martes, 20 de diciembre de 2011

Carta a Eva

Te recuerdo Amanda
la calle mojada
corriendo a la fábrica donde trabajaba Manuel.

La sonrisa ancha, la lluvia en el pelo,
no importaba nada
ibas a encontrarte con él…

Son cinco minutos
la vida es eterna,
en cinco minutos.

Suena la sirena,
de vuelta al trabajo
y tú caminando lo iluminas todo,
los cinco minutos
te hacen florecer.

“Te recuerdo Amanda” (Fragmento). Víctor Jara.

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Mi amada Eva:

Creo que tenemos más tiempo sin comunicarnos del que juzgo prudente, esas cosas suelen pasar cuando queremos ocultar cosas o gritarlas con tal fuerza que no necesiten confirmaciones verbales o escritas, sin embargo, mi querida, espero que jamás dudes cuánto te he extrañado.

No sé por dónde comenzar, ojalá pudieras ver mis ojos y leer mis penas y alegrías pero las fotografías no nos brindan esa oportunidad. Yo siempre he sido tan diferente a ti en eso de expresar los sentimientos. Debo confesar que te he envidiado; tú tan libre, bella, amada y con el coraje de siempre buscar algo mejor, no todos podemos hacerlo con el desenfado que tienes, la fuerza con la que te entregas, la sinceridad con que andas por la vida sin pretender dañar, sin más ánimo que el de brindar una sonrisa franca a quien la necesite y hasta a quién no.

¡Ay! mi Eva, mi vida sigue llena y mi corazón vacio, mis caminos largos y mis pasos cortos. Por unos minutos quise calzar tus zapatos, tan altos y llamativos como llenos de experiencias, siempre pensé que eran capaces de impulsar al más torpe caminante por una senda interesante.

¿Sabes Eva? Hay muchas cosas que se agolpan en mi pecho y no logro pronunciar, siempre ayudaste a mi libertad pero hoy estas lejos y no logro evitar sentirme presa en ocasiones. No lo negaré, sentí cierta ira cuando te vi buscar nuevos caminos, experiencias, amores, tu habilidad de sufrir desamores sin que en ello se te gastara la existencia, te alejabas tanto y yo sin poder moverme.

Hoy veo hacia atrás y más que a mí te he visto a ti, he tratado de descifrar tu silueta de pie frente al mar, transparente y feliz … mis recuerdos son tan vívidos, me parece ver el brillo de tus lágrimas y oír tu voz entrecortada mientras tratabas de entender las cosas que pasaban a tu alrededor.

Quise con esta carta contarte qué ha pasado en mi vida pero, mi niña, no pude más que verte en mis recuerdos, que sentirte en mis latidos, extrañarte con cada tecla que pulso. Los días pasan y nos volvemos cobardes, conformistas, nos ocultamos de todo… pero tu mi nena… tu no, eres tan fuerte que asustas, tan llena de vida que no puedes más que repartirla por doquiera que andas.

Eva, ¿recuerdas aún cuando éramos tan unidas que lográbamos pensar igual? ¿Cuándo no necesitamos preguntarnos nada porque sabíamos cuales serían las respuestas? Alguien pudiera pensar que era aburrido pero tendrían que conocerte para saber cómo eres capaz de llenarlo todo con tu luz, con tu magia.

Aunque estemos distanciadas te recuerdo y te abrazo. Desde mi orilla veo las estelas en el mar y pienso en que son parte de tu esencia, que de alguna forma no te me has ido, que te llevo en mi alma… porque ahí te guardo… como se guarda ese rayito de luz que llega y alegra una mañana o el que se va y hace inolvidable una tarde… como se guarda un pedazo del propio corazón.

¡Gracias por darme un poco de tu luz!

jueves, 20 de octubre de 2011

Martillo, madera y... muchos clavos

Algunas veces, mejor no preguntar,
por una vez que algo sale bien,
si todo empieza y todo tiene un final,
hay que pensar que la tristeza también

Se va,
se va,
se fue…
"Se va, se va, se fue..." (Fragmento). Jorge Drexler
 
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Hace años (decir cuántos seria una indiscreción) escuché una historia que me marcó de manera definitiva. En la misma un joven, con serios problemas de ira, era aconsejado por su padre para que aprendiera a canalizar sus momentos difíciles.

Años más tarde los problemas comenzaron a agravarse, el (ya no tan) joven comenzó a agredir a las personas sin percatarse en ocasiones de lo que hacía y fue entonces cuando acudió a su padre en busca de solución a su problema.

Una vez concluida la conversación el (ya no tan) joven se dirigió a una tienda y se hizo de un martillo, clavos y una pieza de madera que cubría una pared por completo. Seguía al pie de la letra los consejos de su progenitor. –Pon un clavo en la madera por cada impulso violento que sientas hacia alguien, no importa si es solo verbal, igual coloca un clavo por cada palabra hiriente que llegue a tu cabeza- eran las palabras que seguía sin lograr entender del todo.

Hizo falta poco tiempo para que la madera careciera de espacios para nuevos clavos, sin embargo los impulsos no disminuían, así que, atormentado fue nueva vez donde su padre en procura de consejo. La respuesta fue tan intrigante como el extraño ejercicio anterior: - con cada impulso de disculparte por el daño causado quita un clavo de la madera-.

Aunque los clavos no fueron removidos con la rapidez con la que fueron puestos, al cabo de un tiempo no quedó clavo alguno. Por tercera ocasión estaba frente a su padre con la esperanza de entender el misterio de los clavos y la madera; la respuesta esta vez fue clara.

"Cada agravio es un hueco que no puedes componer más, sin importar qué pase; puedes pulir la madera, tratar de rellenarla pero nunca será la misma. Piensa si esa es la marca que quieres dejar… aunque retires el clavo la madera no será como fue". El (ya no tan) joven entendió, igual yo.

Desde ese día medito sobre las consecuencias que tendrán mis acciones y sus efectos en los demás. Ha sido útil (aunque no fácil) aprender a no herir, esperar a que la tormenta pase y justo cuando sople la cálida brisa de tranquilidad hablar con el amor de mi corazón y no con la ira de mi cabeza.

Sigo en el proceso de aprendizaje…

¡¡Pásenla bien!!

domingo, 9 de octubre de 2011

Ya no habrá domingos…

Corazón de cristal,
que no he visto dos veces
brillar de la misma manera..

Corazón fugaz,
por tu cuerpo y tu mente
la luna pasea y pasea..
Por la misma senda que el amor abrió,
la pena camina.

¿Dónde vas? Quédate junto a mí,
corazón tempestad,
corazón desmesura.
No soy más que un eterno aprendiz,
que si no está contigo
se ahoga en su propia cordura.

Pero el tiempo pasa
y el dolor también te enseña el camino...

Corazón de cristal.
Corazón de quimera.

“Corazón de Cristal”. Jorge Drexler

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Inevitablemente en las últimas semanas los recuerdos nostálgicos me han invadido, han golpeado los flancos y algunos se han anidado con tal fuerza que no he podido desprenderlos de mí.

Los juegos de rayuela, los chistes de los primos, lo vestidos adornados con flores multicolores ya no estarán más en nuestras vidas, al menos no de la misma forma…

La gente que amamos enferma, los matrimonios que nos inspiraron se acaban, la gente ya no viste sus galas en domingo para sentarse en las terrazas y compartir las anécdotas de su semana siempre ocupada, complicada pero de alguna forma feliz.

Todo tiempo pasado fue… eso… pasado.

No es que sea de las que piensa quedarse estancada pensando que nunca seriamos adultos, que jamás tendríamos que recurrir a los susurros para hablar de temas oscuros que podían empañar los días mágicos de los más pequeños de la casa… pero es difícil pensarlo en ocasiones.

Hace unos días visitaba la casa a la que solía ir cuando era niña y ver a toda la familia reunida. Entristecí porque ya no le adornaban los árboles, los colores, la magia del pasado. Los primos no estaban, nadie se preocupaba porque nuestra ropa no se ensuciara con las cosas que comíamos descuidadamente. “Ya eres toda una mujer”, repetían todos sonriendo como si fuera todo un logro.

De a ratos quería que fuera diferente, oír a los primos pelear por la única bicicleta que había en el patio, rabiar porque no le dejaban ensuciar su ropa de domingo, llorar porque acababa la hora de juegos.

Con el paso de los años quisimos que los amigos llenaran esos momentos de domingo y lo logramos… pero todo tiempo pasado fue… eso… pasado.

Los amigos también se han complicado con sus propias historias, retos, susurros. En domingos como este quisiera oir a mami diciendo que es la hora del desayuno mientras acaricia mi cabello y oler su perfume mezclado con algo exquisito que llega desde la cocina, hablarle de las cosas que haremos porque es el día de la felicidad, de ver su rostro reír y llorar, de compartir la magia de 24 horas que no quiero ver terminar.

Ya no habrá más momentos mágicos como aquellos, lo sé. Habrá otros… pero aquellos jamás volverán.

Ya no habrá más domingos como aquellos.

martes, 30 de agosto de 2011

Eva... Monocroma

Nuestra primera intención
era hacerlo en colores:
una acuarela que hablara
de nuestros amores.

Un colibrí polícromo
parado en el viento,
una canción arcoíris
durando en el tiempo.

El director de la banda
silbando bajito
pensaba azules y rojos
para el valsecito.

Pero ustedes saben, señores,
muy bien cómo es esto;
no nos falló la intención,
pero sí el presupuesto...

Fuimos quitando primero
de nuestra paleta
una mirada turquesa
de marco violeta.

Luego el carmín de las flores
encima del piano,
una caída de sol
cuando empieza el verano.

Todo los tipos de verde
de una enredadera...
Ya ni quedaban colores
para las banderas.

Nuestra intención ya no fue
más que un viejo recuerdo
y esta canción al final
se quedó en blanco y negro.

En blanco y negro
esta canción
quedó en blanco y negro
con el corazón,
en blanco y negro,
nieve y carbón,
en blanco y negro,
en technicolor,
pero en blanco y negro..

“Dos colores blanco y negro”. Jorge Drexler.

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Era imposible con ella… todo se volvía drama. Después de un tiempo las flores de la primavera comenzaban a marchitarse y Eva volvió a sus noches de insomnio.

Su estomago revuelto recordaba cada instante de emociones ya fugadas, la furia inexplicable de sus encuentros, otra entrega 'para siempre jamás'… el mismo maldito vacio al final del capítulo.

Nunca se vio como prostituta porque le asistía el derecho a buscar su felicidad de la única forma que conocía… abriendo las piernas, aunque mientras mojaba su sexo secara su alma; así se defendía de cualquier posible reproche, aunque proviniera de ella misma. Mientras más empeño ponía en sentir placer dejando fluir los gemidos que le provocaban el momento, su interior se iba quedando sin palabras.
Tenía tantos puntos suspensivos, tantos cabos sueltos, el horror de su voz que se perdía en el bullicio de gritos sin pudor… la sensación de que algo de color faltaba aún. Aun los payasos tristes tenían su nariz roja, el cine en blanco y negro su sepia, los grises de días nublados conseguían el rojizo de los atardeceres cuando el sol se acercaba pero Eva aun no encontraba el tono adecuado, uno duradero, único y creado para ella.

No más Adanes, no más ilusiones de las que calentaban su cama y helaban sus días.

– ¿Pero qué coño es lo que busco?- gritó sin querer contenerse, sin importar quien escuchaba o se sentía herido porque la magia del silencio se había roto. Eva miró un espejo que parecía reflejar a alguien más. Descubrió con bastante agrado que su voz había vuelto, clara y firme, no había vacilaciones en ella.

Sin embargo, no tuvo la misma fuerza y determinación para darse una respuesta.

jueves, 18 de agosto de 2011

Eva y su azul...

Envidia,
tengo envidia de los valles,
de los montes y los ríos,
de los pueblos y las calles,
que has cruzado tú sin mí.

Envidia,
tengo envidia de tus cosas,
tengo envidia de tu sombra,
de tu casa y de tus rosas,
porque están cerca de ti.

Y, mira si es grande mi amor,
que cuando digo tu nombre,
tengo envidia de mi voz.

Envidia,
tengo envidia del pañuelo,
que una vez secó tu llanto;
porque yo te quiero tanto
que mi envidia es tan sólo amor.

Envidia, envidia,
tengo envidia,
y es de tanto amor.

“Envidia”. Hermanos García Segura.

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¿Cómo negar el dulzor que sentía su paladar al despertar? ¿Cómo descubrir si aun dormía después de sentir ese extraño éxtasis que la invadía?

Esta vez sonreía al mirar el techo, con los primeros rayos de sol que se escurrían por sus cortinas verdes mientras se incorporaba y descubría un nuevo color en su desnuda anatomía. Eva había desnudado más que su cuerpo esta vez; dejó salir la felicidad reprimida por tanto tiempo y no se preguntó cuánto duraría aquel tintinar de campanas en el aire.

Por alguna razón no quiso vestirse. Se sentía cómoda con el viento rosando cada parte de su piel, corrió todas las cortinas para que el sol y el viento la tocaran sin sentir pudor alguno. Sentía libertad y quiso disfrutarla.

Recorrió la casa sin calzar sus pies y sus ojos se posaron en una mesa al centro de la habitación. Un arreglo de rosas azules del que no logró apartar sus ojos.

Eva tenía la manía de investigar el significado de toda muestra de afecto posible, así que sabia al dedillo qué querían decir los chocolates por su forma y color, el incienso o las velas por la esencia que le acompañaban, los anillos por su color y tamaño de las piedras pero nada la cautivaba más que el significado de las flores.

La perennidad y sutileza de la naturaleza lograban cautivarla más allá de lo imaginable… -Rosas azules- pensaba. Confianza, armonía y afecto era justo lo que sentía en ese instante en el que el suave viento tocaba su piel, la luz de un sol de mañana le alegraba el momento y unas rosas eran el punto final a los sentimientos que por tanto tiempo le atormentaron.

Como una chispa que incendia todo alrededor obtuvo la respuesta que necesitaba.

Eva se convenció de que ya no era necesario pensar más en el Adán que la acompañara a morder el fruto prohibido. Este era el período azul, color que adornaba a su príncipe y sus rosas.




martes, 9 de agosto de 2011

La hermana de Eva

Desde mis ojos que miran,
desde mis manos que tocan,
desde mi lengua y mi boca
doy fe de vida.

De vida por todas partes,
de vida por dondequiera,
de cualquier modo y manera,
a pesar de los pesares.

Desde los sueños pendientes
y los fracasos cumplidos,
la memoria y el olvido
dan fe de vida.

En las luces y en las sombras,
con su miel y su vinagre,
a mi espejo miserable
viene a mirarse la vida.

Vida…vida de mi vida,
vida que da vida,
vida... vida que apresa,
vida que ríe,
vida que besa,
vida... vida bienvenida,
vida que convida,
vida... vida que duele,
vida que mata,
vida que muere,
vida... vida compañera,
vida por bandera,
Vida.

“Fe de vida”. Joan Manuel Serrat.

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* Es un honor para una servidora compartir en este blog esta colaboración. Gracias a "Luna".
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Luna, sentía ahora el sol que dejaba escapar Eva. Se aferraba con verdadero desenfreno.

Tomar… dejar…. Ese era el mundo de ambas…

Experiencias…. Ansiedades de otros…. Somos un colchón que todo lo sabemos…. hasta el olor de la baba, eso le repetía constantemente Luna a Eva.

Toda esa sabiduría podía ser aplicada, pero NO, preferíamos ser colchón, escuchar…atender….demorar la salida….cerrar las ventanas laterales… las puertas de atrás… aferrarnos a algo que sabemos solo durará lo que una escapada.

Eva y Luna se sientan y en un café vuelven a tomar y a dejar.

Toman el amor que dejó el último, el olor a baba del primero que uso la habitación, las experiencias de todos….

Y, al final del día o la noche, cuando a Eva se le escapa el sol y lo toma Luna, las dos renacen para volver a escuchar.

lunes, 8 de agosto de 2011

Eva… con algo mejor

Me conformo con verte aunque sea un instante,
me conformo con mirarte un momento nada más
para llevarme lejos el matiz y el contraste
que dan tus ojos bellos junto a la inmensidad.

Y aunque me digas que no me quieres,
dulcemente vivirás en mi,
como canto de inquietas aves,
como el rocío de una nube gris.
Y aunque mi vida se torne errante
Te juro que anhelante esperaré por ti.

“Anhelante”. Ilán Chester

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Eva jamás pensó en el desenlace de aquella trama. –Mereces algo mejor- decían todos, ‘tal parece que se habían puesto de acuerdo’, pensaba de a ratos.

Después de tanto amor derrochado, de noches solitarias, de abrazos rotos, besos vacios, todos dicen que merece algo mejor que la tibieza que encontraba en su pecho, que el susurro de voz reiterándole cuán importante era para él.

-Mereces algo mejor- ¿Qué significado tienen esas palabras? ¿Qué es algo y que es mejor?

Ella conocía a la perfección la soledad en todas sus formas pero nunca se le ocurrió pensar que estaría acompañada por otro ser que no fuera ‘su Adán’. A diferencia de otras ocasiones no quiso bautizar a aquel que acompañaba sus sueños aunque sabía que siempre estaría vacía su cama.

¿Será que en el afán por encontrar compañía se había olvidado de distinguir entre lo bueno, lo malo y lo mejor? Cada noche lo pensaba mientras susurraba un ‘buenas noches’ con la esperanza de que el viento le trajera uno similar con su voz adornando esas palabras.

Todos parecían tener la solución para Eva pero solo eran palabras. –Mereces algo mejor- repetían sin cesar. Sin embargo ella pensaba que comenzaría con ‘algo’ con la seguridad de que al final sería ‘mejor’.

martes, 2 de agosto de 2011

Eva: mirando el sol...

Se oye hablar de un canto de mujer,
nadie la ha podido ver,
la leyenda habla de una voz sin piel
desde el cielo llora y sin querer.
Deja lágrimas caer
cuando llueve todos dicen que es Deray

La voz de la tristeza es Deray.
Nadie estuvo en el amanecer
de los tiempos pero creen
que la luna allí se enamoró de él...

Dice el viento que ella se acercó
tanto que su rostro ardió
y por eso esconde su dolor Deray.
La cara oculta de la luna es Deray
amor letal, que canta para no llorar.

Luna canta para él,
amanece y cuentan que
en los días de calor
el sol muere de pasión,
el mar son lágrimas que hizo
llover la voz de la tristeza… Deray

“Deray”. Rosana

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Esa noche Eva comenzó a descubrir cuanto puede doler el amor. Supo que su forma desmedida de entregarse no había sido la mejor decisión y en muchos casos era la razón de su perdición.

Los efímeros encuentros con sus múltiples Adanes ahora parecían desagradables escenas que, a toda costa, quería borrar de su memoria.

Por instantes deseó desvanecerse y ocultarse como el sol que se escurría frente a ella. El sol, que tantas veces provocó sus sonrisas, ahora se marchaba dejándola sola en aquella sala que parecía helarse aunque estaba en el pleno verano.

¿Cómo se mide la profundidad de un beso, el límite de un abrazo, lo que dura un amor?

Eva siempre encontraba respuestas a esas preguntas y se sorprendió en ese instante al percatarse de que eran tan variadas como los rostros de Adán que, uno tras otro, llenaban y vaciaban su vida sin reparar en formas o preguntar por sentimientos.

Por más que intentaba, la palabra ‘adiós’ nunca fue de sus preferidas, por eso dejaba abiertas puertas traseras y ventanas laterales, a sabiendas de que jamás un Adán intentaría usarla aunque sus labios siempre se despidieran con un suave ‘hasta luego’.

Aunque Eva nunca pronunció esa horrible palabra que indicaba lo finito, la despedida y el punto final del capítulo, sin embargo conocía perfectamente el sentimiento que se asomaba al llegar cada silente separación… un sentimiento muy parecido al que ahora sentía al ver escurrirse el sol.

jueves, 21 de julio de 2011

Renuncia

Al final de este viaje
en la vida quedaran
nuestros cuerpos hinchados de ir
a la muerte, el odio, al borde del mar…
al final de este viaje
en la vida quedara
nuestro rastro invitando a vivir
por lo menos por eso es que estoy aquí.

Somos prehistoria que tendrá el futuro,
somos los anales remotos del hombre,
estos años son el pasado del cielo,
estos años son cierta agilidad
con que el sol te dibuja en el porvenir,
son la verdad o el fin…
son Dios.

Al final de este viaje
en la vida quedara
una cura de tiempo y de amor,
una gasa que envuelva un viejo dolor.
Al final de este viaje
en la vida quedaran
nuestros cuerpos tendidos al sol
como sabanas blancas después del amor.

Al final del viaje esta el horizonte,
al final del viaje partiremos de nuevo,
al final del viaje comienza un camino,
otro buen camino que seguir descalzos
contando la arena, al final del viaje
estamos tu y yo, intactos...

Quedamos los que puedan sonreír
en medio de la muerte, en plena luz
en plena luz, en plena luz...


‘Al final de este viaje’. Silvio Rodríguez

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¡Qué curioso! Nunca tienes la más remota idea de cuánto deseas las cosas hasta que renuncias definitivamente a ellas.

Hace unos días me asombraba por varias historias de parejas (no tengo idea de cómo llegamos al tema pero ahí estábamos), al parecer tenían varios años de ‘feliz unión libre’; todo cambió y se puso patas hacia arriba porque firmaron un simple trozo de papel. La ternura se esfumó y con ella la espontaneidad, a partir de ese momento todo fue como la lectura de un guión gastado y carente de sentido. Al parecer renunciar a “su libertad” todo lo cambiaba.

Recuerdo con mucha nostalgia la sensación extraña en el estomago cada vez que íbamos por tiendas llenas todas las cosas que puede soñar una niña, por algún especial motivo me embargaba la ilusión de que me sorprendieran en mi cumpleaños o navidad quizás con algún objeto de ese lugar de ensueño. Años más tarde me enteré de que esa sensación eran mariposas, en mi caso era más parecido a un tren. Supongo que había un propósito en el paseo porque de una forma o de otra siempre compraban para mí lo que más me había llamado la atención (si la economía lo permitía).

Los años han pasado y ahora puedo recordar que la sensación se esfumaba desde que poseía mi ‘sueño’, al colocarlo en una esquina después de usarlo por varias horas corridas parecía carecer de sentido. Varios meses debían transcurrir antes que algún miembro de la familia diera un nuevo lugar o destino a mi regalo, esa era el momento en que sentía que me faltaba algo, que mi espacio estaba vacío, que me habían desprendido un poco de mí.

Al meditar sobre esto caigo en cuentas: si queremos saber cuán importante es algo para nosotros lo único que debemos hacer es renunciar para siempre a la idea de obtener eso que deseábamos; justo en ese instante comenzaremos a imaginar lo que significaría vivir con y para ello, comenzaremos a suspirar, a anhelar, a gritar con desesperación porque algo le falta a la propia existencia… analicemos por breves instantes… ¡no es otra cosa que aquello a lo que ya hemos renunciado, incluso de manera voluntaria!

Alguien muy cercano decidió que sus repetidas decepciones amorosas no eran más que el detalle concluyente que necesitaba para renunciar a la idea de casarse y tener una familia como lo soñó desde niña. Esa misma semana todos nos sorprendimos al verla seleccionando vestidos de novia, preguntando sobre el más favorecedor para su estilo y figura, combinaba colores, veía zapatos, opciones para decorar… por instantes daba la idea de que ocultaba la fecha del gran acontecimiento pero no era así, ella sólo se percató de cuánto quería casarse de un modo tradicional y cursi cuando renuncio a ello para siempre jamás.

Desde ese momento he comenzado a renunciar a muchas cosas para siempre jamás a sabiendas, claro está, de que esa expresión en la práctica no existe y que invariablemente podemos revertir esa clase de decisiones y vivir, soñar y anhelar pero también hacer realidad esas pequeñas cosas que nos hacen grandes personas.

miércoles, 13 de julio de 2011

De Eva...

Aquí hace menos frío
que en la calle,
hay leña para un fuego,
no mucha pero, bueno,
un poco de calor
no viene mal.

Aquí hay una canción
que nos descansa,
un hueco para el alma,
sentirse como en casa,
un alto en el camino
nada más.

Aquí hace menos frío
que en la calle,
los labios para un beso,
oídos para un sueño,
la brisa que precisa
tu dolor.

Pasa, entra
y siente que hay quien duda como tú
y no se descubre nada, nada de las cosas
que ha escuchado y desespera.

Pasa, entra
y siente que hay quien duda como tú
pero se abraza a lo que tiene
y se levanta con la fuerza que le queda.

Pasa, entra
no importa lo que fue porque será
lo que será y alguna forma encontrarás
para pasar por esa puerta.

Pasa, entra
después de algún traspiés algún color
dibujará lo que hace falta
para estar de nuevo en pie
y no perder fuerza.

Pasa, entra
y siente que hay quien duda como tú
pero no tiene más canción
que la que sabe y la cantó
y si no la sabe tararea.

“Pasa”. Pedro Guerra

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Las caricias vacías en noches llenas de soledad lograban acallar las lágrimas del corazón.

Su necesidad de amar superaba el miedo a ser usada como objeto deshechable…

Se abandonaba en cualquier abrazo mientras sentía el sudor que la empapaba y oía palabras que nunca podía entender, mucho menos recordar; fingía ser feliz por el breve tiempo en el que su respiración aun estaba agitada.

Le complacía la idea de que alguien la amara, por eso se entregaba sin medida hasta perder el aliento en ello, como si no quisiera despertar; conservaba la esperanza de morir en los brazos un hombre que fingiera quererla con el mismo fervor con ella se entregaba toda… para Eva no era posible que alguien pudiera amarla con la pasión que anhelaba.

Ese día en particular quería sentirse acompañada, no importaba quién llegara, bastaba con que quisieran tocarle la piel y dejar intacta su alma, alguien que pretendiera llegar a su corazón, aunque jamás se apartó de la realidad y supo en su interior que usarían vacuos artilugios para llenar su mundo de ilusiones momentáneas. Eva sabía que el momento de despertar llegaría irremediablemente en pocas horas.

Esta vez no esperó a que sonara el teléfono y tomó la iniciativa agenda en mano. Quería vivir su propia fantasía. Al otro lado nadie contestaba y de alguna extraña forma se sintió aliviada sin entender por qué.

Sólo le alcanzaron las fuerzas para ponerse de pies y deslizarse a la ducha, permitiendo que las gotas que manaban de sus ojos se confundieran con el agua caliente que resbalaba por su cuerpo.

martes, 28 de junio de 2011

Extrañando el sol...

Olvídame,
esta zamba te lo pide.
Te pide mi corazón
que no me olvides, que no me olvides.

Deja el recuerdo caer
como un fruto por su peso.
Yo sé bien que no hay olvido
que pueda más que tus besos.

Yo digo que el tiempo borra
la huella de una mirada,
mi zamba dice: no hay huella
que dure más en el alma

“Zamba del olvido”. Jorge Drexler

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Animada por el desconcierto tomo mi olvidado teclado y dejo fluir mis dedos. Después de tanta agua caída hoy es un día en el que no puedo olvidar el sol.

Solo cuando no está somos capaces de extrañar sus virtudes, las mismas que nos molestaron porque no fuimos capaces de valorar en su justa dimensión. Mientras estamos de pie en una esquina cualquiera o sentados tratando de olvidarnos de la gota de sudor que resbala por nuestra sien, sólo somos capaces de maldecir al astro rey, otros se limitan a elevar sus plegarias para que una nube lo oculte y cuando por fin ocurre rogamos porque vuelva a calentarnos, a darnos su luz y brillantez en la alborada… nosotros, como almas caribeñas, lo extrañamos.

Incluso en las noches no hacemos más que desear que llegue su fuego.

En algunos momentos es difícil captar la complejidad de los seres humanos, es algo que va más allá de lo explicable; un momento estamos ansiosos porque termine el calor y al llegar el invierno no hacemos otra cosa que anhelar los rayos de sol.

¿Te has sentado a apreciar la belleza que impregna el sol a las cosas que toca? Es como si sus tonos lo cambiaran todo, como si adquirieran un extraño primor, las pieles con su brillo, el encanto de unos ojos iluminados, la forma sutil en la que nos recuerda la importancia de tomar agua, como tiñe el mar con sus estelas.

Recién cuando no está lo comenzamos a apreciar y a desear que vuelva, que caliente hasta quemar si así lo prefiere pero que jamás se aparte de nosotros y que llene de luz y calor todo a su paso.

Quisiera decir que prefiero estos días de lluvia… pero comencé a extrañar el sol que apenas se ocultó.

miércoles, 27 de abril de 2011

Partículas

Hay un universo
de pequeñas cosas
que solo se despiertan
cuando tu las nombras

Todo lo que es bello
está esperando tu mirada
tengo una caricia
que sin ti se me derrama

Hay un universo
hecho de pequeñas cosas
que vuelan sobre tu cabeza
si las soplas.

Hay atardeceres
que no acaban de ponerse
hay un mar entero
resumiéndose en tu boca.

Hay un universo de pequeñas cosas (Fragmento). Alejandro Sanz

**Creí necesaria la repetición de la canción

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Una partícula cambia todo alrededor, tiene el poder de activar alergias y también de cambiar el espectro visual cuando se posa en el ojo. Pocos perciben la diferencia de las partículas de polvo flotando en el aire, cómo reflejan la luz, cómo se posan en los objetos y comienzan su vuelo nuevamente.

Las partículas de luz hacen posible la visión, el disfrute de los colores, los matices, las formas, las texturas.

En días normales algunas personas pueden sentirse tan reducidos como insectos y no reparan en la maravilla de estar en un lugar (cualquiera que sea) y tener cosas que hacer; incluso cuando parece que no hacemos nada estamos ocupando un importante lugar en el espacio.

Ayer me detuve a ver a una mujer que estaba sentada en un parque. Era delgada, estaba bien vestida (para estar sentada en un parque), parecía ausente. Miraba extrañamente a un punto en medio de la nada; las cosas a su alrededor parecían importarle poco; un caballero paseaba a uno esos niños que desconocen el significado de la palabra silencio que me pareció imposible pasar por alto y ella simplemente no lo miraba, parecía en estado de coma pero tenía los ojos abiertos, hacía movimientos ocasionales que desviaba a ratos la idea de que podía estar inconsciente. Esa joven solo estaba ahí, con su lindo atuendo y su delgada figura posada en una esquina de un parque cualquiera.

Lo que inició como un vistazo al parque ya me había tomado casi 30 minutos. No me molesté en absoluto. La callada joven nunca se percató del tiempo que estuve ahí sentada observándola con tanta atención que el resto del parque se borró frente a mi sin que apreciara cuando sucedió.

Mi agenda estaba atrasada (nada que ver con esos minutos) y tuve que resistir la tentación de romper el momento de silencio de la desconocida y entonces pensé en las partículas. Me marché sin pronunciar palabra.

Cuando fijamos los ojos en un punto y desenfocamos la visión, ¿Qué cosas pasan por nuestra cabeza? ¿Por qué es tan difícil salir de esa abstracción?

Nos gusta pensar sin que las cosas pequeñas nos distraigan, sin embargo, aunque la situación tenga gran relevancia, importancia o valor, si queremos llegar a alguna parte, comenzamos con las partículas, esas pequeñas chispas que encienden el pensamiento y que son capaces de mover el mundo. Solo así llegamos a conclusiones enormes y tan fuertes e inquebrantables como monumentos de acero o como la palabra de un hombre honesto.

Son esas pequeñas (pequeñísimas) cosas las que dan paso a otras de gran magnitud, justo es decir entonces, que son más que necesarias – indispensables- para llegar a lo inquebrantable, imbatible e incorruptible.

Cuando nos sentimos disminuidos como un insecto pensemos en la importancia de una partícula y como ellas aprendamos a marcar la diferencia y el inicio de grandes cosas.

lunes, 28 de marzo de 2011

¿Evolución o involución de la especie?

Estás enfermo
si piensas todo el día en el sexo,
no es nada bueno, no, no,
estar hablando siempre de sexo.

Pero hay una mujer desnuda
en cada tarro de yogur,
el cuerpo que jamás soñaste,
en las hojillas de afeitar,
en la pasta de los dientes,
y a la hora de cenar,
esa mujer blanca y desnuda
que se ofrece y que se da.

...Pero hay una mujer desnuda
que te trepa por la piel
los pechos que jamás cantaste,
flotando en el café,
en el coche, en el asiento
delantero, está otra vez
esa mujer blanca y desnuda
que te vuelve del revés.

...Pero hay una mujer desnuda
dándole al bronceador
y en el frescor de la playa
y de su chicle se mastica su sabor,
una mujer desnuda,
puede haber incluso dos,
esa mujer blanca y desnuda.
¿Quién fuera de esa flor?

Estás enfermo
si piensas todo el día en el sexo,
no es nada bueno, no, no,
estar hablando siempre de sexo.

"Sexo". Pedro Guerra.

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Un fin de semana cargado de programas de televisión por ver.

Hace ya algún tiempo, en familia, el domingo era día de ejercitar la sensibilidad. Nos inclinábamos por los programas lacrimógenos; con sólo ver la introducción debíamos esconder la cara para que los demás no notaran las gotas de agua que por las mejillas resbalan. Este fin de semana en la soledad de mi habitación lo retomé.

Para sorpresa, nuevas ofertas encontré sobre el género. Tal parece que más personas están interesadas en ayudar…

… ¿Y la publicidad?, fue una de esas ocasiones en las que no me pude despegar de ciertos bloques. Cada pauta estaba cargada de hermosos y útiles mensajes sobre la honestidad, amor, paz, preservación de medio ambiente, ¡carga emotiva por doquier!

Tuve la impresión de que el fenómeno se repetía en muchos canales; imaginé a muchas personas que repetían -poniendo el corazón- la frase que hace brillar el color dorado –“yo sí creo en las hadas… creo… creo”- algo está cambiando –pensaba-.

Hago una especie de alto para reflexionar sobre el efecto y misión de la publicidad. ¿Qué otra cosa puede ser sino vender un producto? La publicidad pone intereses de unos cuantos al alcance de otros tantos, los comparan o igualan a cosas agradables y terminamos convencidos de que es la mejor opción para el consumo o emulación… no hay más que decir a no ser aumento de ventas o cambio de conducta.

Sin embargo en este lunes no tengo ese concepto tan claro.

Después de integrarme a la cultura del zapping un fin de semana, de ver la programación de varios canales nacionales y del sistema de cable, tuve la impresión de que sus contenidos son parecidos (mayor o menor calidad); todos procuran entretenernos y cada vez más se suman en la ola aportar mensajes para “cambiar” las cosas que no están bien en nuestro entorno, hacer conciencia de los problemas apremiantes, de la necesidad de hacer de los buenos valores nuestro estandarte. Fue increíblemente edificante, me pareció que ahorcábamos los hábitos para bien, que como ciudadanos del planeta tierra estabamos unidos y cambiando.

Este lunes he vuelto a la dura realidad. Los periódicos anuncian heridos, riñas, alcoholizados que no meditan en sus actos, incremento de la violencia, menos tolerancia y más corrupción que la dejada el viernes cuando me desconecte de los noticiarios y sus malas nuevas...

Sin lugar a dudas veo que hemos avanzado; ya sabemos distinguir lo estético de lo grotesco, lo que vende de lo que no y separar el mensaje del producto. Así pues, consumimos más alcohol pero compartimos menos, usamos más preservativos pero de manera menos responsable, compramos bolsos con materiales reciclados pero dejamos el agua correr en nuestros hogares, usamos una entidad bancaria pero poco o nada nos importa de dónde provienen los recursos que en ellos depositamos siempre que sean abundantes.

Vaya que hemos avanzado… o ¿Será el que estamos presenciando el descubrimiento de una nueva especie que bien puede llamarse Homo Stupidus?

Honestamente guardo esperanzas de no sea el caso.

miércoles, 9 de marzo de 2011

De rodillas

No somos más
que una gota de luz
una estrella fugaz
una chispa tan solo en la edad del cielo
No somos lo que quisiéramos ser
Solo un breve latir
en un silencio antiguo con la edad del cielo

No somos más
que un puñado de mar
una broma de Dios
un capricho del sol
del jardín del cielo
no damos pie entre tanto tic tac
entre tanto big bang
solo un grano de sal
en el mar del cielo

Calma, todo está en calma
deja que el beso dure
deja que el tiempo cure
deja que el alma
tenga la misma edad
que la edad del cielo

‘La Edad Del Cielo’. Jorge Drexler

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De pronto me sorprendí recogiendo mi habitación. Muchas cosas por doquier. De manera inexplicable estaba buscando en los rincones, una vez quedaron limpios aun sentía que faltaba algo.

Después de dar unas vueltas a solas y en silencio, volví a entrar en mi habitación, tenía una apariencia impecable, sin embargo algo seguía inquietándome al respecto. Pasé unas horas dedicadas a distraerme, un concierto especial, una copa de vino y cuando pretendía que las cosas ya estaban completamente en orden un espacio justo al centro de la habitación llamó mi atención: mi cama. Tendida, con sabanas limpias y suaves, Teddy aguardaba a que me acostumbrara a la idea de no dormir sola.

Esa era mi cama, la conozco muy bien. En ella he dormido mis mejores sueños y una que otra pesadilla; aunque, en ocasiones, no logro recordar los sueños, las pesadillas suelen perseguirme. Mi lugar de descanso, de desvelo, pensamientos, planes… ¿Por qué llamaba ahora mi atención? ¿Qué había diferente? Al parecer nada.

Sacudí mi cabeza y me fui al sofá, miré a través del portal, ya era tarde y el sol se escurría igual que la botella de vino que inadvertidamente había consumido casi por completo. Estaba en silencio y por un momento sentí que era música lo que me hacía falta, me puse en pies, no lo dudé un segundo, el único que podía acompañarme era Frank. ‘I’ve got you under my skin’… me dijo al oído.

Frank me dedicó otras más pero su encanto de siempre no me apartó de la sensación de que aún me quedaba algo pendiente, así que, tan amablemente como me fue posible en esas circunstancias, lo despedí y volví a mi habitación; nueva vez mi cama, ella era la única que llamaba por completo mi atención.

No tuve más opción que enfrentarla, me paré frente a ella, quería oír lo tenía que decir. Recordé las teorías, ‘si quieres mantener una buena comunicación ponte al nivel de tu interlocutor’- dicen-; me puse de rodillas entonces para escuchar mejor, poder hablarle y que me entendiera. Apenas lo hice comprendí todo.

Sin dilación me mostró algo que salía debajo de ella, puse mi cabeza aún más baja, allí estaba, todo el desastre que había escondido bajo ella. Sonreí.

Se había acabado el vino en la botella, pasaba de la media noche, ya no tuve pendientes, todo estaba arreglado, no había reclamos y me sentí con fuerza para decirle a Teddy que se tomara tiempo libre.

Era una linda noche y quería dormir sola.

jueves, 3 de marzo de 2011

Haciendo mi tarea

Las penas se van
y vuelven a estar
ancladas en un mar
que suele callar;
tus lágrimas
tu devoción
un pez que vence todo su temor
para existir
y descubrirse cada día más.

Intenta amar
un trozo de ese mar;
inunda mi paz
la inmensidad
de esta verdad.

El tiempo se va
muy lejos atrás,
y ahora estoy
y también soy
el hombre que busca una razón…

“Intenta Amar” (fragmento). Beto Cuevas - Aldo Nova

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Hay ocasiones en las que no basta con saber lo que sabes, con mentalizar, recitar, rescatar todas las teorías que conoces o inventar algunas con la intensión de mantener tus pies anclados en tierra.

Unos días atrás hice un ejercicio revisando todos los escritos del blog. En el trayecto noté que revelo mucho de mi estado anímico (sin intención la mayoría de las veces) pero también que hay estados cíclicos. Mientras leía recordaba los sentimientos que motivaron las reflexiones (por no decir catarsis) y más allá de lo perceptible pude detenerme en un algo latente desde el inicio de este espacio: la sensación de que algo falta, también la sospecha de que un grande cambio vendrá.

Hasta cierto punto es saludable sentir que no estamos completos; si todo tendríamos, poco valor le daríamos -(¡Vaya! un verso sin esfuerzo)- ¿Qué sentido tendría la vida, si lo único interesante que pasara fuera despertamos y observar que nada nos falta? ¿Dónde estaría el reto, el dolor y el desgarro por alcanzar eso que percibimos en la línea de lo imposible?

Conocer la verdad y ser lógicos sólo nos complica. Al momento del problema nos preguntamos por qué hacemos mal las cosas si conocemos las respuestas. Es como reprobar un examen cuando las respuestas están en nuestra mente, tan arraigadas que las repetimos como frases de alfabetización: ‘amo a mamá’, ‘mi mamá me ama’.

Ojalá todo se resumiera en teorías y recitales básicos de frases simples.

Aceptar que la solución poco o nada tiene que ver con teorías que se leen o releen en libros y folletos , ni visitando un terapeuta no es sencillo. Salir de los círculos viciosos y hacerlos virtuosos tampoco lo es.

Quizás todo es más complicado porque así lo hacemos (es solo un pensamiento al aire). Todos hablamos siempre de círculos pero es que nunca sabes donde comienzan, menos donde tienen su final… todo se junta, se aglomera y a la vez se aísla, es confuso para mí. Los círculos de amigos, familiares, laborales, estudiantiles, etc., etc., etc.

Algún amigo que haya visitado mi casa pensará que se trata de un tributo a mi espacio lleno de cuanto objeto cuadrado he podido encontrar… no lo es. Es una invitación que me estoy haciendo y la comparto con ustedes: olvidémonos de las respuestas que creemos poseer o saber de memoria y deshagamos los círculos para que en lo adelante sean espirales.

viernes, 25 de febrero de 2011

Espero mi muerte!

Cambia lo superficial
cambia también lo profundo
cambia el modo de pensar
cambia todo en este mundo
cambia el clima con los años
cambia el pastor su rebaño
y así como todo cambia
que yo cambie no es extraño

Cambia el más fino brillante
de mano en mano su brillo
cambia el nido el pajarillo
cambia el sentir un amante
cambia el rumbo el caminante
aunque esto cause daño
y así como todo cambia que yo cambie no extraño

Cambia todo cambia

Cambia el sol en su carrera
cuando la noche subsiste
cambia la planta y se viste
de verde en la primavera
cambia el pelaje la fiera
cambia el cabello el anciano
y así como todo cambia
que yo cambie no es extraño

Pero no cambia mi amor
por mas lejos que me encuentre
ni el recuerdo ni el dolor de mi pueblo y de mi gente
lo que cambió ayer
tendrá que cambiar mañana
así como cambio yo en esta tierra lejana

“Cambia todo cambia”. Mercedes Sosa

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Hoy pasaron muchas cosas, más de las pude manejar antes de las 6 de la mañana. Un choque de auto, un ataque de asma, faltó quien hace llevadera mis mañanas (no me gustó su suplente), tristeza, ira, preocupación, impotencia.

No sé cuantos lo saben, así que aquí debo decir que parte de mi trabajo es dar la cara en horas tempranas de la mañana y decir a todos que, aunque el mundo parece estar acabándose, la vida prosigue y puede que hasta mejore. Hoy no pude lograrlo.

Pudiera continuar mi reflexión, que bien puede ser confesión, diciendo alguna frase de Gandhi como ‘Nosotros mismos debemos ser el cambio que deseamos ver’, porque por lo general exhorto esas cosas en este espacio. De una u otra manera me agrada pensar en polvos mágicos que nos hacen volar y ver lo sublime y etéreo que puede ser el momento… por ahora no es posible.

La vida está llena de retos, algunos más complicados que otros, nuestro deber es siempre encararlos y sobreponernos a todos los sentimientos que vienen con ellos y seguir a la próxima valla para saltarla, en el trayecto no hay qué pensar a no ser la estrategia para dar el próximo salto tan alto como se necesita y caer (porque lo haremos) de manera tal que podamos seguir a la siguiente con una técnica más depurada.

Hoy, justo hoy y no ayer, pienso que de alguna forma me quiero detener en medio de la pista, no impulsarme más, no seguir tratando. Ya no hay sentido en nada. Amanece y oscurece, me caigo y levanto, entro y salgo del pozo, duermo y despierto, pierdo y encuentro, sin embargo no hay más sentido en las cosas (¿has tenido días así?). ¿Cuál es el fin de todo esto? Algunos plantearían que no hay más razón que la perpetuidad de la especie (que aburrido); según una servidora, sería menos dañino apegarnos a la idea de que procuramos la trascendencia mas allá de la inmanencia (fastidiosas clases de filosofía y sus términos raros); nadie puede decirnos ¿A qué vamos? ¿Qué encontramos tras la última barrera?

Si podemos afirmar que no todos buscamos lo mismo, es justo y hasta lógico entender que todos encontraremos algo distinto.

‘Lo bueno de estar en el suelo es que ya no podemos caer más bajo’, es parte de la sabiduría popular que nos sirve para impulsarnos, salir del abismo, y dejar de autocondenarnos al ostracismo en esos momentos tan oscuros y carentes de sentido.

Algunos se estarán preguntando si estoy a mitad de la pista esperando que me arrolle el encargado de limpieza o si me quedé en el suelo para que un tractor con conductor descuidado disponga de mi destino. La respuesta es no. Sin embargo no deja de ser cierto que estoy esperando mi muerte.

Para nacer hay que morir, esa fue la enseñanza del Maestro Jesús y justo lo dijo a un hombre que lo visitó en la clandestinidad, evitando quizás la vergüenza o, quizás, petrificado por temor a algo que desconocemos.

Antes y después de Jesús, pensadores hablaron de la espera y de cambios radicales. Muchos coincidieron en decir que si requerimos un gran cambio debemos operar en él y no esperar sólo por esperar (al menos en las versiones que me agrada leer). Así que espero morir a tantas situaciones y nacer con tolerancia y abierta al cambio que comenzó a operar… que siempre puede ser mejor.

“El progreso es una bonita palabra. Pero el cambio es su motivador. Y el cambio tiene sus enemigos”. Robert Kennedy

lunes, 21 de febrero de 2011

Todos sabemos

Cerca de ti,
¿Por qué tan lejos verte?
¿Por qué noche decir
si es medio día?
Si arde mi piel,
¿Por qué la tuya es fría?
Si digo vida yo…
¿Por qué tu muerte?

Hay …
Este quererte sin tenerte,
Este llanto ¿por qué
no la alegría?
¿Por qué de mi camino…
te desvías?
Quien me vence tal vez…
Sin ser más fuerte

Silencio...
Nadie a mi dolor responde,
Tus labios callan
Y tu voz se esconde.
¿A quién decir
lo que mi pecho siente?

A ti… François Villon…
poeta triste...
Lejana sombra que
también supiste,
Lo que es morir de sed…
Junto a la fuente.

‘Soneto’. Nicolás Guillen/ Amaury Pérez

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Es tan curioso el sentir cuando estamos necesitados; por lo general sabemos qué es lo que el cuerpo nos pide y la forma de proporcionárselo. Si tenemos sed buscamos el agua, reza un viejo refrán que desde pequeña me ha servido para establecer cómo son las cosas en el mundo de los adultos: hay que agenciarse las cosas sin esperar que otros vengan en pos de ello.

Puedo recordar una ocasión en la que sentí un deseo casi incontenible de comer guineos (bananas) y alguien me comentó que era muy posible que mi organismo estuviera reclamando algo de potasio y recordó por sí solo la fuente más conocida o la idónea en el momento.

De igual forma ocurre con las compras en los mercados. Los que tienen la oportunidad de hacerlas, en estos difíciles momentos, saben dónde buscar los productos que requieren y hay expertos que tienen conocimiento del lugar y la fecha exactos en la que los especiales les permiten abastecerse y, de paso, agenciarse uno que otro ‘mimo’ de cuando en cuando.

Todo lo que el dinero puede comprar tiene su límite, lo expreso porque es cierto que podemos comprar caricias pero no el amor (solo para dejar el punto claro). Poco importa en realidad cómo se vean las cosas cuando en nuestro corazón reconocemos la diferencia y para ello no necesitamos grandes esfuerzos.

¿Cómo puede alguien que se pasa la vida ingiriendo líquidos ser diagnosticado con deshidratación?

En nuestro afán por engañarnos, entendemos que suplimos todas las necesidades, solo porque no está el deseo latente; así nos hacemos creer que estamos funcionando en excelente orden; en este caso, si no tenemos sed todo está bien. Es falso.

Claramente no hay impedimento alguno para consumir gaseosas o cualquier bebida que podemos comprar o conseguier al menor deseo o por simple capricho, sin embargo, en un momento determinado el cuerpo requiere agua; no jugo de limón o agua con sabor y colorante… solo agua.

Como isleña entiendo que todos en mi terruño conocen el sabor del agua en todas sus variantes, las suaves y las duras, las dulces y las saladas, las saborizadas y las insípidas… si hay algo de lo que sabemos es de agua. Cada una de ellas puede quitarnos la sed pero no con igual efectividad –según una humilde servidora- al margen de la necesidad de nuestro organismo.

No es cuestión de demostrarles cuan diestros somos los isleños en temas de agua o satisfacción de necesidades, de lo que se trata todo esto es de expresar que no todas son iguales, que no sirven a los mismos fines, que podemos tomar una queriendo otra y engañar al estomago pero no a la conciencia.

Hasta la próxima.

viernes, 11 de febrero de 2011

Eva y su paraíso

Alma mía sola, siempre sola,
sin que nadie comprenda tu sufrimiento,
tu horrible padecer;
fingiendo una existencia siempre llena
de dicha y de placer,
de dicha y de placer...

Si yo encontrara un alma como la mía,
cuantas cosas secretas le contaría,
un alma que al mirarme sin decir nada
me lo dijese todo con su mirada.

Un alma que embriagase con suave aliento,
que al besarme sintiera lo que yo siento,
y a veces me pregunto qué pasaría
si yo encontrara un alma como la mía.

“Alma mía”. María Greever

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Los días parecían de eterna primavera con flores, sueños y pájaros que revoloteaban por doquier. Eva por fin tenía la tranquilidad que siempre quiso y un poco más.

Tumbada en su cama meditaba cada mañana al menos cinco minutos antes que el despertador le diera la orden de levantarse. Todos los días, sin dilación, abría las puertas de su closet y no dudaba al ponerse una indumentaria, sentía que todo le quedaba, que su rostro estaba resplandeciente y que todos parecían notarlo… los días eran mágicos.

Eva había aprendido a vencer la inercia que sentía desde que tenía memoria. Se estaba volviendo ágil en su andar. Sentía libertad para caminar, entrar y salir sin la opresión que la acompañaba junto al temor de perder su espacio.

Ella, tan acostumbrada a programar minuciosamente los puntos de su agenda, usaba solo su memoria e imaginación para coordinar su día y así consiguió ir más allá de lo que jamás pensó.

Extrañamente descubrió que la soledad le sentaba bien, que las cosas por ser diferentes no son desagradables. Tomarse tiempo, marcar terreno, mantenerlo a salvo, imponer límites, todo era parte de aquella nueva Eva que ella misma iba conociendo y que cada vez le gustaba más.

Esa mañana recibió una invitación, Adán quería que ella se quedara en el paraíso con él... se sintió desvanecer. Ese no el príncipe de sus quimeras. No tenía el porte, ni la historia romántica tras de sí, no era un retrato de Adonis, tampoco hablaba palabras románticas con acento francés… pero era Adán y le pedía comer del fruto, quedarse en su extraño paraíso justo cuando Eva necesitaba abrigo y alimento.

Esa noche empuñó sus llaves nueva vez, calzó sus pies con los tacones rojos olvidados en el closet y salió a deshacer el mundo que había creado, sintió tanto miedo de romper su imagen ideal que prefirió ir y demostrarse que esa clase de felicidad no era para ella.

De su reciente Adán no supo más, él se negaba a verla desaparecer y presenciar su horrible hábito de sufrir.

Eva se quedó con la impresión de haber dejado ir las palabras que siempre quiso pronunciar, parecían siempre escurrirse por su culpa, ya nunca escucharía una voz dulce, como bajada del cielo que pronuncie para ella "…Y fueron felices por siempre…".

domingo, 6 de febrero de 2011

Esta bien estar mal

Yo quiero ser una chica Almodovar
como la Maura, como Victoria Abril
un poco lista, un poquitín boba,
ir con Madonna en una limossine.

Yo quiero ser una chica Almodovar como Bibí
como Miguel Bosé
pasar de todo y no pasar de moda,
bailar contigo el último cuplé.

Y no parar de viajar del invierno al verano
de Madrid a New York,
del abrazo al olvido, dejarte entre tinieblas
escuchando un ruido de tacones lejanos.

Encontrar la salida de este gris laberinto,
sin pasión ni pecado, ni locura ni incesto,
tener en cada puerto un amante distinto
no gritar ...que he echo yo, para merecer esto!

Yo quiero ser una chica Almodovar como Pepi,
como Luci como Bom
venderle al Garbo mis secretos de alcoba,
ponerme luto por un matador.

Yo quiero ser una chica Almodovar
que a su chico le suplique °Atame!
no dar el alma más que a quien la roba,
desayunar en Tifanis con él.

Y no permitir que me coman el coco
esas chungas movidas de Croatas y Serbios
ir por la vida al borde de un ataque de nervios, con faldas y a lo loco.

Como patidifusa escribir mis memorias,
apuntarme a cualquier tipo de bombardeo
no tener otra fe que la piel, ni más ley que la ley del deseo.

“Yo quiero ser una chica Almodovar”. Joaquín Sabina.

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Hemos llegado a otro nivel (uno más alto espero) y así lo siento, uno en donde no hay que fingir ni pretender ser quien no somos. Pensaba en la expresión que escuché hace tiempo sobre que nadie puede simplemente estancarse porque si nos quedamos en un lugar lo que hacemos es atrasarnos; así que, de la forma en que lo veo ahora, las opciones son tan simples que asustan: podemos caminar y avanzar o simplemente atrasarnos, así de simple.

En los últimos meses he puesto tanto empeño en los pequeños detalles, a los mensajes, a las conversaciones con los demás y a sus impresiones manifiestas, que me he sentido abrumada. He querido quedarme con la idea de que cada momento es mágico porque crecí creyendo en hadas y me presioné al límite para continuar con la idea de que la magia es real, que el hecho de crecer no significa renunciar a los deseos al ver estrellas fugaces u olvidar tu príncipe y su hermoso corcel.

Hace más de un año que he usado este espacio para seguir soñando y no debo negar que esos sueños me han mantenido con vida, sin embargo todos tenemos derecho a ser humanos y desmoronarnos de cuando en cuando. Admitirlo no nos hace menos humanos.

Una semana de quedarme bajo sabanas verdes en mi habitación me hacen sentir como si hubiera pasado una eternidad. Cada noche apoyo la cabeza en la almohada y me prometo que el día siguiente iniciaré hábitos más saludables, que reiniciaré la lectura de alguno de los libros dejados a la mitad, que volveré a estudiar, a dibujar, a buscar amigos, a salir sola pero antes de que pueda notarlo llega la noche y solo queda la promesa que compartimos mi verde especio, mi oso Teddy y yo.

Hay tantos zapatos en el armario que necesitan ser usados, vestidos no me he estrenado, accesorios que se pierden la oportunidad de ser admirados...

Esta vez el paréntesis está porque así lo he decido y no quiero cerrarlo aun. Puede que sea algo derrotista si te detienes en la idea de que estoy aquí con mi laptop en las piernas sin saber cómo acabar este escrito sin dar la idea de que pienso suicidarme, queriendo cambiar un closet que a todos hace feliz menos a mí, ganando libras y perdiendo interés en todas los temas que conozco, con un millón de cosas por hacer, sin deseos de comenzar y con todo esto -debo ser honesta- no me siento mal por estar mal.

Es extraño que hable tan directamente. Esta vez mi único deseo es compartir con ustedes la extraña certeza que tengo en este momento: el mundo no se acaba porque nos quedemos bajo las sabanas sin deseos de levantarnos a comprar zapatos o tener una estrella en la dentadura al sonreír.

Somos seres humanos, una de las misiones es aprender que hay algo hermoso y útil en todo, hasta en momentos como estos, aunque pueda parecer imposible de creer…

Hasta la próxima.

jueves, 27 de enero de 2011

Otro punto final

Decir espera es un crimen,
decir mañana es igual que matar.
Ayer de nada nos sirve,
las cicatrices no ayudan a andar.
Sólo morir permanece
como la más inmutable razón,
vivir es un clavo ardiente,
un ejercicio de gozo y dolor.

Que no, que no,
que el pensamiento
no puede tomar asiento,
que el pensamiento es estar
siempre de paso, de paso, de paso.

Quien pone reglas al juego
se engaña si dice que es jugador,
lo que le mueve es el miedo
de que se sepa que nunca jugó.
La ciencia es una estrategia,
es una forma de atar la verdad
que es algo más que materia
pues el misterio se oculta detrás.

Que no, que no...

Hay demasiados profetas,
profesionales de la libertad
que hacen del aire bandera,
pretexto inútil para respirar
en una noche infinita
que va meciendo este gran ataúd
donde olvidamos que el día
sólo es un punto, un punto de luz.

“Que no, que no...” . Luís Eduardo Aute.

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Hay días de esos en los que sientes que tu agenda está retrasada en varios años, ese el momento de levantar la portada y anunciar la próxima edición…

Días tenemos muchos y los hay de esos que sabemos de la infinidad de cosas por hacer y solo queremos preservar la tibieza en nuestras sabanas y la comodidad de la almohada en un espacio donde el sol no nos alcance. * No te sientas mal por admitir que eres humano y tienes los tuyos…

Lo odioso de esos días es saber que tendrás que poner el punto final a la oración.

Cuando estábamos en la educación básica nos decían que toda oración tiene un sujeto, un predicado y acaba con un punto. En la medida en la crecimos las cosas fueron cambiando -y complicándose-, nos hablaron entonces de la literatura y las novelas (muchas mujeres nos quedamos en lo último). Las novelas son una visión más amplia de oración, al menos eso creo, tiene varios sujetos que buscan su verbo para poner en marcha la acción y que, por lo general, incluye a otros sujetos con el mismo objeto.

El punto es que siempre terminan en un punto. No logro imaginar a esas mentes brillantes como Wilde, Cervantes, Poe, García Márquez, Cela... poniendo el punto final a sus obras; unas y otras finalizadas así no más, un día claro o lluvioso, un día o noche, sin que el personaje advirtiera desde el principio su feliz, triste o trágico final.

En esos días en los que no estamos con la disposición necesaria de colocar ese punto final deseamos que alguien con tan buen tino para terminar historias finalice las nuestras, de todas formas ellos sabrían como hacernos abandonar la lejanía del sol y acabar –de una forma o de otra- felices casi por siempre.

El punto final es más difícil que puntos suspensivos o punto y seguido… es bueno saber que siempre continuará la posibilidad de seguir la historia en esa parte donde conocemos a casi todos los personajes y les tomamos aprecio.

Pero los puntos finales… ay los puntos finales. Ellos nos aseguran que habrá otros personajes, será otro ambiente, diferente contexto. Para los escritores de sagas es menos difícil, siempre dejan la posibilidad de la continuidad aunque sea la última parte, debe quedar la ínfima posibilidad de que la historia pueda seguir. En ciertas novelas no ocurre igual, sobre todo si en el trayecto decidimos matar a uno de los sujetos que buscaban su objeto.

Siempre es final el punto final, la elegancia de salir de la tibieza de las sabanas y la comodidad de nuestra esquina y saber ¿Por qué? ¿Cuándo? ¿Dónde? ¿Cómo? Y a qué o quién se lo ponemos no siempre nos resulta con estilo como ocurre con los grandes escritores. Que no cunda el pánico, paciencia, la nuestra es una saga, así que siempre tendremos la oportunidad de mejorar en el próximo episodio.

En tanto, seguimos poniendo punto final a las situaciones y personajes que ya no son funcionales para nuestra historia, como yo ahora con este escrito.

viernes, 21 de enero de 2011

Único e irrepetible

Humo,
como la gasa que impide el descaro
de un cuerpo desnudo,
como el embrujo que atonta el sentido,
como la niebla que oculta el sembrado,
como el verano que elude el vacío.

Humo,
la sensación de que dicen el todo
y es sólo un mendrugo,
como un escudo que frena el empuje,
como una brizna que ciega los ojos,
como el decoro insondable del hule.

Humo,
como el laúd que adormece las almas
y es sólo el preludio,
como el apuro que impide el encuentro,
como el abrazo que oculta la espada,
como palabras negando el silencio.

Detrás ,
detrás del humo,
si lo logras,
verás
todo lo que importa.

“Humo”. Pedro Guerra

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Hace unos días que trato de terminar algo para compartir con ustedes sobre ¿Qué es más importante: la envoltura o el contenido?  pero no alcanzo plasmar todo lo que llevo dentro, no sé por qué. Estos días he tratado de alejarme de mi música porque nadie logra entenderla o siquiera la conocen, ahora siento que eso ha sido tanto como renunciar a ser yo, a lo que pienso y a lo que me ha gustado desde que tengo memoria, esa es una posible razón de mi falta de fluidez (es solo una posibilidad).

A dos semanas de haber iniciado aquel escrito no encuentro la conclusión, el giro, el puente, el ejemplo, el punto final; supongo que es lo que pasa cuando nos alejamos de la musa que nos inspira, cuando renunciamos a nuestra esencia para ser solo un ciudadano común, uno que agrade más o desagrade menos, convertirnos en alguien que se acerque al parámetro de lo que se percibe como ‘normal’.

Nuestras peculiaridades muchas veces nos hacen vernos en perspectiva, darnos cuenta de que aun respiramos y de que hay una razón para ello; para mí es la música, para otros es un libro, un videojuego, un director de cine, una esquina, el silencio o la soledad; es solo un aspecto nuestro que sumado a otros nos hace únicos e irrepetibles.

Pero ser únicos e irrepetibles no es tan fácil como tener hobbies o un refugio.

Sería cómodo que otros nos adivinaran los pensamientos, evitar la molestia de envolvernos en discusiones -estériles en ocasiones- tratando de exponer nuestro punto de vista y digo estéril porque nadie tiene toda la verdad en su poder. No hay nada repartido de modo más equitativo en el mundo que la razón… todo el mundo está convencido de tener suficiente, lo dijo Descartes, no yo.

¿Será solo casualidad que la gente se sienta feliz de encontrar personas que hablen ‘su idioma’?, un doctor está ‘a sus anchas’ conversando con otro en su extraño dialecto; pocas cosas hay tan placenteras como que alguien te entienda si mencionas un tecnicismo relacionado con tu oficio o carrera; qué felicidad tan grande encontrar en las redes sociales personas del pasado que estudiaron o se desenvuelve en la misma área que tú, ¿Conoces a ‘tal’ profesor? ¿Has visto como trabaja ‘fulano’? ¿Qué técnica usa ‘mengano’? ¿…pero la forma en la que lo usa ‘sutano’ no está en desuso?... es bueno sentirse como en casa, en absoluto dominio.

En más de una ocasión nos hemos sentido extraños por no encajar por completo en el modelo que se espera o hemos escuchado de alguien con terribles conflictos por ello, personas que necesitan tener estricto control del entorno. Es cada vez más difícil encontrar buenos escuchas porque estamos más interesados en hablar y exponer… a los otros: que aprendan (pobres ignorantes).

Escuchar música poco conocida, leer libros o artículos que a nadie más parece importar no es lo aceptable, si así procedemos ¿Cómo seriamos compatibles con los eruditos de temas gastados? seremos raros, en vías de extinción.

Hace un tiempo que no aparto la imagen de la que me hablaba un mi profesor Tejada (seguidor de este blog  a quien agradezco sus comentarios). Me invitaba a darme una oportunidad, la de imaginar a una joven que, ante la presencia de un felino casero, afanosamente le espantaba con un enérgico zape, zape gato; de otro lado una dama, con la ternura que da los años, intentaba atraerle con un dulce miso, miso. Es posible que nos aterre la imagen porque pensemos que ya pronto iremos en caída y estemos más cerca de pronunciar un miso con desesperación. No pude evitar pensar en la joven haciendo gracias al animal solo porque 'a todos les gustan los gatos y deben tener uno' (aunque sé que no fue el sentido de mi profe)… que desesperación, si no encajamos estaremos CONDENADOS.

Ser único e irrepetible, estar en vías de extinción, también tiene sus ventajas; todos quieren a esas especies, desean acariciarlas por ser de esas que ya no se ven, de las que raramente encontramos. ¿Por qué resistirse entonces y no dejarse admirar?

¡¡Hazlo… sin modestia y sin aparte!!