viernes, 31 de diciembre de 2010

Estadísticas

Ya quisiera yo ser librepensador,
no oír el rugir de tripas de tantos, ni su llanto, ni su dolor,
establecerme correcto, filósofo, neutral, independiente,
manejarme bien con toda la gente.

El caso es que me afectan las cotidianas tristezas,
la de los supermercados, la del metro y las aceras,
también las que me quedan lejos,
las de los secos desiertos, las de las verdes selvas.

El caso es que me parecen buena gente,
algunos luchadores del ocaso,
que se parten el pecho por ser escuchados,
que morirán en alguna esquina, tiroteados.

El caso es que me afectan, quizás demasiado,
la tristeza de los suburbios, el drama urbano,
saber que seremos caníbales dentro de poco
y que no habrá carne suficiente para todos.

El caso es que me afecta, quizá más de lo normal,
tener tanto miedo al cruzar mi portal,
ver que arde mi ciudad o que sangra el asfalto.
Quizá debería ver menos el telediario.

“Ya quisiera yo” (fragmento). Ismael Serrano.

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Al parecer hay un común denominador en los balances que se hacen sobre el año, uno en el coincidimos hasta con las cadenas internacionales: los números.

En mi Dominicana querida hubo un censo este año y como dato preliminar se habla de 9.5 millones de habitantes en media isla (mal contados supongo), los noticieros anuncian que hubo un incremento en los pleitos en el congreso (no vale el esfuerzo establecer cantidad), disminución en las visitas a lugares de entretenimiento familiar, incremento del cierre de centros de diversión familiar, aumento en la tasa de matrimonios y decrecimiento en los divorcios -que están más caros que años atrás-. Más nacimientos pero también más muertos… más más y menos menos.

Desde que recuerdo las comparaciones me han parecido odiosas, aunque algunas necesarias, porque tratan de cobijar todo en la misma sombrilla. Es como si de pronto nos convirtiéramos en sólo un número frío en la estadística, uno que poco o nada importa los sentimientos o circunstancias por la que estemos pasando de manera individual.

Escribo estas líneas cuando faltan horas para las 12 campadas de las 12 de la media noche y antes de medio día el conteo no se detiene: se anuncia que más de un cuarto de la población en la capital disfrutará de actividades a cielo abierto, más de un tercio viajó a provincia para estar con los suyos, más de la mitad debe trabajar hasta medio día, etc., etc., etc.

Sin embargo, hay aspectos estadísticos que pueden hacer a una persona feliz a las 7 de la mañana y sentirse como algo más que un insensible dígito. A esa hora verificamos los inventarios de este blog. Fue una agradable sorpresa. Desde mediados de este año se han multiplicado los lectores, lo mejor fue saber que no solo la familia visita la página aumentaba el marcador, hay personas de otros países que con regularidad nos visitan y es posible que hasta lean más que las letras de canciones.

De pronto sentí que los esquemas eran más que números fríos y odiosos. Siendo sincera les confieso que tuve la sensación de que, en la pequeña sala de mi apartamento, personas con varios acentos se sentaba con una taza de café, té, mate, cola, vino o simplemente agua para hacernos confesiones en la intimidad del silencio; sentí que hay vida allá afuera y que de alguna forma los números eran la muestra de su existencia.

Supongo que todo dato frío tiene su tibieza. Gracias infinitas a todos por esta sensación tan agradable que llegó con las cifras de sus visitas.

Un Feliz inicio de año y gracias infinitas… vuelvan pronto.

jueves, 23 de diciembre de 2010

Espero por Frank...

Estabas sola, pero tranquila
cuando te dijo ¡que linda estas!
Y fue una ráfaga de la vida, fue una ventana en la oscuridad
Y susurrado como en los cuentos,
aprovechó tu debilidad ,
llovió la lluvia en los cauces secos y puso un beso en tu soledad.

Como una flor jamás presentida se hizo el guardián de tu intimidad,
en los balcones ropa tendida
y afuera el ruido de la ciudad.

Pero pensando que el tiempo es vela
que se deshace sin avisar,
encarcelaste al amor que vuela con el temor de lo que se va
Y te entregaste sin condiciones y te olvidaste quizá de ti,
y como dicen en las canciones: si tú te vas… ¿qué será de mí?

Forzaste quizá demasiado los lazos,
pensando que en eso consiste el amor:
en dar sin medir el calor de un abrazo
¿Quién sabe que fue… qué pasó?

Estabas sola, pero tranquila
cuando te dijo vengo por ti,
eres la cura de mis heridas, toda la vida que no viví
Y ¿cómo hacer para no creerle?
¿Cuál es el paso que hay que medir?
¿Cuál es el límite de la fuente?
¿Cuál es el tope de la raíz?

“Lazos”. Pedro Guerra.

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Los modelos holliwoodenses son perjudiciales para la salud. Muchas son las personas afectadas y que se han sentido engañadas cuando las cosas distan mucho de “…y fueron felices por siempre…”. Es muy grande la frustración de ver a todos radiantes (menos tú), los abrazos que muestran por todos lados, los besos de los enamorados y -como si fuera poca cosa- esta es la fecha en que se presentan los matrimonios y prometidos a las familias y círculos de amigos.

Es posible que sólo me pase a mí pero con honestidad no lo creo.

Tuve la oportunidad de ir a una reunión de una de mis familias extendidas y se anunció un matrimonio, un aniversario de bodas y dos compromisos en un grupo de 15 personas (incluyendo a los niños que eran como 6). No les voy a negar que por un momento sentí cantar en mi interior 2 canciones de las más trágicas que he oído, sus coros dicen algo así: “… yo no nací para amar… nadie nació para mí…”, la otra, más criolla y con tanto drama que no tendría nada que envidiar a una telenovela mexicana (con todo respeto a tan noble género) “…fatalidad, amor sufrir tan de repente… ¿hasta cuándo trae con ella una esperanza?… es una fatalidad…” (Agradezcan que solo lean y no me pueden escuchar).

Con esas odas a la desgracia en la cabeza, llegué a casa y me descubrí sola en un apartamento, sentí tantas ganas de llorar que no podría explicar. Antes de que quieran solidarizarse y comenzar a llorar por mi dolor debo decir que se fue tan rápido como llegó, esta vez no tuvo chance de instalarse.

Las canciones (de cualquier género) han marcado mi vida desde que tengo memoria, así que la respuesta llegó en otro tema musical, esta vez con “La Voz”, el encantador Frank Sinatra (también es interesante la versión de Michael Buble): “…The best is yet to come…” (Lo mejor está por venir).

Fue con la música que aprendí la importancia de no encerrarse en un género o tema, luego lo llevé a una situación o aflicción porque “todo pasa y todo queda”.

Muchas veces nos aferramos tan fuerte a algo o alguien que no medimos consecuencias y nos olvidamos de cosas importantes. Si más satisfacción hay en dar que en recibir, no debemos frenar a otros que puedan sentir ese regocijo también. Cuando nos damos también debemos estar abiertos a recibir; compartir la alegría de los demás es una forma de recibir.

En lo que nos tomamos tiempo y soltamos un poco esos abrazos -que más que mostrar afecto estrangulan- comencemos a darnos ese cálido acercamiento a nosotros mismos, este nos va a permitir seguir ofreciendo a manos llenas, con la seguridad de que cuando recibamos será en igual o mayor medida…

Definitivamente me quedo con Frank… “The best is yet to come…”

jueves, 16 de diciembre de 2010

¿Por qué debemos ser honestos?

Clavo mi remo en el agua
Llevo tu remo en el mío
Creo que he visto una luz al otro lado del río

El día le irá pudiendo poco a poco al frío
Creo que he visto una luz al otro lado del río

En esta orilla del mundo lo que no es presa es baldío
Creo que he visto una luz al otro lado del río

Yo muy serio voy remando muy adentro sonrío
Creo que he visto una luz al otro lado del río

Sobre todo creo que no todo está perdido
Tanta lágrima, tanta lágrima y yo, soy un vaso vacío

Oigo una voz que me llama casi un suspiro
Rema, rema, rema…

“Al otro lado del río” (fragmento). Jorge Drexler

Hace muchos años los profesores daban mucha importancia a la formación de valores en los estudiantes, tanta que cualquier falta era una oportunidad para los educadores de mostrarnos innovadoras maneras de literatura. Solíamos escribir ensayos con títulos como “La importancia de la honestidad” o “¿por qué debemos ser honestos?

Luego de esta encomienda estaba la aun más difícil tarea de leerlo en público, dejando expuesto que habíamos incurrido en una falta (cualquiera que fuera). Una página dedicada a hablar sobre las bondades que habíamos olvidado, otra página para hablar de las consecuencias de nuestro error y algunos (más exigentes) nos incluían en la tarea un planteamiento de cómo podía cambiar el mundo si todos dejábamos de incurrir en horrores como el nuestro.

Cuando miro un poco al pasado recuerdo la sensación de malestar que se evidenciaba al estar frente a todos reconociendo nuestra debilidad, medito en cuánto más difícil sería hacerlo ahora que los años han pasado. Por mi cabeza pasó una imagen de mi rostro; me imaginaba de pies en el centro de mi sitio laboral diciendo a todos que les he mentido, adulado, incumplido y hasta decepcionado en el silencio de mi rincón.

Sentí desmayar cuando pensé en la misma situación trasladada al centro de una sala en plena reunión familiar, una de esas que son engorrosas y en la que no faltan los primos, tíos, cuñados, sobrinos y allegados que no son de nuestros favoritos -por no decir que preferiríamos comer erizos de mar 3 veces al día antes que entablar una conversación honesta con ellos- y estamos ahí compartiendo para no causar malestar a los padres, la pareja, los vecinos, los enemigos (¿alguien sabe por qué?).

De manera muy personal llegué a la conclusión de que lo esencial es comenzar a ser honestos con nosotros mismos y saber que no tenemos que agradar a todos, cocinar siempre en punto de sal, colocar las cosas en su lugar, tener la mejor pareja, los mejores hijos, el mejor empleo… no tenemos que ser perfectos. Muchas de estas cosas solo las deseamos porque la prima ‘Ana’ (es solo un nombre al azar para no herir susceptibilidades) tiene una familia como salida de programa de tv en los años 80 o de portada de revista social.

¿Cuántas son las cosas que anhelamos con la sola intensión de ser mejores personas y serlo por nosotros mismos? Falta sinceridad con nosotros mismos. Luego de este paso –entiendo- sí podemos pensar en hablar con la verdad, solo la verdad y nada más que la verdad con todos a nuestros alrededor. Ya habremos comprendido por qué hacemos las cosas, por qué no las hacemos, hacia dónde vamos o nos quedamos y al final si sabremos cuál es la real importancia de ser honestos.

domingo, 12 de diciembre de 2010

Que se vaya la luz…

Ah! Cómo hemos cambiado
qué lejos ha quedado
aquella amistad.

Así como el viento lo abandona todo al paso,
así con el tiempo todo es abandonado;
cada beso que se da, alguien lo abandonará.

Así con los años unidos a la distancia,
fue así como tú y yo perdimos la confianza;
cada paso que se dio, algo más nos alejó.

Y así como siento ahora el hueco que has dejado
quizás llegada la hora vuelva a sentirte a mi lado
tantos sueños por cumplir, alguno se ha de vivir.

Lo mejor que conocimos,
separó nuestros destinos
que hoy nos vuelven a reunir;
tal vez si tú y yo queremos
volveremos a sentir aquella vieja entrega.

Ah! Cómo hemos cambiado
que lejos ha quedado aquella amistad.
Ah! ¿Qué nos ha pasado?
Cómo hemos olvidado aquella amistad.

“Como Hemos Cambiado”. Presuntos Implicados

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Creo que con el título de esta reflexión lo más prudente es explicarme para aquellos no familiarizados con las cosas que suelen pasar en nuestro terruño.

Con el paso de los años hay en nuestros hábitos saltos impresionantes, de esos de los que solo percibes cuando te sorprendes mirando una película con una antena parabólica, hablando por un aparato que, a la vez, te deja revisar un correo electrónico o escribiendo en una laptop sin sentir un apagón (interrupción en el fluido eléctrico) porque un aparato entra en funcionamiento de manera automática –uno que ahora está presente en casi toda casa, porque decir hogar sería osado- aquí los llamamos “inversores”.

Al nombrar los aparatos me dan ganas de llorar -sin ánimos de ser dramática- y es que al parecer la función del “inversor” era una que recién advertimos: invertirnos la vida.

Recuerdo con tanta nostalgia las crisis en el suministro energético (tan frecuentes a lo largo de toda nuestra historia) que para una niña de 6 años no significaba otra cosa que la emoción de compartir momentos inolvidables. Todos nos reuníamos a jugar sin usar más que la creatividad y los pocos instrumentos que pudiésemos encontrar; de esta forma, lo que para nuestros padres se convertía en basura para nosotros era todo un tesoro desconocido con la capacidad de llevarnos más allá de lo conocido o imaginado. Varas caídas de los árboles, polvo, agua, un pedazo de tela, zapatos viejos, rollos de plástico, todo nos servía en el tiempo en el que las piedras del camino no eran tropiezos sino pinceles para dibujar en el suelo nuestros sueños… y la felicidad era posible.

Las noches sin energía eléctrica significaban todo un mundo de cosas nuevas, de magia, de conversaciones con nuestros padres y familiares, vecinos y amigos, que no hacían más que estrechar nuestros lazos filiales. Y así era como nuestros vecinos pasaban a ser tíos y primos tan cercanos como los que llevaban nuestra propia sangre.

Más allá de lo imaginable los temas no se agotaban en nuestra gran familia; las necesidades, las abundancias, matrimonios y divorcios pasaban frente a todos con el único interés de ser participes de alegrías y tristezas por igual y no por chismografía barata (eso jamás), lo único que se buscaba era ayudar. Al hablar compartíamos todos como si se tratara de un tributo a los lazos que decidíamos honrar.

El “inversor” ha transformado todo. Lo acuso a él porque nuestra naturaleza humana debe entender que siempre hay un culpable y es más fácil acusar algo inanimado porque no puede defenderse o justificarse.

Ahora todos tienen energía eléctrica y a la menor falla corren hacia donde tengan el milagroso aparato que hoy es el sustituto de mis recuerdos felices. Nuestro único contacto son conversaciones a través de BlackBerry, redes sociales o SMS que limitan las palabras para expresar lo que sentimos o las hacen tan públicas que pierden sentido.

Hay más medios para hablar y menos comunicación… que ironía.

Con todo franqueza digo que me siento orgullosa de que mi madre dedique tiempo (y dinero) para llamar desde otro país y preocuparse por mí, que se ocupe de refrescarme lo bella de su caligrafía porque prefiere la escritura en papel a un frío correo electrónico. Mi padre (un poco más metido en el modernismo debo confesar) por suerte no pierde el hábito de escribir correctamente y sin acortar los mensajes como es frecuente ahora para ahorrarse molestias en los “chats” o mensajes a los celulares móviles.

Aun me emociona que se vaya la luz. Me queda la esperanza de sea por tan largo tiempo que se descargue el “inversor” y vuelvan a invertirse las cosas, que se descarguen los celulares, que se caigan las redes sociales o cualquier otra forma de impersonal comunicación. Quizás solo así volvamos a pintar sueños con las piedras del camino. Quizás volvamos a decir “te quiero” sin miedo de que piensen que es el aviso de un suicidio y que los abrazos dejen de ser la novedad que solo florece en año nuevo bajo luces artificiales.

jueves, 18 de noviembre de 2010

Crecer duele!: ...Un adios

Hoy de mí hacia tí,
hoy de tí hacia mí
quiero hacerte un regalo viejo.

Desempolvemos algo,
las pasiones lejanas,
algo de aquellos sueños sin ventana.

...Vivamos de corrido, sin hacer poesía,
aprendamos palabras de la vida.

Desnudémonos, pues,
como viejos amantes,
que lo mismo de siempre
nos quede delante.
Desnudémonos, pues,
como viejos amantes
que se apague la luz
y que el sol se levante.

Hoy de tí hacia mí,
hoy de mí hacia tí
vamos a hablar en voz muy baja.
Dime lo que te pasa, déjame levantarte,
déjame darte un beso y curarte
vivamos de corrido, sin hacer poesía
aunque no esté de moda en estos días.

Aunque no esté de moda te pido una mano,
mis entrañas no entienden de estética y cambios.
Aunque no esté de moda
repite conmigo
quiero amor, quiero amor,
quiero amor compartido.

Algo nos está pasando,
un ruido como de pasos
viene en la oscuridad
y se vuelve a ir.

Algo nos está pasando,
desde que la gente está empeñada
en quererse amar
y en poder vivir.

“Aunque no este de moda” (fragmento). Silvio Rodriguez.

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Hace poco comentaba algo que siempre me habían dicho y que, para mí, carecía de sentido hasta hace poco: “crecer duele”. No lo entendí hasta que comencé a “crecer”. No hablo de las responsabilidades que se adquieren, de las deudas que llegan con más frecuencia que las entradas económicas; tampoco de los hijos que tantos dolores de cabeza nos presagiaban (y que sé llegaran en algún momento). Lo que se pierde son trozos de nuestra vida, pedazos del corazón.

Cuando somos niños todo es mágico. En mi caso uno de los momentos más emocionantes era la hora de ver la caja de imágenes (TV) que incesantemente nos transportaban a situaciones jamás imaginadas, a historias increíbles y nos hacían conocer a gente que obraba por otra gente y por su país.

En mi hogar la televisión debía verse en familia, así que, como han de imaginarse, todos teníamos los mismos temas para comentar o escuchar. Cada uno desde su óptica hablaba de “La Ranita de Metan”, “Los Picapiedras”, “El Show del Mediodía”, “El Gordo de la Semana”.

Hoy en mi corazón ha anidado la nostalgia mientras veía con asombro cómo han cambiado las cosas para todos, comenzando porque cada cual tiene sus programas, sus TV, sus recuerdos, su isla… su vida. Justo llegó el dolor de la pérdida.

“Don Freddy Beras Goico ha muerto” era el titular desde las 5 de la mañana, las redes sociales lloraban a coro y como movidos por combustión espontánea, nuestros padres marcaron celulares, mandaron e-mails en lo que parecía un intento por compartir el dolor que sentimos por despedir parte de nuestros momentos celosamente guardados; aquel que nos unió, que nos hizo reír de forma inteligente y llorar con sentimiento verdadero ha partido de este mundo.

Los hombres no deben ser nuestro norte. Estos son imperfectos. Sin embargo, hay hombres que dentro de sus imperfecciones nos entregan lo mejor del ser humano que buscamos para que acompañe nuestras imperfectas realidades.

Aunque hasta el momento he tratado de no hablar de modo directo de cosas que acontecen en mi terruño querido (República Dominicana) en este blog, esto va más allá de lo que pude evitar. Ver que se vaya nuestra infancia de manera insospechada, sentir que los recuerdos de nuestra habitación para hablar y compartir risas, analizar problemas y soluciones, llorar de la emoción, tristeza o rabia ya no sería más que un recuerdo, uno que con fuerza evocamos al ver el titular “Don Freddy Beras Goico ha muerto”, duele.

Si el dolor de la pérdida es el indicativo de crecimiento, en esta ocasión no siento temor de exclamar ¡CUANTO HEMOS CRECIDO!

Hasta siempre Don Freddy, por usted seguiremos con conciencia riendo y llorando.

domingo, 14 de noviembre de 2010

Aplicando el mensaje...

Soñar, con lo que más queremos, aquello, difícil de lograr,
Es ofrecer llevar la meta a su fin, y creer que la veremos cumplir.
Arriesgar de una vez lo que soy por lo que puedo ser.

Hay días... que pasan a la historia... son días... difícil de olvidar.
Sé muy bien, que puedo triunfar, seguiré con toda mi voluntad.
Hasta el destino enfrentar y por siempre mis huellas dejar.

Puedes llegar lejos
A las estrellas alcanzar a hacer de sueños realidad
Y puedes volar alto
Sobre las alas de la fe, sin más temores por vencer,
Puedes llegar...

"Puedes llegar". Voces Unidas

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¿Han notado cómo cambia nuestra perspectiva cuando vamos a una charla de superación personal o escuchamos el testimonio de un emprendedor? Miramos maravillados los días y damos gracias porque todo ha sido fácil para nosotros al compararnos con esa persona.

Después de ese contacto todo se ilumina; ya sabemos qué hacer con nuestras vidas, cómo ayudaremos a los demás y hasta cómo sonreiremos a los compañeros de oficina (hasta a ese que tan mal nos cae)... si es una actividad religiosa hasta saludamos a todos con un amistoso “Dios te bendice”.

A media mañana del día siguiente ya no estamos tan claros en nuestro proyecto de “salvemos al mundo con una sonrisa” ¡Cuán distintas son las cosas en el plano de aplicación! Nadie te devuelve el saludo, tus ideas innovadoras son material para estudio y posterior envío al psicólogo del departamento (estás loco), tu plan de integración es un fiasco en opinión de tus superiores y el saludo amable parece no convencer a nadie de que un cambio ha operado en ti.

Claro, te has pasado 3 años y 9 meses (en el mejor de los casos) siendo parte de ese sistema de ogros funcionales y llegas un día maravillado porque “hoy brilla un hermoso sol”, que, dicho sea de paso, es el mismo de siempre.

¿Qué estaré haciendo mal? ¿Es que acaso todos están de de acuerdo para no ver el resplandor que nos regala el astro rey? ¡No fue así como me lo contaron ayer! “Una sonrisa puede marcar la diferencia”, así dijo al final ese conferencista que me hizo sentir que mis dientes tenían una nueva finalidad, entonces, ¿Qué es lo que anda mal? ¿Necesito hacerme un blanqueado?

Repase sus líneas. Estoy casi segura que en algún momento ese conferencista habrá dicho que pasó muchos años viviendo de espaldas a una buena estrategia, un plan para salir del hoyo, sin embargo, después de trazado el plan tomó un tiempo para ejecutarlo por completo. Hacer un bosquejo, una estructura, un plan de aplicación, un estudio FODA para los más entendidos en el lenguaje y saber hacia donde dirigir los esfuerzos.

Lo único que puede estar fallando es la idea de que a la primera sonrisa todo cambiará, con un solo apretón de manos todo sería diferente; con la sola idea de que el mundo es verdaderamente hermoso no todo marchará como en las películas, no todos se ayudarán y serán felices por siempre.

¿Cuál es tu estrategia?

Hay cosas que no cambian en un día, el tiempo es necesario para ver que las situaciones se enrumban por caminos distintos; y digo ver porque hay chispas que de inmediato encienden pero toma un tiempo para que la notemos. Luego que decides no fumar toma tiempo hasta que tus compañeros te dejen de preguntar si quieres uno y en lugar de eso pregunten si te molesta el humo; igual si decides no ingerir alcohol, el jugo o la soda no son una opción automática cuando llegas a una fiesta y te ofrecen de tomar. Debemos dar tiempo para que los cambios operen y se hagan permanentes. Todos lo perciben pero ¿Cómo saber si son reales a menos que seamos constantes?

Si un día el plan “una sonrisa para cambiar el mundo” no funciona , al día siguiente hazlo con más entrega y dedicación. Si no funciona, el tercer día es una buena opción, el cuarto, el quinto y sexto también. Nunca dejes decaer tu plan para cambiar las cosas, es posible que haya alguien esperando para sumarse a esa sonrisa que muestras justo el día en que te quieras dar por vencido.

viernes, 12 de noviembre de 2010

"... Y me seréis testigos..."

El tiempo vuela! Hace un año inicie el contacto en este blog. Lo recordaba al ver un atardecer, una hermosa tarde con sus colores mandarina, también pensé en sus menjurjes. Este, como aquel primer escrito, sin tema musical que acompañe, pues siento que es una canción que llevo dentro y debo cantar.

Como traído por los pelos me encuentro en las mismas que en aquellas líneas que iniciaban hace un año ya: queriendo adelantarme al cañonazo y 12 campanadas, las que muchas veces nos condenan a creer que no logramos, que lo hicimos a medias o que la meta no era tan dulce como en la distancia percibimos o en la imaginación creamos.

Para adelantarme un poco al trillado proceso de los recuentos de fin de año (no significa que no lo haga al final) comenzaré mi limpieza de armario una vez más.

2010 ha sido un año fructífero y lleno de retos para todos (estoy segura). De un modo muy peculiar he encontrado la tranquilidad en los segundos, minutos, días y semanas. Con ellos he descubierto nuevos latidos en mi corazón (más que sístole y diástole), estos han llegado con personas maravillosas y situaciones que han asombrado a más de uno en mi entorno.

Recordé una historia. Un maestro, en afán de que su alumno aprendiera, sacrificó el sustento de una familia completa. Era una vaca. De ella extraían todo lo que podían aprovechar para su sustento y vendían el resto. Después de matarla se alejaron de aquel lugar. Algún tiempo transcurrió hasta que el alumno, convertido en hombre, volvió y se maravilló al aprender una nueva lección después de tantos años. Esa familia había salido de lo que conocía, se procuraron nuevas formas de sustento y prosperaron grandemente.

Medité en esto y ¡oh sorpresa!… alguien mataba mi vaca. Justo frente a mí, compartiendo mis caminos, personas aguardaban una sonrisa y la oportunidad de convertirse en verdaderos amigos, de esos que sobrepasan cualquier expectativa humana. Lo admito… he sonreído.

Para el común de los seres humanos el cuadro de mi vida debió ser más que crítico a estas alturas, grave, agonizante, moribundo -por no decir muerto-. Para sorpresa de todos, el oasis estuvo en el lugar adecuado y en el momento preciso.

Los bolsillos pueden estar vacios, sin embargo, en medio de todo, somos llenos de milagros que ocurren en todos los ámbitos. ¿Cómo no llenar el espíritu?

A ver si les ilustro: ¿Cómo explicar que sin dinero en las cuentas, con ingresos insuficientes y con un incremento en las deudas, que pasan de lo preocupante a lo extremo, aparezcan bienes materiales en abundancia que distan de ser dádivas? ¿Cómo explicar que aunque haya decidido aislarme en mis cuatro paredes, los ángeles toquen la puerta, se instalen, sirvan y ayuden sin condiciones?

No es un cuento de hadas, si les detallara se maravillarían conmigo. Hablo de mi vida, de mi cotidianidad, de los milagros que he presenciado y que jamás se me había ocurrido pedir.

Muchas veces preferimos ignorar los que tenemos en frente y pedir los que creemos oportunos, beneficiosos… “Los que nos convienen”, decimos.

Este año me ha dejado una gran lección: en muchas ocasiones esperar es, en sí, la respuesta que necesitamos.

No es fácil esperar, sin embargo, otra cosa que aprendí -y esta sí que es de suma importancia- es que “a los que aman a Dios TODAS las cosas ayudan a bien”.

Gracias a todos.