parque), parecía ausente. Miraba extrañamente a un punto en medio de la nada; las cosas a su alrededor parecían importarle poco; un caballero paseaba a uno esos niños que desconocen el significado de la palabra silencio que me pareció imposible pasar por alto y ella simplemente no lo miraba, parecía en estado de coma pero tenía los ojos abiertos, hacía movimientos ocasionales que desviaba a ratos la idea de que podía estar inconsciente. Esa joven solo estaba ahí, con su lindo atuendo y su delgada figura posada en una esquina de un parque cualquiera.

Lo que inició como un vistazo al parque ya me había tomado casi 30 minutos. No me molesté en absoluto. La callada joven nunca se percató del tiempo que estuve ahí sentada observándola con tanta atención que el resto del parque se borró frente a mi sin que apreciara cuando sucedió.

Mi agenda estaba atrasada (nada que ver con esos minutos) y tuve que resistir la tentación de romper el momento de silencio de la desconocida y entonces pensé en las partículas. Me marché sin pronunciar palabra.

Cuando fijamos los ojos en un punto y desenfocamos la visión, ¿Qué cosas pasan por nuestra cabeza? ¿Por qué es tan difícil salir de esa abstracción?

Nos gusta pensar sin que las cosas pequeñas nos distraigan, sin embargo, aunque la situación tenga gran relevancia, importancia o valor, si queremos llegar a alguna parte, comenzamos con las partículas, esas pequeñas chispas que encienden el pensamiento y que son capaces de mover el mundo. Solo así llegamos a conclusiones enormes y tan fuertes e inquebrantables como monumentos de acero o como la palabra de un hombre honesto.

Son esas pequeñas (pequeñísimas) cosas las que dan paso a otras de gran magnitud, justo es decir entonces, que son más que necesarias – indispensables- para llegar a lo inquebrantable, imbatible e incorruptible.

Cuando nos sentimos disminuidos como un insecto pensemos en la importancia de una partícula y como ellas aprendamos a marcar la diferencia y el inicio de grandes cosas.

lunes, 28 de marzo de 2011

¿Evolución o involución de la especie?

Estás enfermo
si piensas todo el día en el sexo,
no es nada bueno, no, no,
estar hablando siempre de sexo.

Pero hay una mujer desnuda
en cada tarro de yogur,
el cuerpo que jamás soñaste,
en las hojillas de afeitar,
en la pasta de los dientes,
y a la hora de cenar,
esa mujer blanca y desnuda
que se ofrece y que se da.

...Pero hay una mujer desnuda
que te trepa por la piel
los pechos que jamás cantaste,
flotando en el café,
en el coche, en el asiento
delantero, está otra vez
esa mujer blanca y desnuda
que te vuelve del revés.

...Pero hay una mujer desnuda
dándole al bronceador
y en el frescor de la playa
y de su chicle se mastica su sabor,
una mujer desnuda,
puede haber incluso dos,
esa mujer blanca y desnuda.
¿Quién fuera de esa flor?

Estás enfermo
si piensas todo el día en el sexo,
no es nada bueno, no, no,
estar hablando siempre de sexo.

"Sexo". Pedro Guerra.

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Un fin de semana cargado de programas de televisión por ver.

Hace ya algún tiempo, en familia, el domingo era día de ejercitar la sensibilidad. Nos inclinábamos por los programas lacrimógenos; con sólo ver la introducción debíamos esconder la cara para que los demás no notaran las gotas de agua que por las mejillas resbalan. Este fin de semana en la soledad de mi habitación lo retomé.

Para sorpresa, nuevas ofertas encontré sobre el género. Tal parece que más personas están interesadas en ayudar…

… ¿Y la publicidad?, fue una de esas ocasiones en las que no me pude despegar de ciertos bloques. Cada pauta estaba cargada de hermosos y útiles mensajes sobre la honestidad, amor, paz, preservación de medio ambiente, ¡carga emotiva por doquier!

Tuve la impresión de que el fenómeno se repetía en muchos canales; imaginé a muchas personas que repetían -poniendo el corazón- la frase que hace brillar el color dorado –“yo sí creo en las hadas… creo… creo”- algo está cambiando –pensaba-.

Hago una especie de alto para reflexionar sobre el efecto y misión de la publicidad. ¿Qué otra cosa puede ser sino vender un producto? La publicidad pone intereses de unos cuantos al alcance de otros tantos, los comparan o igualan a cosas agradables y terminamos convencidos de que es la mejor opción para el consumo o emulación… no hay más que decir a no ser aumento de ventas o cambio de conducta.

Sin embargo en este lunes no tengo ese concepto tan claro.

Después de integrarme a la cultura del zapping un fin de semana, de ver la programación de varios canales nacionales y del sistema de cable, tuve la impresión de que sus contenidos son parecidos (mayor o menor calidad); todos procuran entretenernos y cada vez más se suman en la ola aportar mensajes para “cambiar” las cosas que no están bien en nuestro entorno, hacer conciencia de los problemas apremiantes, de la necesidad de hacer de los buenos valores nuestro estandarte. Fue increíblemente edificante, me pareció que ahorcábamos los hábitos para bien, que como ciudadanos del planeta tierra estabamos unidos y cambiando.

Este lunes he vuelto a la dura realidad. Los periódicos anuncian heridos, riñas, alcoholizados que no meditan en sus actos, incremento de la violencia, menos tolerancia y más corrupción que la dejada el viernes cuando me desconecte de los noticiarios y sus malas nuevas...

Sin lugar a dudas veo que hemos avanzado; ya sabemos distinguir lo estético de lo grotesco, lo que vende de lo que no y separar el mensaje del producto. Así pues, consumimos más alcohol pero compartimos menos, usamos más preservativos pero de manera menos responsable, compramos bolsos con materiales reciclados pero dejamos el agua correr en nuestros hogares, usamos una entidad bancaria pero poco o nada nos importa de dónde provienen los recursos que en ellos depositamos siempre que sean abundantes.

Vaya que hemos avanzado… o ¿Será el que estamos presenciando el descubrimiento de una nueva especie que bien puede llamarse Homo Stupidus?

Honestamente guardo esperanzas de no sea el caso.

miércoles, 9 de marzo de 2011

De rodillas

No somos más
que una gota de luz
una estrella fugaz
una chispa tan solo en la edad del cielo
No somos lo que quisiéramos ser
Solo un breve latir
en un silencio antiguo con la edad del cielo

No somos más
que un puñado de mar
una broma de Dios
un capricho del sol
del jardín del cielo
no damos pie entre tanto tic tac
entre tanto big bang
solo un grano de sal
en el mar del cielo

Calma, todo está en calma
deja que el beso dure
deja que el tiempo cure
deja que el alma
tenga la misma edad
que la edad del cielo

‘La Edad Del Cielo’. Jorge Drexler

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De pronto me sorprendí recogiendo mi habitación. Muchas cosas por doquier. De manera inexplicable estaba buscando en los rincones, una vez quedaron limpios aun sentía que faltaba algo.

Después de dar unas vueltas a solas y en silencio, volví a entrar en mi habitación, tenía una apariencia impecable, sin embargo algo seguía inquietándome al respecto. Pasé unas horas dedicadas a distraerme, un concierto especial, una copa de vino y cuando pretendía que las cosas ya estaban completamente en orden un espacio justo al centro de la habitación llamó mi atención: mi cama. Tendida, con sabanas limpias y suaves, Teddy aguardaba a que me acostumbrara a la idea de no dormir sola.

Esa era mi cama, la conozco muy bien. En ella he dormido mis mejores sueños y una que otra pesadilla; aunque, en ocasiones, no logro recordar los sueños, las pesadillas suelen perseguirme. Mi lugar de descanso, de desvelo, pensamientos, planes… ¿Por qué llamaba ahora mi atención? ¿Qué había diferente? Al parecer nada.

Sacudí mi cabeza y me fui al sofá, miré a través del portal, ya era tarde y el sol se escurría igual que la botella de vino que inadvertidamente había consumido casi por completo. Estaba en silencio y por un momento sentí que era música lo que me hacía falta, me puse en pies, no lo dudé un segundo, el único que podía acompañarme era Frank. ‘I’ve got you under my skin’… me dijo al oído.

Frank me dedicó otras más pero su encanto de siempre no me apartó de la sensación de que aún me quedaba algo pendiente, así que, tan amablemente como me fue posible en esas circunstancias, lo despedí y volví a mi habitación; nueva vez mi cama, ella era la única que llamaba por completo mi atención.

No tuve más opción que enfrentarla, me paré frente a ella, quería oír lo tenía que decir. Recordé las teorías, ‘si quieres mantener una buena comunicación ponte al nivel de tu interlocutor’- dicen-; me puse de rodillas entonces para escuchar mejor, poder hablarle y que me entendiera. Apenas lo hice comprendí todo.

Sin dilación me mostró algo que salía debajo de ella, puse mi cabeza aún más baja, allí estaba, todo el desastre que había escondido bajo ella. Sonreí.

Se había acabado el vino en la botella, pasaba de la media noche, ya no tuve pendientes, todo estaba arreglado, no había reclamos y me sentí con fuerza para decirle a Teddy que se tomara tiempo libre.

Era una linda noche y quería dormir sola.

jueves, 3 de marzo de 2011

Haciendo mi tarea

Las penas se van
y vuelven a estar
ancladas en un mar
que suele callar;
tus lágrimas
tu devoción
un pez que vence todo su temor
para existir
y descubrirse cada día más.

Intenta amar
un trozo de ese mar;
inunda mi paz
la inmensidad
de esta verdad.

El tiempo se va
muy lejos atrás,
y ahora estoy
y también soy
el hombre que busca una razón…

“Intenta Amar” (fragmento). Beto Cuevas - Aldo Nova

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Hay ocasiones en las que no basta con saber lo que sabes, con mentalizar, recitar, rescatar todas las teorías que conoces o inventar algunas con la intensión de mantener tus pies anclados en tierra.

Unos días atrás hice un ejercicio revisando todos los escritos del blog. En el trayecto noté que revelo mucho de mi estado anímico (sin intención la mayoría de las veces) pero también que hay estados cíclicos. Mientras leía recordaba los sentimientos que motivaron las reflexiones (por no decir catarsis) y más allá de lo perceptible pude detenerme en un algo latente desde el inicio de este espacio: la sensación de que algo falta, también la sospecha de que un grande cambio vendrá.

Hasta cierto punto es saludable sentir que no estamos completos; si todo tendríamos, poco valor le daríamos -(¡Vaya! un verso sin esfuerzo)- ¿Qué sentido tendría la vida, si lo único interesante que pasara fuera despertamos y observar que nada nos falta? ¿Dónde estaría el reto, el dolor y el desgarro por alcanzar eso que percibimos en la línea de lo imposible?

Conocer la verdad y ser lógicos sólo nos complica. Al momento del problema nos preguntamos por qué hacemos mal las cosas si conocemos las respuestas. Es como reprobar un examen cuando las respuestas están en nuestra mente, tan arraigadas que las repetimos como frases de alfabetización: ‘amo a mamá’, ‘mi mamá me ama’.

Ojalá todo se resumiera en teorías y recitales básicos de frases simples.

Aceptar que la solución poco o nada tiene que ver con teorías que se leen o releen en libros y folletos , ni visitando un terapeuta no es sencillo. Salir de los círculos viciosos y hacerlos virtuosos tampoco lo es.

Quizás todo es más complicado porque así lo hacemos (es solo un pensamiento al aire). Todos hablamos siempre de círculos pero es que nunca sabes donde comienzan, menos donde tienen su final… todo se junta, se aglomera y a la vez se aísla, es confuso para mí. Los círculos de amigos, familiares, laborales, estudiantiles, etc., etc., etc.

Algún amigo que haya visitado mi casa pensará que se trata de un tributo a mi espacio lleno de cuanto objeto cuadrado he podido encontrar… no lo es. Es una invitación que me estoy haciendo y la comparto con ustedes: olvidémonos de las respuestas que creemos poseer o saber de memoria y deshagamos los círculos para que en lo adelante sean espirales.

viernes, 25 de febrero de 2011

Espero mi muerte!

Cambia lo superficial
cambia también lo profundo
cambia el modo de pensar
cambia todo en este mundo
cambia el clima con los años
cambia el pastor su rebaño
y así como todo cambia
que yo cambie no es extraño

Cambia el más fino brillante
de mano en mano su brillo
cambia el nido el pajarillo
cambia el sentir un amante
cambia el rumbo el caminante
aunque esto cause daño
y así como todo cambia que yo cambie no extraño

Cambia todo cambia

Cambia el sol en su carrera
cuando la noche subsiste
cambia la planta y se viste
de verde en la primavera
cambia el pelaje la fiera
cambia el cabello el anciano
y así como todo cambia
que yo cambie no es extraño

Pero no cambia mi amor
por mas lejos que me encuentre
ni el recuerdo ni el dolor de mi pueblo y de mi gente
lo que cambió ayer
tendrá que cambiar mañana
así como cambio yo en esta tierra lejana

“Cambia todo cambia”. Mercedes Sosa

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Hoy pasaron muchas cosas, más de las pude manejar antes de las 6 de la mañana. Un choque de auto, un ataque de asma, faltó quien hace llevadera mis mañanas (no me gustó su suplente), tristeza, ira, preocupación, impotencia.

No sé cuantos lo saben, así que aquí debo decir que parte de mi trabajo es dar la cara en horas tempranas de la mañana y decir a todos que, aunque el mundo parece estar acabándose, la vida prosigue y puede que hasta mejore. Hoy no pude lograrlo.

Pudiera continuar mi reflexión, que bien puede ser confesión, diciendo alguna frase de Gandhi como ‘Nosotros mismos debemos ser el cambio que deseamos ver’, porque por lo general exhorto esas cosas en este espacio. De una u otra manera me agrada pensar en polvos mágicos que nos hacen volar y ver lo sublime y etéreo que puede ser el momento… por ahora no es posible.

La vida está llena de retos, algunos más complicados que otros, nuestro deber es siempre encararlos y sobreponernos a todos los sentimientos que vienen con ellos y seguir a la próxima valla para saltarla, en el trayecto no hay qué pensar a no ser la estrategia para dar el próximo salto tan alto como se necesita y caer (porque lo haremos) de manera tal que podamos seguir a la siguiente con una técnica más depurada.

Hoy, justo hoy y no ayer, pienso que de alguna forma me quiero detener en medio de la pista, no impulsarme más, no seguir tratando. Ya no hay sentido en nada. Amanece y oscurece, me caigo y levanto, entro y salgo del pozo, duermo y despierto, pierdo y encuentro, sin embargo no hay más sentido en las cosas (¿has tenido días así?). ¿Cuál es el fin de todo esto? Algunos plantearían que no hay más razón que la perpetuidad de la especie (que aburrido); según una servidora, sería menos dañino apegarnos a la idea de que procuramos la trascendencia mas allá de la inmanencia (fastidiosas clases de filosofía y sus términos raros); nadie puede decirnos ¿A qué vamos? ¿Qué encontramos tras la última barrera?

Si podemos afirmar que no todos buscamos lo mismo, es justo y hasta lógico entender que todos encontraremos algo distinto.

‘Lo bueno de estar en el suelo es que ya no podemos caer más bajo’, es parte de la sabiduría popular que nos sirve para impulsarnos, salir del abismo, y dejar de autocondenarnos al ostracismo en esos momentos tan oscuros y carentes de sentido.

Algunos se estarán preguntando si estoy a mitad de la pista esperando que me arrolle el encargado de limpieza o si me quedé en el suelo para que un tractor con conductor descuidado disponga de mi destino. La respuesta es no. Sin embargo no deja de ser cierto que estoy esperando mi muerte.

Para nacer hay que morir, esa fue la enseñanza del Maestro Jesús y justo lo dijo a un hombre que lo visitó en la clandestinidad, evitando quizás la vergüenza o, quizás, petrificado por temor a algo que desconocemos.

Antes y después de Jesús, pensadores hablaron de la espera y de cambios radicales. Muchos coincidieron en decir que si requerimos un gran cambio debemos operar en él y no esperar sólo por esperar (al menos en las versiones que me agrada leer). Así que espero morir a tantas situaciones y nacer con tolerancia y abierta al cambio que comenzó a operar… que siempre puede ser mejor.

“El progreso es una bonita palabra. Pero el cambio es su motivador. Y el cambio tiene sus enemigos”. Robert Kennedy

lunes, 21 de febrero de 2011

Todos sabemos

Cerca de ti,
¿Por qué tan lejos verte?
¿Por qué noche decir
si es medio día?
Si arde mi piel,
¿Por qué la tuya es fría?
Si digo vida yo…
¿Por qué tu muerte?

Hay …
Este quererte sin tenerte,
Este llanto ¿por qué
no la alegría?
¿Por qué de mi camino…
te desvías?
Quien me vence tal vez…
Sin ser más fuerte

Silencio...
Nadie a mi dolor responde,
Tus labios callan
Y tu voz se esconde.
¿A quién decir
lo que mi pecho siente?

A ti… François Villon…
poeta triste...
Lejana sombra que
también supiste,
Lo que es morir de sed…
Junto a la fuente.

‘Soneto’. Nicolás Guillen/ Amaury Pérez

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Es tan curioso el sentir cuando estamos necesitados; por lo general sabemos qué es lo que el cuerpo nos pide y la forma de proporcionárselo. Si tenemos sed buscamos el agua, reza un viejo refrán que desde pequeña me ha servido para establecer cómo son las cosas en el mundo de los adultos: hay que agenciarse las cosas sin esperar que otros vengan en pos de ello.

Puedo recordar una ocasión en la que sentí un deseo casi incontenible de comer guineos (bananas) y alguien me comentó que era muy posible que mi organismo estuviera reclamando algo de potasio y recordó por sí solo la fuente más conocida o la idónea en el momento.

De igual forma ocurre con las compras en los mercados. Los que tienen la oportunidad de hacerlas, en estos difíciles momentos, saben dónde buscar los productos que requieren y hay expertos que tienen conocimiento del lugar y la fecha exactos en la que los especiales les permiten abastecerse y, de paso, agenciarse uno que otro ‘mimo’ de cuando en cuando.

Todo lo que el dinero puede comprar tiene su límite, lo expreso porque es cierto que podemos comprar caricias pero no el amor (solo para dejar el punto claro). Poco importa en realidad cómo se vean las cosas cuando en nuestro corazón reconocemos la diferencia y para ello no necesitamos grandes esfuerzos.

¿Cómo puede alguien que se pasa la vida ingiriendo líquidos ser diagnosticado con deshidratación?

En nuestro afán por engañarnos, entendemos que suplimos todas las necesidades, solo porque no está el deseo latente; así nos hacemos creer que estamos funcionando en excelente orden; en este caso, si no tenemos sed todo está bien. Es falso.

Claramente no hay impedimento alguno para consumir gaseosas o cualquier bebida que podemos comprar o conseguier al menor deseo o por simple capricho, sin embargo, en un momento determinado el cuerpo requiere agua; no jugo de limón o agua con sabor y colorante… solo agua.

Como isleña entiendo que todos en mi terruño conocen el sabor del agua en todas sus variantes, las suaves y las duras, las dulces y las saladas, las saborizadas y las insípidas… si hay algo de lo que sabemos es de agua. Cada una de ellas puede quitarnos la sed pero no con igual efectividad –según una humilde servidora- al margen de la necesidad de nuestro organismo.

No es cuestión de demostrarles cuan diestros somos los isleños en temas de agua o satisfacción de necesidades, de lo que se trata todo esto es de expresar que no todas son iguales, que no sirven a los mismos fines, que podemos tomar una queriendo otra y engañar al estomago pero no a la conciencia.

Hasta la próxima.

viernes, 11 de febrero de 2011

Eva y su paraíso

Alma mía sola, siempre sola,
sin que nadie comprenda tu sufrimiento,
tu horrible padecer;
fingiendo una existencia siempre llena
de dicha y de placer,
de dicha y de placer...

Si yo encontrara un alma como la mía,
cuantas cosas secretas le contaría,
un alma que al mirarme sin decir nada
me lo dijese todo con su mirada.

Un alma que embriagase con suave aliento,
que al besarme sintiera lo que yo siento,
y a veces me pregunto qué pasaría
si yo encontrara un alma como la mía.

“Alma mía”. María Greever

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Los días parecían de eterna primavera con flores, sueños y pájaros que revoloteaban por doquier. Eva por fin tenía la tranquilidad que siempre quiso y un poco más.

Tumbada en su cama meditaba cada mañana al menos cinco minutos antes que el despertador le diera la orden de levantarse. Todos los días, sin dilación, abría las puertas de su closet y no dudaba al ponerse una indumentaria, sentía que todo le quedaba, que su rostro estaba resplandeciente y que todos parecían notarlo… los días eran mágicos.

Eva había aprendido a vencer la inercia que sentía desde que tenía memoria. Se estaba volviendo ágil en su andar. Sentía libertad para caminar, entrar y salir sin la opresión que la acompañaba junto al temor de perder su espacio.

Ella, tan acostumbrada a programar minuciosamente los puntos de su agenda, usaba solo su memoria e imaginación para coordinar su día y así consiguió ir más allá de lo que jamás pensó.

Extrañamente descubrió que la soledad le sentaba bien, que las cosas por ser diferentes no son desagradables. Tomarse tiempo, marcar terreno, mantenerlo a salvo, imponer límites, todo era parte de aquella nueva Eva que ella misma iba conociendo y que cada vez le gustaba más.

Esa mañana recibió una invitación, Adán quería que ella se quedara en el paraíso con él... se sintió desvanecer. Ese no el príncipe de sus quimeras. No tenía el porte, ni la historia romántica tras de sí, no era un retrato de Adonis, tampoco hablaba palabras románticas con acento francés… pero era Adán y le pedía comer del fruto, quedarse en su extraño paraíso justo cuando Eva necesitaba abrigo y alimento.

Esa noche empuñó sus llaves nueva vez, calzó sus pies con los tacones rojos olvidados en el closet y salió a deshacer el mundo que había creado, sintió tanto miedo de romper su imagen ideal que prefirió ir y demostrarse que esa clase de felicidad no era para ella.

De su reciente Adán no supo más, él se negaba a verla desaparecer y presenciar su horrible hábito de sufrir.

Eva se quedó con la impresión de haber dejado ir las palabras que siempre quiso pronunciar, parecían siempre escurrirse por su culpa, ya nunca escucharía una voz dulce, como bajada del cielo que pronuncie para ella "…Y fueron felices por siempre…".